Por: Marcela Díaz Sandoval
Con el planeta en mente y la inspiración de un movimiento que nació en Europa, surgieron espacios donde se vende y se compra ropa usada.
¿Y si además de reciclar el plástico y el vidrio también reutilizamos la ropa que tenemos olvidada en el clóset? De acuerdo con la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP), en Bogotá se botan diariamente a la basura entre 360 y 600 toneladas de prendas usadas, y se ha comprobado que detrás de la fabricación de una camiseta hay cerca de 2.900 litros de agua, que se requieren para cultivar y procesar el algodón.
Aunque aparentemente una prenda resulta inofensiva, en realidad su proceso de elaboración demanda la utilización de muchos recursos. Para hacer un pantalón se requieren alrededor de 1.500 litros de agua y, si es en poliéster, tarda en degradarse entre tres y cinco años. Un escenario que es preocupante si lo multiplicamos por los 7.300 millones de personas que habitan la Tierra.
Con la intención de reaccionar, hace un tiempo surgió en Europa y Estados Unidos la tendencia de comprar y vender ropa usada en buen estado. Un boom que se ha convertido en un mecanismo de concientización, sobre todo para las mujeres, que suelen usar solo el 20% de lo que guardan en su clóset.
Hace dos años llegó a Colombia la primera tienda en línea que promueve esta causa. “El Baúl surge por la necesidad de cuidar el medioambiente. Si reciclamos el papel y el cartón, ¿por qué no la ropa, que es algo que siempre vamos a utilizar?”, dice Edwin Alvarado, cofundador de este emprendimiento que alcanza los 64.000 seguidores en Facebook.
La dinámica de la plataforma es sencilla. Quienes quieran comercializar solo deben registrarse, seleccionar la cantidad de artículos que tienen para ofrecer, empacarlos para que los recoja un transporte especial y publicar las fotos. “Aproximadamente 35% de las prendas que llegan se venden en los primeros 15 días”. Quienes quieran comprar, ingresan a la página, filtran la búsqueda, crean una cuenta y listo.
“Recibimos prácticamente todo lo que las mujeres tienen en el clóset: cinturones, pantalones, vestidos, carteras, faldas, gafas, bufandas. Y es un gana-gana porque estamos contribuyendo al planeta, dándole más vida a las prendas y ellas reciben dinero por la venta”, detalla Alvarado.
No es la única opción en el país. Renuevatucloset.com permite vender las prendas usadas y adquirir piezas de marcas reconocidas, también usadas, por un valor hasta 80% menor que en una tienda. “La idea es convertir el ropero en un gran almacén, en el que puedes llevarte lo que tenía tu amiga que tanto te gustó”, explica Camila Mercado, gerente de la plataforma.
Mercado sugiere acabar con los prejuicios detrás de comprar ropa usada, una opinión que comparte Clara Támara, una periodista deportiva que se animó a vender una parte de lo que estaba en su clóset. “Cuando conocí el proyecto me encantó, porque a veces me pasa que dejo de usar la ropa, entonces la mejor opción es venderla y poder ver otras cosas que me pondría. Es una especie de trueque”.
Sin embargo, esta tendencia no se reduce a ropa deportiva, de fiesta o casual. También llegó al mundo de las novias. “Syrovy es una empresa que empezó importando vestidos de novias de marcas españolas. Inicialmente vendíamos las prendas pero, con el tiempo, la demanda del mercado nos llevó a alquilarlas y, más adelante, a reutilizarlas”, cuenta Carolina Arango, su gerente.
Esta idea de negocio la decidieron enmarcar en una línea ecológica, denominada Novias con historia. “Nosotros ponemos lo necesario para que el vestido quede como nuevo: un equipo especializado, lavandería, asesor, y ayudamos a que termine en manos de otra compradora”. Pero no es nada fácil. “Casi siempre duran un año en tomar la decisión de venderlo y después quieren recuperar lo invertido, que no es sencillo porque nadie paga más de tres millones de pesos por un usado”.
Con la intención de impulsar esta iniciativa, la vincularon a una propuesta de responsabilidad social. Está dirigidab a aquellas mujeres que, más que recuperar el dinero, quieren tener un gesto. Ellas deciden donar la plata que reciban para la alimentación de un niño en Chocó durante un año.
Fotos: Istock