Recientemente el Hay Festival destacó 39 escritores latinoamericanos menores de 40 años, entre los que está el payanés Juan Esteban Constaín, quien se atrevió a pasar por nuestra tómbola
P: ¿Qué es un escritor joven?
R: Uno que ya no es tan viejo.
P: ¿Quién lo pone a suspirar?
R: Mis hijas.
P: ¿Por qué volvería a ser adolescente?
R: Para querer dejar de ser adolescente.
P: ¿Con quién se daría golpes en un cuadrilátero, para después abrazarse al escuchar el resultado?
R: Con Apollo Creed.
P: Un pensamiento recurrente al mirarse al espejo.
R: ¿Yo ya me afeité hoy?
P: Algo que nunca prestaría.
R: Libros. No presto libros.
P: Jamás sería…
R: Jefe de nadie.
P: ¿Cómo identifica un texto que no le guste?
R: Cuando hay infinitivos sustantivados: ‘el amar’ en vez de ‘el amor’, por ejemplo.
P: La frase más atrevida de su repertorio es…
R: En Bogotá: “¡Taxi! ¡Taxi!”.
P: ¿Qué cambiaría de usted?
R: La batería de mi carro: de hecho, ayer se me fundió.
P: ¿Para qué no tiene talento?
R: Para los juegos de mesa.
P: ¿Qué le recomendó su médico?
R: Que cultive un poco más la hipocondría.
P: ¿En qué es conservador?
R: En todo. En eso consiste ser conservador, si no qué gracia.
P: Un columnista para leer todas las semanas.
R: Tengo dos: a Javier Marías y a Ricardo Silva Romero.
P: ¿A quién le dedicaría un gol?
R: A un hincha del equipo contrario que me estuviera jodiendo todo el partido.
P: Un libro que haya regalado a una chica.
R: Little Dorrit, de Charles Dickens, a mi esposa, porque es idéntica a la protagonista.
P: Un escritor sobrevalorado.
R: No hay: cada quien valora a los escritores que quiere, y eso es sagrado.
P: Una novela para recomendar.
R: Los filósofos oscuros, de Gwyn Thomas.
P: Y un cuento.
R: Enoch Soames, de Max Beerbohm.
P: Un comportamiento machista suyo, que haya erradicado o esté dispuesto a eliminar.
R: Cambiarle el canal de la televisión a mi esposa.
P: ¿En qué es indisciplinado?
R: En lo que me aburre.
P: Una obra de García Márquez.
R: Todo García Márquez es muy grande.
P: Lo más difícil de ser escritor.
R: Fingir interés durante los encuentros literarios. Cada vez finjo menos.
P: ¿En qué ha gastado mucho dinero?
R: En conciertos de rock.
P: Un ritual antes de escribir.
R: Ver videos en YouTube.
P: Su lado más esnob.
R: Leer a Schopenhauer.
P: ¿Qué haría en su primera experiencia como youtuber?
R: Algo sobre la historia de Colombia, creo.
P: ¿Qué lo sonroja?
R: Las cuentas de los restaurantes en Bogotá.
P: Una deuda pendiente.
R: Volver a jugar fútbol.
P: Y una saldada.
R: Haber visto en vivo a Paul McCartney.
P: Una frase de cajón que le agrade.
R: Una caleña: “En la juega, papi, en la juega…”.
P: Una clave para tener cuerda para escribir.
R: Tener entusiasmo y gratitud.
P: Una información falsa sobre usted que haya leído en Internet.
R: José Esteban Constaín, leí un día.
P: Un consejo para los que escriben.
R: Que lean a don Ernesto Volkening.
P: Si pudiera revivir a alguien, ¿a quién reviviría?
R: A Álvaro Gómez Hurtado.
P: Su primer encuentro con el periodismo.
R: Las aventuras de Tintín que salían en El Tiempo, hace muchos años.
P: Su mayor debilidad es….
R: Comer postres.
P: Y su parte menos sexi es….
R: La misma de todo el mundo: bailar merengue.
P: ¿A qué le cambiaría el color?
R: Al chocolate blanco.
P: ¿Cuándo fue la última vez que lloró?
R: Cuando les dije a mis hijas que ya había nacido su hermanita.
P: ¿Qué lanzaría al mar?
R: Un búmeran.
P: Un mensaje para los más jóvenes.
R: Como decía Álvaro Mutis: “Creeré en los jóvenes cuando dejen de serlo”.
Foto: Daniel Álvarez