Descubrí el lado artístico de mi esposa hace mucho tiempo. Sabía que su mamá, Pepa Pombo, era diseñadora y luego me enteré de que Mónica estaba dándole un nuevo aire a la marca. Cada aspecto de su personalidad me recuerda que tiene un espíritu de artista. Me encanta su sensibilidad, no solo a nivel profesional sino con el mundo, sus referencias, los lugares y los temas que se vuelven fuente de inspiración para su trabajo. Ella puede encontrar puntos de partida en un viaje, en la visita a un museo, en un jardín, en la maternidad. Saca colecciones inspiradas en otros artistas, en un cuadro, en una foto, las ideas le llegan de muchos frentes.
Mi aporte a su trabajo consiste en darle una mirada desapasionada a lo que hace, una mirada lo más objetiva posible. El artista se enamora de su creación y de pronto no ve cosas que son tangibles para otros. Hay que saber sustraerse y mirar fríamente. Ella, por lo general, me comparte algún diseño, y aunque mi campo es otro, puedo opinar del proceso y de su resultado.
Sé que el diseño, en cualquier ámbito, debe ser coherente porque responde a un proceso y a unas intenciones. Hay mucho trabajo detrás, no son ideas que llegan a la mente de la nada, como muchos pueden pensar. La musa que te ilumina constantemente no existe, es un trabajo que requiere revisiones y por eso se busca siempre la opinión de distintas personas, que estén alejados del proceso, para ver si lo que se está haciendo tiene coherencia. Afortunadamente, dentro de su empresa aprecian mucho las opiniones de los demás. Ella puede confiar en que siempre le doy mi opinión más honesta, puedo ser muy crudo, pero creo que es lo mejor.
A Mónica todo el tiempo se le ocurren cosas locas y chéveres que no solo tienen que ver con su profesión. Como tiene una cultura del trabajo manual muy desarrollada, todo lo mira a través de esa óptica. Cuando está frente a una prenda de vestir se fija como está construida, se fija en los tejidos, hasta encuentra similitudes entre las prendas, nunca se desconecta. Por eso ha logrado rejuvenecer la marca de su mamá a través de un trabajo en equipo muy complejo y que tiene un trabajo manual muy importante. Ella no solo es muy buena diseñadora sino buena líder. Sabe guiar el equipo que tiene. No es lo mismo ser buen diseñador que ser buen líder. Las personas que trabajan con ella oyen lo que les dice, genera confianza en la gente y eso hace que no le tengan miedo, puedan opinar y la quieran mucho. Es muy difícil encontrar eso; ella tiene un grupo muy unido que trabaja con mucho amor. Es muy emocionante para mí ver eso.
Yo no tengo la misma sensibilidad de ella pero compartimos gustos similares. Nos gusta ir a exposiciones, ciclos de cine, viajar. Ella tiene una visión muy táctil y femenina de los temas, yo no, por eso me complementa muy bien. En cuanto a nuestra vida en casa, sabemos que es muy importante trabajar en un espacio que no sea el hogar y que los problemas de la oficina se quedan ahí. Esto no significa que nos alejamos de ellos y que no los compartamos, al contrario buscamos la opinión del otro pero no dejamos que interfieran en nuestra cotidianidad.
No hay nada negativo de estar casado con una artista. Uno puede ser artista en su profesión, así esté mirando números todo el día. No hay que pintar, o hacer joyería para tener un acercamiento artístico con la vida. La creatividad está en la forma como te aproximas a los problemas. Yo creo que todos podemos ser artistas.
Ricardo y Mónica
– Llevan siete años de casados.
– Tienen un hijo de un año y medio llamado Benjamín.
– Ricardo es arquitecto de proyectos comerciales y casas de recreo.
– Ella es diseñadora de modas.
– El trabajo de Ricardo consiste, como el de su esposa, en hacer uso de la creatividad constantemente.
Foto: Daniel Álvarez.