Por: Camila Builes – @camilalabuiles
En 2015, se vendieron 39 millones de libros en Colombia, que representaron ventas por $602.000 millones. La Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo) aportó a esta cifra 22.000 millones de pesos, 3,6 %. A pesar de que parezca un porcentaje irrisorio, buena parte de las editoriales duplican sus ventas durante esos catorce días, en los que la Filbo recibe medio millón de asistentes. Tanto las librerías como las editoriales suman a las ventas de sus canales tradicionales las que se realizan en la feria; es decir, el evento es un plus que representa la mejor época del año para el mercado del libro.
Más ventas no son más ganancias
Según Álvaro Velarca, gerente de la filial en Colombia del Fondo de Cultura Económica, “la feria es uno de los eventos culturales más importantes de la región y por eso es uno de los más costosos”. Este sello editorial invierte cerca de 250 millones para poder estar presente. Gran parte de ese presupuesto está destinado al alquiler y montaje de estands. El resto se divide en logística de eventos (firma de autógrafos, presentación de libros, charlas) y en el personal que trabaja durante esos días.
En este contexto, solo una editorial multinacional puede sacar provecho económico del evento. Penguin Random House es una de ellas. La casa, que recoge 16 sellos editoriales, tendrá 2.800 títulos y más de 120.000 ejemplares durante esta edición, cifra que supera por mucho los 27.000 ejemplares que tendrá el pabellón de Francia, país invitado de honor. La editorial lanza 50 novedades, 20 más que las de cualquier otro mes del año, y se apoya en casi 140 personas para el trabajo en Corferias.
Las ventas en feria representan para esta casa el 15% del total del año. “Es un impacto muy positivo, porque a pesar de ser un evento costoso, para nosotros es muy rentable. Además, es una inversión en el posicionamiento de nuestros sellos y de nuestros autores: es la tarima perfecta para ellos”, asegura Elena Gómez, directora de Penguin Random House en Colombia. Según ella, los catorce días de feria superan en ventas incluso a diciembre, el mes en el que más libros se facturan en Colombia.
Algo importante que ofrece la Filbo a las editoriales es el contacto directo con los lectores, sobre todo cuando estas no tienen librería propia. En el caso de los sellos que sí cuentan con una, las ganancias no son inmediatas. Por ejemplo, el Fondo de Cultura Económica vendió el año pasado cerca de 15.000 ejemplares, unos 450 millones. Aunque no es una cifra pequeña, no alcanza a generar beneficios que superen en gran medida la inversión. “Los ingresos y los gastos son muy parecidos”, sostiene Álvaro Velarca. Según datos de La República, el Fondo vendió 270.000 ejemplares en Colombia en 2016, alrededor de 2,4 millones de dólares. De esta cifra la feria representó tan solo el 5%.
Otras ventajas
Para el Fondo, las ganancias de la feria no tienen que ver con venta de ejemplares, sino con la creación de canales de distribución en otras ciudades de Colombia y en otros países, gracias al Salón Internacional de Negocios. “En la feria nosotros logramos contactar a Ecuador e iniciamos la distribución en varias librerías de ese país. Esa ha sido uno de las alianzas más importantes que hemos hecho. Las librerías comenzaron a hacer pedidos periódicamente porque nosotros, además de ofrecerles material de nuestro sello editorial, les brindamos libros de otras editoriales”, cuenta Álvaro Quinche, coordinador de distribución del Fondo. Esta alianza significó para el sello tener presencia en ocho librerías de Ecuador y cerrar un trato con la cadena de libros con mayor cobertura en ese país: Mr. Books, que cuenta con 15 sedes.
El Fondo también se alió con algunas bibliotecas del país. “Algunos bibliotecólogos asisten al evento invitados por la Cámara Colombiana del Libro y por Fundalectura. Ellos recorren Corferias un día en especial y seleccionan algunas novedades para todas sus bibliotecas. Así nos encontramos con ellos. Son muy buenos clientes; en el caso de la Luis Ángel Arango, que tiene nueve aliadas en el país, los pedidos son muy grandes”, apunta Quinche.
El caso de las editoriales emergentes es similar. Buscan establecer buenas relaciones con canales de distribución a nivel nacional. El año pasado, Tragaluz, editorial con sede en Medellín, vendió 1.598 libros en la feria. Para esta edición, su meta es incrementar esa cifra en 20%.
Según Daniela Gómez, asistente editorial del sello, ellos aprovechan ese espacio para afianzar la relación con las librerías de Bogotá, sobre todo, pero también con las que tienen sede a nivel nacional. “Hacemos un recorrido por las librerías en las que tenemos ejemplares y miramos cómo va el proceso de facturación, de reposición de material, preguntamos cuáles son las necesidades de cada sitio y hablamos directamente con los libreros”.
Para Tragaluz, a diferencia del Penguin Random House y el Fondo de Cultura Económica, diciembre es su mejor época de ventas porque no necesitan toda la producción que requiere la Filbo. Los principales objetivos de esta editorial son las ferias de Bolonia, Bogotá, Medellín y Guadalajara.
En resumen, ninguna editorial –multinacional, con librería propia o independiente– depende de la Feria del Libro para sobrevivir. Aunque Colombia es uno de los países con menor índice de lectura en la región (1,9 y 2,2 libros por año) –en comparación con Chile, (5,3) y Argentina (4,6)–, el sector editorial genera en el país más de 5.000 empleos al año y factura ventas nacionales e internacionales por 658.000 millones. La feria es, sin ninguna duda, el principal dinamizador de este mercado.
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