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Chanel deleita a su público con un iceberg y una moda apta para el gran frío

Chaquetas, faldas o vestidos del característico “tweed” Chanel,
combinados con volúmenes de pieles -no procedentes de animales- que cubrían
por completo botas, botines, pantalones, bufandas, abrigos y todo tipo de
prendas fue la característica del desfile de este martes en la pasarela de
París.

Por Redacción Cromos

09 de marzo de 2010

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Chanel preparó este martes a sus clientas para el frío extremo y Karl Lagerfeld convirtió su pasarela en un espectacular iceberg, una montaña helada con bellas piedras transparentes sobre sus crestas, similares a las joyas y pedrerías que adornaron sus creaciones para el otoño-invierno 2010-2011.

El techo acristalado del Grand Palais, donde el modisto alemán gusta presentar el prêt-à-porter de Chanel, recibió a la perfección el inmenso bloque de hielo contenido en un cuadrilátero, cubierto con una fina capa de agua.

En ella chapotearon una tras otra las maniquíes, vestidas en ocasiones con chaquetas, faldas o vestidos del característico “tweed” Chanel, combinados con volúmenes de pieles -no procedentes de animales- que cubrían por completo botas, botines, pantalones, bufandas, abrigos y todo tipo de prendas.

Las modelos lucieron monos completos de pelo -capucha y pies incluidos-, y grandes abrigos largos de pieles, de color blanco, negro, o blanco y negro, cuya parte inferior mojaban sin temor al andar y rozar el líquido elemento.

Además de las joyas de cristales transparentes, en collares, pulseras, broches y anillos, las botas fueron los accesorios principales, no siempre de pelo largo y tacones transparentes.

Para las ocasiones más elegantes, las botas se hicieron bicolores, negras como un zapato de salón y blancas acharoladas hasta media pierna, llevadas preferentemente con medias opacas blancas, siempre a juego con vestidos cortos color marfil.

Algunos de angora y manga larga, con leves manchas celestes; otros de manga corta, eventualmente con la parte superior de tul bordada con piedras y puntillas, sobre una falda recta de pelo blanco.

Concentrada en blancos y marfiles, beiges, grises, claros y muy oscuros, negros y marrones, la paleta contó en muy raras ocasiones con algunas pinceladas de rojo, por ejemplo en el ribete de una chaqueta de tweed; en el cuerpo de un vestido de mangas cortas y pieles; o para adornar un vestido negro con una cinta roja terminada en flecos beige en las mangas y en los bajos.

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Chanel tuvo una invitada muy especial, la cantante Vanessa Paradis, ex musa de la firma, que llegó al Grand Palais en el último momento, perseguida por una nube de cámaras y fotógrafos.

Una vez tomado asiento, un juego de poleas preparados al efecto levantaron el cuadrilátero cerrado por muros blancos que ocultaba hasta entonces el bello iceberg sobre su hipotético mar, y el desfile pudo comenzar.

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Por su parte, Jean-Charles de Castelbajac, inspiró su colección en Lady Godiva, quien utilizó su belleza como un arma contra la injusticia y se convirtió “en la primera mujer moderna”, explicó.

De ahí, dijo a Efe el artista, las formas renacentistas que quiso dar a sus modelos, teñidos muy a menudo de negro, color hasta ahora inusual sobre su pasarela, reflejo de “una verdadera evolución” en su trabajo.

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“El color no desapareció, sin embargo, y falda y, pantalones cortos bombachos, cazadoras y trencas, además de negros, podrán ser plateados, dorados, amarillos, rojos e incluso parcialmente verdes.

Esta noche debía desfilar la colección del británico Alexander McQueen, cuyo suicidio, el pasado febrero, hizo que sus diseños, terminados por su equipo, se presenten de forma más discreta y menos multitudinaria, entre hoy y mañana, previa cita.

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También, el Halle Freyssinet acogerá el desfile de Martithé y François Girbaud, y la Escuela de Bellas Artes a la artista china Shiatzy Chen, cuyo prê-á-porter de lujo es siempre uno de los momentos más exquisitos de las jornadas de desfiles de París.

Sus organizadores adelantaron a Efe que, en esta ocasión, sus diseños se inspiran en el jade, piedra preciosa tomada como ” encarnación de la belleza, la cultura y la grandeza del hombre“, que en el ” Libro de los Ritos“ Confucio describió como ” el símbolo de las virtudes" de la nobleza.

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La originalidad de Shiatzy Chen reside en la delicadeza con la que es capaz de aunar las tradiciones milenarias de la antigua China con el corte y las formas más occidentales, para lo que en esta ocasión utilizó seda, satén, cuero, puntillas, bordados con jade y cristales swarovsk.

Por Redacción Cromos

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