Para sobresalir en un ámbito dominado por los hombres, hay que tener carisma y temperamento. Y eso es lo que le sobra a la boyacense Ana Edurne Camacho, distinguida como la mejor dirigente deportiva de 2015 por su eficiente gestión al frente de la Federación Colombiana de Levantamiento de Pesas, una entidad que a pesar de los buenos resultados de sus atletas, estaba sumida desde hace varios años en una profunda crisis administrativa y económica.
Las claves de su éxito han sido el trabajo en equipo, el respeto por los deportistas, la optimización de los recursos y la transparencia en el manejo económico, competencias que fue adquiriendo y desarrollando desde que decidió dedicarle su vida al deporte.
Ana se dejó seducir por el baloncesto desde que era niña y jugaba como armadora en el colegio El Rosario de Tunja y la selección de Boyacá. “Era chiquita, pero lo hacía bien, rápida y con buen panorama”, asegura con algo de nostalgia.
Aunque sus padres querían que fuera odontóloga o abogada, ella decidió estudiar Educación Física. Después de graduarse de la Universidad Pedagógica y Tecnológica fue profesora, pero pronto se trasladó a Bogotá para seguir capacitándose y hacer una maestría en Administración y Supervisión en Deportes.
Su liderazgo y don de gentes le permitieron vincularse a Coldeportes a finales de los años 80 y desarrollar allí buena parte de su carrera. También fue la gestora del Instituto de Deportes de Tunja y pasó por Colsubsidio y por el IDRD, en Bogotá, del que fue subdirectora técnica y luego directora.
Su única hija y compañera en muchos eventos y aventuras, Luisa Fernanda López, la califica como “una guerrera. Una mujer amorosa, alcahueta, consentidora, pero también exigente. Alegre y profundamente enamorada del deporte”.
Fue cabeza de la organización de los Juegos Nacionales de 2004 y 2008, así como coordinadora técnica de los Centroamericanos y del Caribe en Cartagena 2006. También fue clave en el Mundial Sub-20 de Fútbol, en Colombia, pues fue la encargada de la remodelación de la sede principal, el estadio El Campín.
Acostumbrada a afrontar retos enormes, no dudó en aceptar ser la presidenta de la Federación de Pesas, que tenía un déficit cercano a los 500 millones de pesos y llevaba varios años prácticamente a la deriva. “Tratamos de poner la casa en orden y hacer viable la entidad generando confianza en la parte administrativa con el manejo adecuado de los recursos y la transparencia económica. Les dimos a los deportistas la prioridad que se merecen y afianzamos un trabajo articulado con el área técnica. No hay preferencias por nadie, se respeta al ciento por ciento a todos. De igual manera se exigen resultados”, asegura la dirigente, que aspira a dejar una estructura sólida para el futuro.
Trata a los pesistas como si fueran sus hijos. Y precisamente por ellos no ha renunciado, pues obstáculos y contratiempos es lo que ha tenido. “He pensado en abandonar el barco, sinceramente, pero esos muchachos y sus familias merecen todos esos sacrificios”, admitió.
Eso lo saben los pesistas, que no se cansan de elogiar su labor y reconocer que con ella en la Federación todo cambió. “Se nota que hay interés por las personas, porque los deportistas se preparen bien y tengan las mejores condiciones, dentro de las posibilidades económicas que hay. Nos sentimos motivados y escuchados”, dice Ubaldina Valoyes, una de las más experimentadas de la selección nacional.
El próximo gran reto de Ana Edurne y sus muchachos son los Juegos Olímpicos de Río 2016, en los que intentarán que las pesas completen cinco ediciones subiendo al podio, un premio merecido para un deporte que por fin está encontrando la dirigencia que se merece.