Muchos crecieron con el sueño de tener una casa lo más alto de un árbol, y algunos han logrado hacerlo realidad en su edad madura. Esta es la muestra de que no solo los más pequeños disfrutan de la libertad que se siente al estar en estas construcciones. Hay de todos los tamaños, para todos los gustos, y edades.
Por El Espectador
17 de julio de 2014