Los niños de hoy crecen más solos que los de hace 50 años, y ese es un hecho: solos o teniendo como compañía la tecnología y los cuidados básicos de una empleada. De ahí que se practique la consigna de hacer del tiempo que se comparte con ellos (así sea poco)un instante en el que reciban calidad de amor y de cuidados. La cantidad ya no parece tan importante porque, entre el exceso de trabajo, el cansancio, las preocupaciones económicas y todas las responsabilidades, expresarles cuánto se los quiere puede contrarrestar esa ausencia.
Lo cierto es que los niños reclaman una presencia más constante. Tal vez, el dilema entre calidad y cantidad se resolvería si se pensara en suficiente tiempo para ellos. La calidad no se mide por una presencia incondicional y tampoco por organizar los mejores planes en que todo es diversión. La verdadera calidad surge de los momentos cotidianos, con numerosas oportunidades para comprender verdaderamente el mundo que rodea a los niños, saber cómo piensan, qué les gusta, qué no, sus sueños y temores.
Para la psicóloga Annie de Acevedo, “lo uno sin lo otro no puede existir. Calidad y cantidad de tiempo con los hijos son importantes para una buena crianza. La presencia física de los padres siempre va a ser necesaria”.
¿Cómo lograrlo?
Para la experta, los padres deben adoptar mejor el sistema de ‘tiempo individual con cada hijo’. “Esto quiere decir: la mamá sola con el hijo, sin el papá ni otros hermanos. Puede ser corto, pero debe ser diario o tres veces a la semana y de manera regular. Este tiempo es de mucha calidad, pues el padre lo dedica solo al hijo. Así, el niño se siente importante y bien amado”.
La mejor calidad que se le puede brindar es estar uno a uno, sin interrupciones de otros ni de aparatos tecnológicos.
Las actividades pueden ser leer un cuento juntos, salir a comer algo los dos únicamente, ir a cine juntos, etc. Lo importante es que el niño se sienta el centro de atención amorosa del padre o de la madre.
El tiempo individual es muy poderoso, si se hace bien.
Es importante que, en ese tiempo individual, las manifestaciones de amor estén siempre presentes. La rutina, cualquiera que sea, debe ir acompañada de mimos, buenas palabras y abrazos.
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