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‘Arrivederci’, Paolo

Ha jugado 25 temporadas en primera división con el Milan y lleva 26 títulos, la mitad de ellos internacionales.

21 de febrero de 2009 - 05:00 p. m.
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“Si de niño me hubieran dicho que escribiera una historia, la más bella que pudiera imaginar, la habría escrito tal y como ha transcurrido la historia de mi vida”, dice sonriente Paolo Maldini, el futbolista italiano que más veces ha vestido la camiseta de la selección y el que más partidos ha disputado en la primera división de su país.

Il Capitano, San Paolo, Il Bello, Apolo Maldini o El Eterno, han sido los apodos con los que se le ha conocido desde 1985, cuando se estrenó con el Milan, club con el que juega su vigésima quinta temporada, récord absoluto en el mundo.

“Ha sido un camino largo, pero lleno de felicidad”, explica el futbolista, que la semana pasada jugó su último clásico ante el Inter de Milán y ratificó que en junio se retira de las canchas.

“He conseguido todo lo que he querido. He jugado en el equipo en el que jugó mi padre, el de mi ciudad, uno de los mejores del mundo. He ganado muchos títulos y representado a mi país. He tenido la fortuna de recibir el cariño de la afición, ¿qué más puedo pedir? Soy feliz y eso es a lo que todo hombre debe aspirar en la vida”, señala Paolo, cuya vida realmente parece un cuento de hadas.

Hijo de tigre

Ser primogénito de Cesare Maldini, uno de los ídolos históricos del Milan y miembro del cuerpo de entrenadores de las divisiones menores del club, sin duda  facilitó el camino de Paolo en uno de los equipos más poderosos del mundo. Por eso, tal vez, cuando debutó como lateral izquierdo en la serie A nadie imaginó que batiría todos los registros imaginables.

Sin embargo, todo cambió en marzo de 1988, cuando Azeglio Vicini lo convocó por primera vez a la selección italiana. Después, defendería 125 veces más los colores de su país y participaría en cuatro mundiales, los de Italia 1990, Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea-Japón 2002, cuando, tras caer injustamente eliminados a manos de Corea del Sur en octavos de final, anunció que no actuaría más con la Squadra Azzurra.

En junio de 1988, Paolo conquistó el primero de los 26 títulos que lleva en su carrera. En ese equipo, que era dirigido por Arrigo Sacchi, fue compañero de los holandeses Ruud Gullit, Frank Rijkaard y Marco Van Basten, además de Franco Baresi, Roberto Donadoni y Carlo Ancellotti, con quienes ganó después las Copas de Europa de 1989 y 1990.

De hecho, en diciembre de 1989 integró el onceno titular que enfrentó y derrotó al Atlético Nacional en la final de la Copa Intercontinental.

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Para ese entonces ya era considerado uno de los mejores futbolistas del mundo y uno de los hombres más exitosos, pues además tenía jugosos contratos publicitarios con varias firmas multinacionales que explotaban su imagen de soltero codiciado y deportista responsable.

En 1994 sufrió, sin embargo, la mayor frustración de su carrera, cuando perdió con Italia la final del Mundial de Estados Unidos. Fue ante Brasil, en una dramática definición por cobros desde el punto penal. Pero curó su dolor con la emoción que le produjo, tras el retiro de Baresi, convertirse en el nuevo capitán de su club y de la selección. Además se casó con la modelo italiana de origen venezolano Adriana Fossa, con quien tiene dos hijos, Christian y Daniel.

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Y mientras los mejores futbolistas del mundo llegaban y se iban del Milan, Paolo Maldini seguía superando todas las estadísticas y sumando trofeos con el club rossonero. Con la selección, en cambio, volvió a sufrir una gran decepción en 2000, cuando perdió ante Francia la final de la Eurocopa de Bélgica y Holanda. Su equipo ganaba 1-0 y los galos igualaron en el último minuto. Después, en la prórroga David Trezeguet le dio el título a los Bleus.

A esa tristeza se le sumó en 2002 la que le produjo la prematura eliminación en el Mundial. Y aunque anunció que no volvería a la selección, siguió siendo el caudillo de la defensa milanista. Incluso dejó la banda izquierda para jugar como central con la misma efectividad.

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El 26 de junio de 2008 cumplió 40 años y ante los ruegos de la afición rojinegra aceptó jugar una temporada más. Por eso, este año ha sido el de su despedida en todos los estadios de la península Itálica, en donde los hinchas rivales le han expresado su admiración.

La semana pasada, en el último de los 56 clásicos que jugó, los aficionados del Inter le rindieron homenaje con una pancarta que rezaba: “Nuestro rival durante 20 años, pero siempre fiel en tu vida”.

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“Sigo aquí porque todavía me divierto jugando, pero todo tiene su fin y mi cuerpo ya empieza a resentirse de tantos años en activo”, reconoce Maldini, ganador de siete Scudettos (1988, 92, 93, 94, 96, 99 y 2004), cinco ligas de campeones (1989, 90, 94, 03 y 07), cinco supercopas de Italia (1989, 90, 93, 94 y 03), cinco supercopas de Europa (1989, 90, 94, 03 y 07), dos copas intercontinentales (1989 y 90), un mundial de clubes (2007) y una copa Italia (2003).

Antes de irse definitivamente, a mitad de año, Maldini tiene un sueño: jugar un partido más con la selección. “Me encantaría. Sería la ocasión perfecta para celebrar una carrera tan larga y bonita”, dice Il Capitano, quien si no hubiera renunciado a la Azzurra, llevaría casi 200 partidos con ella.

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El técnico Marcelo Lippi ya aceptó la propuesta porque “sin duda aún tiene el nivel para estar en el equipo nacional” y seguramente lo convocará para un juego amistoso o uno de la eliminatoria al Mundial de Suráfrica 2010.

Pero mientras eso se concreta, Paolo trabaja diariamente en Milanello, la sede deportiva del club, con la ilusión de sumar dos títulos más, los de la Copa Uefa y la liga local. También aconseja a su hijo Christian, quien actúa con el equipo sub 15 y será, tras el retiro de su padre, el único al lado de su hermano Daniel que podrá vestir la camiseta número 3, que será retirada. Ojalá la luzca algún día, aunque será difícil que supere las marcas que deja uno de los mejores jugadores de la historia.

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