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Olga Piedrahita y Danielle Lafaurie, unidas por la exploración

"Nos interesa que la gente entienda que la moda es cultura, historia, antropología y sicología. Por eso la ponemos a dialogar con otras disciplinas”.

Por Redacción Cromos

13 de julio de 2015

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Madre e hija componen un tándem creativo. Olga Piedrahita diseña prendas con el sello de la vanguardia, y Danielle Lafaurie tiene una compañía que produce y diseña proyectos. Complemento y simbiosis.  Tienen sus oficinas separadas por un corto pasillo. La de Olga no tiene puerta y está custodiada por dos enormes cubiertos, un tenedor y una cuchara, que significan los elementos gráficos de una de sus colecciones pasadas. Para otras, ha echado mano y mente de la ciencia de Rodolfo Llinás, el Realismo mágico o el trabajo del matemático Alexander Grothendieck, que interpreta y deconstruye hasta volverlos prendas de vestir.

La tienda y el taller de Olga, como la llama Danielle, no es un espacio convencional. Es un taller abierto, interactivo e interdisciplinario. La casa Olga Piedrahita acoge y celebra el ritual de lo auténtico y dispone sus paredes y salones para que se hagan visibles. Una idea que un día se le ocurrió a la hija y que la madre acogió y acompañó.

Las dos viven aventuras creativas que, confiesan, siempre saben dónde empiezan y no donde terminan.
Sus rituales de trabajo están atravesados por frases como “Un error puede ser la mejor idea”. Nos ha pasado, apunta Danielle, con estudios de diseño industrial y literatura, que nos tropezamos con algo que parece un defecto y termina por gustarnos.

La otra frase es: “Prepararnos para improvisar”. “Ese impulso que llevas te permite tener las herramientas necesarias y en segundos puede haber una idea mejor, asegura Olga. ¡El golpe de corazón!, como dicen los franceses, apura Danielle. Es común oírlas hablar al tiempo. O que una termine la frase de la otra. No hay falta de urbanidad. Solo una conexión tan profunda, en lo filial y en lo artístico, que parece que la una no quiere perderse de lo que dice la otra, ni privarla de sus ideas.

 

Realismo mágico
Su más reciente proyecto tuvo como nombre Realismo mágico y como escenario la provincia. Fotos de Leo Matiz, obras pictóricas de Pedro Ruiz, muchas fotos de Danielle de puertas, pisos o balcones fueron la génesis de lo que luego se vio en impresionantes telas estampadas por Lafayette, la empresa que dirige Roy Azout, su cómplice creativo desde hace varios años.

 

 

Cada año la tienda se “borra” y plantea una nueva versión. Una iniciativa de Danielle, inquieta y global, adoradora de la identidad colombiana, pero consciente de que la moda pasa por ejercicios universales.  Olga habla con una suavidad que arrulla. “Danielle es la head hunter de los talentos. La primera mirada la da ella y la siguiente, yo.  La idea es que esos talentos estén con nosotros y que crezcamos juntos como una forma de contar a Colombia”. Termina y le da la palabra a su hija: “Cuéntales del hilo”.

“Una amiga dice que si tienes un solo hilo, este se rompe y no puedes hacer nada. Pero si unes ese hilo a otros, formas un tejido capaz de aguantar peso. Eso pasa en nuestro oficio: nos unimos y miramos las cosas desde el mismo punto, para ver cuánto nos podemos aportar.  Cómo pensar juntos a futuro”.
La joven que habla con ímpetu y ganas de decir más y más, parte de una pregunta: ¿Cuánto vale hacer soñar? Buscamos que al compartir nuestro trabajo la gente salga inspirada para su casa, con gratitud por haber vivido algo diferente y emotivo.

Dicho de otra manera, rodeadas de cómplices como fotógrafos, artistas, productores y demás, crean las telas, Olga interpreta el valor de cada una para sus piezas, mientras que Danielle se imagina el escenario, el teatro, el performance donde la historia será exhibida. Puede tratarse de un almanaque con fotos de Ruven Afanador (el que algunos sentenciaron como poco probable) o una noche de arte y moda en el Teatro Odeón. Danielle llegó a la empresa de su mamá en 2008, cuando Olga tenía la inquietud de procurar que la gente siguiera soñando con la moda.

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“Es que en la generación de Olga  hubo mucha gente estudiando, pero muy poca aterrizando lo que podía ser el oficio de diseñador de modas”, dice la hija. La madre añade: “Para contar a Colombia desde sus territorios”.

Olga tiene como tarea pendiente viajar al Amazonas. Danielle ya lo hizo y la emoción hace que sus frases salgan atropelladas. “¡Los árboles son como torres y rascacielos! Las proporciones humanas frente a la naturaleza, te cambian la vida”. Mientras tanto seguirán coleccionando mochilas, la pieza que las tiene fascinadas. Claro, mientras una de las dos atraviesa el pasillo que las separara para ir a decirle a la otra: Se me ocurre qué… Un nuevo proyecto está en camino.

Foto: María Helena Matallana.

Por Redacción Cromos

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