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«Para componer un son, se necesita tecnología», Danilo Gossaín

Danilo es apasionado por la música, pero no como su padre, el periodista y vallenatólogo Juan Gossaín, sino como percusionista y productor. Elaboró su álbum Chillociraptor, a distancia, con dos colegas en Estados Unidos y México.

Por Redacción Cromos

14 de marzo de 2016

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En un concierto de salsa, un hombre se acercó a preguntarle:

—¿Está haciendo playback?

Danilo Gossaín, frotando sus congas, lo miró perplejo, algo confundido. Antes de responder, el hombre se le anticipó. 

—Usted toca tan relajado que no parece que lo estuviera haciendo. 

El concierto siguió. En el grupo salsero se destacaba el conguero que frotaba sus manos sobre su instrumento. Los impactos eran secos y generaban un sonido gordo, sin altos agresivos. Por sus movimientos suaves, el hombre lo confundió con un músico que necesita pistas. Para el que todavía no cree que toca en serio, ni hoy ni esa noche, Danilo muestra en sus manos los callos que le han salido de tanto golpear el cuero. Y es que ahí donde lo ven, fue alumno en Berklee College of Music de Giovanni Hidalgo, el percusionista puertorriqueño que se codeó con los clásicos Roberto Roena y Eddie Palmieri. “Desafortunadamente, algunos estudiantes pusieron la queja porque Giovanni se la pasaba cancelando clase, por andar en giras. Un día lo echaron y todavía no lo puedo creer. Traté de aprovecharlo al máximo”, dice.

Las enseñanzas en la academia con sede en Boston marcaron al joven que creció escuchando salsa y vallenato al lado de sus padres, los periodistas Juan Gossaín y Margot Ricci. Una mañana de su infancia, un video de Joe Arroyo lo marcó; particularmente llamó su atención el sonido que salía del timbal. De aquella primera lejana visión y de las clases en Estados Unidos, nació su pasión por la producción musical. Una vez graduado, se dedicó a trabajar para otros artistas y las congas que lo llevaron a tocar en distintas agrupaciones las guardó en su casa, como si de repente se hubieran disgustado. Fueron varios meses de separación.

Pero lo que se quiere nunca se olvida. “Un día, finalizando el 2014, dije ‘quiero dedicarme a las congas como instrumentalista’. Viajé a Cartagena a visitar a mis papás y fui a una café en la ciudad vieja. Frente al mar, de repente, empezaron a tocar chillout. La escuché y dije ‘quiero hacer esta música, con congas’”, recuerda. De este modo nació la idea de producir Chillociraptor, un álbum concebido a seis manos y desde lugares distintos. Impulsado por un ímpetu desconocido, Danilo llamó a su amigo, el bajista Antonio Gandía, en New Jersey y este hizo lo mismo con el saxofonista Nacho Maldonado en Ciudad de México. “Chillociraptor lo hicimos los tres, compartiendo las piezas y así se fue juntando en mi vida la producción con las congas. O tocaba congas para un grupo o grababa para un productor que me estuviera dirigiendo, y esta vez pude combinar mis grandes pasiones”, explica.

¿Cómo se hace un álbum estando los músicos en distintas ciudades? Danilo lo explica con facilidad, sacando a flote sus dote de profesor de universidad: “generalmente, cuando un compone una canción, se hace una maqueta. Hoy en día, con la tecnología que tenemos, uno puede ir armando esa maqueta y, en vez de imaginarse cómo suena un bajo, uno lo graba con un generador de tonos en el computador. Luego le dice al instrumentista ‘esto es lo que yo tenía en mente’, para que la interprete teniendo en cuenta la guía”. 

De este modo, Danilo, Antonio y Nacho construyeron doce canciones, de las que cinco son autoría del bogotano. El reto de trabajar lejos de los demás músicos lo llenó de ánimo para hacer lo posible por sacar adelante el proyecto que nació en la mesa de un café cartagenero. “En medio de todo el estrés y el acelere que vivimos, el chillout surge para relajarnos un poco, para ponerle un freno al estrés de la vida. El concepto de Chilloceraptor es una fusión de ritmos tropicales, como el reggae y el guaguancó, merengue. Lo que buscamos en el disco compacto es que la gente diga ‘qué música tan rica’”. 

Desde su lanzamiento en diciembre pasado, el álbum está sonando en emisoras de Estados Unidos. Cuando la producción estuvo en su última fase, él y sus compañeros publicaron un adelanto de canciones en un portal en el que voluntarios financian proyectos. A cambio de diez dólares, los músicos ofrecieron un cd recién salido de fábrica. A los donantes que aportaron entre treinta y cuarenta dólares, les dieron dos. Danilo los envió, sin importar si la encomienda costaba más que la donación. “Incluso nos colaboraron con 500 dólares. Quedaron faltando trescientos, que yo terminé de poner”. De no ser por la ayuda de los que apostaron a ciegas, no hubiera podido volver a tocar sus congas al tiempo que producía el disco. Está muy satisfecho con el álbum, pero no ha podido celebrar con sus amigos, con los que aspira reencontrarse algún día.  

 

A través de una red social, voluntarios de todo el mundo financiaron parte de Chillociraptor. Al que aportó diez o veinte dólares se les dio un cd y los que aportaron más de treinta, obtuvieron dos.

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– 9.99 dólares cuesta el cd. Se puede adquirir en www.chillociraptor.com y se puede escuchar en Spotify. 

– Danilo estuvo nominado al Grammy Latino en el 2011, por la producción del álbum infantil Un mundo de Navidad, del grupo Caraluna.

 

Foto: Daniel Álvarez. 

Por Redacción Cromos

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