El ejercicio la cautivó desde hace 15 años. Su cuerpo lo pedía y lo expresaba como herramienta esencial en la agenda de una reina de belleza. El cuerpo, entonces, es la expresión máxima del cuidado, el testimonio de cada movimiento, cada crítica o lisonja, en los que la belleza es el punto de análisis, de partida y de llegada. Carolina Cruz lo sabe y lo práctica desde entonces.
Los 35 años la encontraron comprometida con Lincon Palomeque, dueña de su vida y con su propia empresa y restaurante. Definida en cinco letras: feliz.
Hace dos años dejó su trabajo y se fue a Estados Unidos. Estaba dispuesta a manejar su tiempo, sus fechas, a decidir cuándo y dónde vería a su familia o a su pareja sin depender de los turnos laborales.
La agenda, en todo caso, sigue repleta de citas y compromisos. Pero cada uno lo decidió ella con su equipo. Celebró el millón de seguidores en Instagram haciendo deporte en una webcam con 10 fanáticos. Al día siguiente partió con su novio a una estación de esquí. El reloj de Carolina Cruz lo mueve ella. Decide cuándo se detiene y cuándo se acelera.
“Estoy dedicada a lo que me hace feliz y me gusta: el deporte”. Atrás quedaron las búsquedas de un cuerpo perfecto o de un prototipo de mujer que complaciera a los demás. Lo hace para ella, para sentirse bien, sana, generar conciencia. De nuevo, para saberse dueña de su vida.
El aprendizaje de estos años, el que quiere compartir, es que no se necesita mucho para cambiar el estilo de vida.
Dice que se siente de 15 años. El estado físico de las rutinas que desarrolla ya sea que esté en Miami, París o Cartagena, la hace más ágil, más despierta, más activa. «¡Con ganas de medírmele a todo!», dice.
La pasión deportiva hoy rueda en bicicleta, al lado de su novio. La complicidad empezó con una lesión de rodilla del actor y hoy los tiene logrando rutinas dominicales de 70 kilómetros.
Lo que más le gusta de tener 35 es el balance. Los frutos de lo que ha logrado. La independencia laboral.
Foto: Chamela.