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«Estoy dispuesta a perdonar lo imperdonable», Margarita Rosa de Francisco

Hablamos con la caleña, quien acaba de lanzar su primer libro. ¡Descubre lo que nos contó en nuestra tómbola!

Por Redacción Cromos

23 de noviembre de 2016

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La caleña, que vive con su pareja en miami, reconoce que lo más atrevido que ha hecho es escribir su libro El Hombre del Teléfono, que ya está a la venta. Su debut literario lo escribió en cuatro años, por las tardes con el atardecer del mar de La Florida de fondo. 

 

 

¿A qué le tenía miedo cuando niña?  A quedarme encerrada, al agua, al mar abierto, a la profundidad, a la directora de mi colegio.  
Describa una postal de la niñez en su natal Cali. La brisa de las cinco de la tarde un viernes después del colegio, alegrándolo todo, prometiendo el baile y la fiesta, repartiendo por la Avenida Sexta sus aromas a frutas y a flores.   
Una frase que haya subrayado en una novela, con lápiz. “…quizá porque la otra vida, aquella en que dormimos, no está —en su parte profunda— sometida a la categoría del tiempo”. En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.     Un libro que le hubiera gustado escribir.  Cien años de soledad.  
Una mujer que la haya marcado.  Florentina Londoño, mi primera psicoanalista.  
En los cuatro años que duró escribiendo la novela, qué pasaba en su vida.  Mientras escribía este relato, que no catalogaría como novela, mi vida era tranquila, lejos de todo aquel tumulto de contradicciones y dolores.  
Antes de publicar El hombre del teléfono, ¿a quién se lo dio a leer y qué le dijo?  A mis padres, a mi hermana Adriana, a mi representante María Clara López, a Mauricio Gómez, a Adriana Arango y a Juan Esteban Constaín. Todos coincidieron en que se lo leyeron de una sola sentada.  
¿Cuándo lloró por última vez?   Cuando vi un video de unos tipos pegándole un tiro a un perro que quedó vivo.  
¿Se parece a sus enemigos? Aunque no los conozco, estoy segura de que soy más temible que ellos a la hora de señalar lo que me desagrada de mí misma.  
Una canción para bailar a cualquier hora. Anuncio clasificado, de Willy Rosario.  
Un plan para hacer con su hermano Martín.  Ver videos de música en Youtube y hablar sobre lo que sea.  
¿A quién le debe?  A este país absolutamente todo. Todo me lo ha concedido, todo me lo ha dado. Me siento muy agradecida con mi país y le debo esta vida y las demás.  
Lo mejor de ser una figura pública.   Que me saludan como si fuera una amiga.  
Y lo peor.  Que uno está a punto de que lo detesten y lo bajen de donde lo tengan montado, si no da lo que los demás esperan.   
Su amor platónico. Ya no tengo, gracias a Dios.  
Un personaje de ficción que la haya enamorado.  Sebastián Vallejo.  
¿Qué la eriza?  Todas las expresiones artísticas inconcebibles, sublimes.  
¿Uribe o Santos?  Como personas no los conozco, pero ambos deben tener su lado humano, familiar y entrañable. Como símbolos de la polarización política de este país no me parecen saludables.  
¿Qué la aburre?  La música que se pone de moda.  
¿A quién no soporta?  Por lo general me pongo del lado del insoportable y la energía se suaviza.   
¿Qué momento de su vida borraría?   Ninguno, porque de pronto me quedo sin tema para escribir.  
¿La peor crítica que le han hecho?  Que voté Sí por razones políticas.  
Un remedio para la tusa.  El tiempo. No hay más.  
¿Qué la emputa?  Que los funcionarios públicos ganen tanto dinero, que se roben todo y dejen las obras tiradas y a la comunidad desamparada.  
¿En qué es aprendiz?  Me considero una alumna permanente, es mi estatus favorito.  
¿Qué cambiaría de usted?  A veces me falta temple para poner límites.  
¿Qué no perdonaría?  Estoy dispuesta a perdonar lo imperdonable.  
Una deuda.  Siento que tengo mis cuentas saldadas.  
¿Cuántos años le gustaría vivir?  Los que sean, pero con salud.  
Un libro para leer una y otra vez.  El Quijote.  
Una golosina de la niñez.  Unas melcochitas que se llamaban “arrancamuelas”.  
¿Qué frase pondría en su lápida?  “Nunca fui real, ni vos tampoco”.  
Un mensaje para los jóvenes.  Que, como ellos, yo también pensé que nunca iba a envejecer.
  ¿A quién clonaría? A nadie, lo bueno y breve, en este caso uno, dos veces bueno.       Foto: Will Van Der Vlugt.

Por Redacción Cromos

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