Según el proverbio cervantino, nunca segundas partes fueron buenas. Ese pensamiento puede aplicarse a muchas cosas, entre ellas la reelección presidencial en Colombia. De los siete presidentes colombianos que fueron reelegidos, antes del actual, solo uno tuvo un segundo período sin mayores contrariedades.
La reelección de Simón Bolívar fue un caso sui generis. La convención Constituyente de Cúcuta lo había elegido Presidente en 1821, para el primer período constitucional de la República de Colombia, pero no quedó establecida la duración del período. Se dio por entendido que, dadas las circunstancias de estar inconclusa la campaña de Independencia, el primer ciclo presidencial se mantendría por los diez años previstos para reformar la Constitución. Como el Presidente Libertador debería ocuparse en persona de las operaciones militares en la última fase de la campaña Libertadora, se encargó del Poder Ejecutivo el vicepresidente, Francisco de Paula Santander.
Simón Bolívar.
Una vez que le aceptaron la renuncia en 1830, salió de Bogotá y murió pocos días después de su llegada a Santa Marta, el 17 de diciembre.
Concluida victoriosamente en Ayacucho la guerra de liberación, y sellada la Independencia de Colombia, Perú y Bolivia, se formó en Bogotá, con resonancia en Lima, un partido antibolivariano, dirigido en la capital colombiana por los amigos del vicepresidente Santander, con las simpatías de la Legación de Estados Unidos. La prensa santanderista atacó fieramente al presidente titular y se insinuó que el propósito de Bolívar era el de perpetuarse en el mando e inclusive coronarse monarca de las cinco repúblicas que había libertado, o cuando menos declararse presidente vitalicio. A su regreso a Bogotá, Bolívar presentó renuncia inmediata de su cargo de Presidente, el 6 de febrero de 1827. Lo mismo hizo el vicepresidente Santander. Se reunió el Congreso para considerar las renuncias de Bolívar y de Santander, que fueron aceptadas. Se procedió a la elección de nuevos Presidente y Vicepresidente, y resultaron reelegidos Simón Bolívar para presidente y Francisco de Paula Santander para vicepresidente, en lo que se consideró el segundo período constitucional de Colombia, que empezó el 10 de septiembre de 1827.
La reelección no le trajo al Libertador sino sinsabores. Tuvo que hacer frente a: los intentos de separación de Venezuela y Ecuador, promovidos en Caracas por José Antonio Páez, en Quito por Juan José Flores, y estimulados desde Bogotá por el vicepresidente Santander; a la guerra contra el Perú; a la alocada convención de Ocaña que los santanderistas convirtieron en un circo de conspiradores; y de milagro pudo Bolívar escapar con vida a los puñales que quisieron eliminarlo el 25 de septiembre de 1828. El Libertador Presidente se mantuvo en el cargo hasta convocar el Congreso Constituyente de 1830, ante el cual presentó renuncia. Una vez que se la aceptaron, salió de Bogotá y murió pocos días después de su llegada a Santa Marta, desilusionado y agotado, el 17 de diciembre de 1830.
Tomás Cipriano de Mosquera.
El 23 de mayo de 1867 sus opositores, con el apoyo del ejército, le dieron un golpe de Estado y lo condenaron al destierro.
Tomás Cipriano de Mosquera fue el segundo presidente reelegido, ya no en una, sino en dos ocasiones. Su primer período corrió de 1844 a 1849. Volvió a la presidencia tras ganar la guerra civil de 1860-1862 y ejerció como presidente provisional de la república también provisional de los Estados Unidos de Nueva Granada. Convocada la Convención Constituyente de Rionegro, Antioquia, en 1863, se configuró la República de los Estados Unidos de Colombia, con miniperíodos presidenciales de dos años. Mosquera fue el primer presidente, elegido por el Congreso, en el bienio contabilizado de 1862 a 1864. En su segunda presidencia Mosquera enfrentó la oposición de la Iglesia y de los conservadores, impuso la desamortización de bienes de manos muertas, y ganó la guerra relámpago contra Ecuador, originada por las constantes provocaciones del dictador Gabriel García Moreno. Mosquera, con el apoyo de los artesanos, fue reelegido para el bienio 1866-1868. Le hicieron oposición conservadores, radicales y la Iglesia. El 23 de mayo de 1867 sus opositores, con el apoyo del ejército, le dieron un golpe de Estado al presidente constitucional y lo depusieron del cargo. Mosquera fue sometido a juicio «por sus actitudes dictatoriales violatorias de la Constitución» y condenado a cinco años de destierro. Durante su detención en el Observatorio Astronómico, hubo planes para asesinarlo.
Manuel Murillo Toro sucedió a Tomás Cipriano de Mosquera en 1864 a 1866. Murillo buscó y obtuvo un segundo período en 1872 y gobernó hasta 1874, sin aparentes apremios. No obstante, entregó la República en un estado febril de agitación política, tendiente al belicismo, que no presagiaba nada bueno para sus sucesores.
Rafael Núnez
Tras la carta del 86, reelegido para el segundo sexenio, de 1892-1898, no pudo ser presidente titular. Lo reemplazó Miguel Antonio Caro. Núñez moriría en 1894.
Rafael Núñez, liberal independiente, subió en 1880 contra la oposición de los radicales y de una parte del conservatismo, tras anunciar que aplicaría en su gobierno la Regeneración Administrativa Fundamental, anunciada cuando, como presidente del Congreso, le dio posesión a Julián Trujillo, en 1878. Núñez Fue reelegido para un segundo mandato en 1884. Su nueva administración se vio perturbada por el levantamiento radical de 1884-1885, que Núñez aprovechó para aplastar a los radicales, declarar abolida la Constitución de 1863 y convocar un Congreso Nacional de Delegatarios de los antiguos Estados Soberanos, dos por cada Estado, que debatieron y aprobaron la nueva Constitución. Conocida como Carta del 86, amplió el período presidencial de dos a seis años y reelección indefinida. El Congreso de Delegatarios eligió a Rafael Núñez presidente para el primer sexenio (1886-1892). El mandatario de La Regeneración no pudo ejercer sus funciones sino por breves lapsos, que no duraron en total más de seis meses, de los doce años que le correspondieron, debido a su mal estado de salud y a los más de cuatro atentados contra su vida perpetrados en Bogotá. En 1892, el doctor Núñez fue reelegido por las asambleas electorales de los Departamentos, de acuerdo con la disposición constitucional, para un segundo sexenio (1892-1898), con Miguel Antonio Caro de Vicepresidente. Por la ausencia del titular, Caro asumió desde el primer día el Poder Ejecutivo. Núñez falleció, siendo presidente titular, en 1894, cuando se preparaba a regresar a Bogotá para reasumir el mando.
Alfonso López Pumarejo
Amarrado, y conminado a renunciar a la presidencia en el famoso golpe de Pasto, de 1944, López se negó, con la célebre respuesta a su carcelero: «Usted a mí no me proponga vagabunderías». En todo caso, terminaría renunciando al año siguiente.
Alfonso López Pumarejo llegó a la presidencia por primera vez en 1934, ahora en un período de cuatro años, instituido por la reforma constitucional de 1910, como fórmula intermedia entre el bienio de la carta del 63 y el sexenio de la del 86, y sin reelección inmediata. López fue reelegido en 1942, frente a una dura oposición de liberales, conservadores, la Iglesia, los terratenientes y otras fuerzas reaccionarias. Se preparó contra él un golpe de Estado, que tuvo lugar el 10 de julio de 1944, con ocasión de una visita del presidente a Pasto. Amarrado, y conminado a renunciar a la presidencia, López se negó, con la célebre respuesta a su carcelero: «Usted a mí no me proponga vagabunderías». El país se puso en pie para respaldar al presidente y el golpe fue debelado. Al año siguiente, uno antes de concluir su segundo mandato, Alfonso López resignó el cargo ante el Congreso.
Álvaro Uribe
Para ser reelegido en 2006, uno de sus asesores se inventó la fórmula poco ortodoxa de que la prohibición constitucional podía obviarse con la reforma de «un articulito».
La Constitución de 1991 prohibió la reelección presidencial. El 7 de agosto de 2002, Álvaro Uribe Vélez tomó posesión de la presidencia, elegido por una fuerte mayoría en la primera vuelta. Para reelegirlo, uno de sus asesores se inventó la fórmula poco ortodoxa de que la prohibición constitucional podía obviarse con la reforma de «un articulito», reforma que se hizo por el Congreso mediante prácticas que dejaron muchas dudas en la opinión. Sin embargo, suprimida la prohibición constitucional, Álvaro Uribe se presentó para un segundo período en 2006. Ganó de nuevo por un cómodo margen, y en primera vuelta, sobre su adversario inmediato. El segundo período de Uribe Vélez fue muy desventurado, lleno de desaciertos y salpicado de numerosos escándalos que llevaron a la cárcel a muchos de sus colaboradores, y que a tres de los principales los tienen hoy de reos prófugos en el exterior.
Se concluye que, como regla general, las segundas partes presidenciales no han sido buenas en Colombia. ¿Podría, la de Juan Manuel Santos, constituir la excepción?
El segundo de santos
El pasado 7 de agosto, el Presidente asumió su segundo periodo confiado en que será el de la consecución de la paz.
Foto: AFP / EFE /Presidencia