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«En el amor cada uno debe caminar su propio sendero, sin pisarse los pies», Ángela Becerra

La caleña nos deleita con su historia de amor; una que comenzó con "tintes profesionales" y que terminó por marcar su vida.

Por Redacción Cromos

15 de septiembre de 2016

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Por: Ángela Becerra

Escritora

Esposo: Joaquín Lorente.

 

“Lo recuerdo como si fuera ayer. Era el año 1988 y corrían los primeros días del mes de mayo. Acababa de trasladarme de Cali a Bogotá porque hacía escasos meses me había separado de mi marido y quería poner tierra de por medio, convencida de que, haciéndolo, mi triste y fallida experiencia en el amor quedaba encerrada en aquella casa en la que todavía flotaban mis sueños frustrados, mis llantos y mis desilusiones. Mientras hacía mis maletas y las de mi hija, juré no volverme a enamorar jamás. 
Tenía 29 años y un trabajo que me fascinaba. Era directora creativa de una importante agencia de publicidad,  dejaba atrás un tortuoso matrimonio de más de una década  y, lo más importante: ¡al fin era libre!


Por esas fechas, en el auditorio de conferencias de Skandia, se realizaba un seminario sobre Creatividad Publicitaria al que asistirían grandes creativos del mundo, entre ellos un renombrado español que había revolucionado el mundo de la comunicación en su país. Me inscribí, con la expectativa de que aquella experiencia me serviría para ampliar mis conocimientos y aplicar fórmulas ingeniosas en mis próximas campañas.


Me senté en la primera fila de un salón repleto de clientes y publicistas, con mi libreta y mi bolígrafo en mano, como si fuera una aplicada alumna atenta a tomar apuntes. Y, mientras me entretenía reconociendo a los creativos que tenía frente a mí y que serían quienes dictarían las charlas, en la tarima de los conferencistas de repente descubrí a un misterioso hombre que, envuelto en el humo que desprendía su cigarrillo, me atravesaba con sus ojos fijos y desnudaba descaradamente mis pensamientos. Me quedé mirándole como si me hubiese hipnotizado. 


Era él, el que hoy, después de 29 años, continúa siendo mi compañero de vida, el padre de mi segunda hija… y también de la primera. Mi marido.


Fuimos novios tan solo cinco minutos. El tiempo en que, entre ponencia y ponencia y sorbos de café, me ofreció realizar un training de un mes como creativa en su agencia de publicidad.


Así, sin pensarlo demasiado y convencida de que en Barcelona afinaría mi carrera publicitaria, terminé viajando a España con mi hija. 

 

«Después de 29 años, continúa siendo mi compañero de vida, el padre de mi segunda hija… y también de la primera. Mi marido.»


Nunca pensé que aquella historia que empezaba con tintes profesionales, a solo una semana de aterrizar en Europa, se convertiría en una gran historia de amor. Me cogió de sorpresa, como sucede a veces con las cosas más bellas que te pasan en la vida.

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Durante 13 años fuimos, además de grandes compañeros de vida, cómplices de la vorágine publicitaria. Creamos juntos grandes campañas y nuestra vida profesional actuaba como una montaña rusa que nos elevaba a lo más alto y también nos producía el vértigo de la caída. Y un día, el que fuera mi sueño, la literatura, se metió entre los dos como si fuese un amante y renuncié a mi profesión publicitaria para acoger los hábitos de la palabra pura. Aquella que desde hace años me lleva a vivir otras vidas y me regala tanta felicidad. La misma que cada vez que creo a un personaje, me sumerge en el infinito y apasionante universo de las complejidades humanas.
Y Joaquín sigue aquí, a mi lado y conmigo. 


Juntos, hemos descubierto la otra cara del amor. Juntos, hemos atravesado túneles oscuros con luces que al final se abren. Juntos, hemos aprendido que el amor está muy lejos de ser la perfección. Que es un compromiso de lealtad, comprensión, respeto, perdón, mucha compasión y más paciencia. Que para que se mantenga vivo cada uno debe caminar su propio sendero, sin pisarse los pies, con los brazos sueltos pero con la íntima certeza de que si estiras tu mano al lado encontrarás la de ese ser que, si tropiezas, siempre te sostendrá.» 

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Foto: Arduino Vannucchi – Archivo Particular. 

 

 

 

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