Este año me deja las mejores enseñanzas de vida: paciencia y tenacidad. Con el paso de los días me he dado cuenta de que soy una mujer capaz de cumplir lo que me propongo y, hoy, esa es mi mayor satisfacción. Fui capaz de vencer la corrupción y sacar adelante dos sentencias en la Corte Suprema de Justicia, luego de que se diera a conocer a la opinión pública los años en los que fui víctima de violencia física, psicológica y económica por parte de mi ex esposo, el empresario Alfonso Escobar Barrera.
El 2016 me demostró que nunca hay que dejar de creer. Después de casi una década de gritar sin encontrar respuesta, finalmente el sistema judicial oyó mi voz. Ahora tendré que seguir nadando contra la corriente para que se cumpla la ley, para que ese hombre que me hizo tanto daño realmente afronte las consecuencias de sus actos y para que yo pueda volver a vivir en paz.
Han sido meses muy duros, pero sé que estoy haciendo lo correcto, no solo por mí sino por mi hija Alexandra, a quien he buscado proteger del escarnio público a como dé lugar. Esto se ha convertido en un desafío diario que no sería capaz de sobrellevar si no fuera por la protección de quien es mi maestro y mi guía espiritual, el arcángel San Miguel.
Quiero olvidar los sufrimientos, dejar atrás mi pasado y recordar las cosas bellas que he conocido a lo largo de mi vida, como el olor del jazmín y el azul del cielo de diciembre. Esos recuerdos me llenan de motivos para creer en Colombia, que hoy se encuentra convulsionada, pero hay esperanza.
Saber que hoy soy un referente para muchas mujeres colombianas que enfrentan luchas similares a la mía me impulsa y me lleva a pensar que quizá esa es ahora mi misión: ayudar a quienes necesitan valor para decir la verdad y para no rendirse en procesos judiciales lentos y desesperanzadores. Quisiera trabajar para que se respeten los derechos fundamentales de las mujeres. ¡Hoy soy mucho más fuerte que ayer!”.
Foto: David Schwarz.