El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Camino al ‘Cielo’

El montañista desnuda sus sentimientos. Por primera vez cuenta detalles de la muerte de su amigo Lenin Granados y de su hija Cielo. En marzo intentará cima del Dhaulagari.

25 de febrero de 2008 - 12:00 p. m.
PUBLICIDAD

Fernando González-Rubio lleva 22 años desafiando a la naturaleza. Se ha enfrentado a los picos más altos del mundo, a más de 8.000 metros de altura y ha soportado temperaturas de hasta menos de 30 grados. Ha sentido la muerte cerca e incluso ante la inmensidad de una montaña tuvo que presenciar la desaparición de un compañero suyo por culpa de una terrible avalancha. Pero nada más doloroso, y hoy hermoso a la vez, fue la adecuación de un esplendoroso jardín que adorna su casa en Suesca, donde hace un año y dos meses regó las cenizas de su hija Cielo, quien como una mariposa –así lo simboliza él– se marchó para la eternidad cuando apenas tenía tres años y medio de vida.

Por eso, cuando se atraviesa la cerca que divide el terreno de su casa, se siente como si se hubiera entrado a un templo sagrado. Al lado, las imponentes rocas de Suesca no podrían enmarcar de mejor manera el hogar de Fernando, quien vive allí con su esposa Tatiana Cartwright, antropóloga, y con quien se casó hace 12 años en la Iglesia de Suesca, y su hijo Andrés Tomás, de seis años, quien estudia en Cajicá.

Acompañado por un par de perros, uno suyo y otros ilustres visitantes, Fernando, con su descomplicada forma de vestir y vivir, muestra con orgullo cada uno de los sitios de su casa, pero en especial el jardín que le dedicó a su hija Cielo Gabriela. Lo sembraron entre todos sus amigos, familiares y padrinos de la niña. Cada uno se encargó de llevar flores y matas. Aún le duele hablar del tema, claro, pero Fernando es un hombre tan espiritual y especial, que incluso confiesa que el día del funeral les pidió a sus amigos que no fueran vestidos de negro. Un amigo suyo músico se encargó de tocar algunas tonadas y hasta se tomó un par de tragos.

Un hombre de acero

La vida, a la que Fernando le agradece todos los días por las bellas cosas que le ha brindado, sin embargo le ha puesto duras pruebas que él con mucha sabiduría ha sabido sobrellevar y aprender de ellas. La primera fue en 1996, cuando falleció su padre Alonso, quien pese a algunas dudas al comienzo de su carrera como montañista, luego lo apoyó hasta el final de sus días.

En 1998, cuando intentaba coronar la cumbre del Manaslu, vivió una de las experiencias más fuertes de sus años como montañista: ante sus ojos se murió su compañero de expedición Lenin Granados.

Aún con un dejo de tristeza, sacó fuerzas para contar el dramático momento:

“Íbamos cuatro hacia la cima del Manaslu, era el tercer intento que hacíamos, pero debido a una tormenta regresamos al campamento dos de donde empezamos a descender la montaña. Estábamos Gonzalo Ospina, Nelson Cardona, Lenin Granados, Manolo Barrios y yo. Entre el campamento dos y el campamento uno había un sector peligroso que ya conocíamos. Por eso tomamos la decisión de salir rápido, porque quedarnos más tiempo era esperar que el nivel de la nieve aumentara. Pero, sin querer, hicimos un corte en la nieve y generamos la avalancha.

Yo iba caminando con Lenin, unas veces él adelante, otras veces yo. En un momento se nos vino la avalancha. La bola de nieve en la que yo iba atrapado frenó, pero la de Lenin siguió y se lo llevó. Buscamos durante dos horas y media, pero ya era de noche y tuvimos que regresar al campamento. Al día siguiente intentamos subir a buscarlo, pero no se pudo. Nos tocó devolvernos con una tristeza profunda. Sentí mucha impotencia, porque allí se quedó un compañero de sueños. Fue un aviso de la vida, fue un volver a nacer, un cuestionamiento de muchas cosas, porque cuando se muere un compañero en la montaña no es fácil asimilarlo.

No ad for you

Discutíamos con los compañeros, buscábamos un culpable, pero luego entendimos que estábamos en la inmensidad de una montaña a 8.000 metros y que cualquier cosa puede pasar y claramente la inexperiencia nos marcó”.

Alcanzó a pasar por su mente la posibilidad de dejar el montañismo, tras la muerte de Lenin, pero esa duda duró muy poco. A los tres meses ya estaba de nuevo en la montaña.

No ad for you

El vuelo de la mariposa

En 2003, cuando Fernando bajó del monte Broad Peak, nació su hija Cielo Graciela. “Con mi esposa la bautizamos Cielo, porque el cielo lo es todo, como algo enigmático, pero a la vez convincente, como que tú puedes creer o no, eso lo decide cada uno y yo sí creo”, reflexiona.

A mediados de 2006, cuando estaba en el monte Kanchenjunga se enteró de la peor noticia de su vida. Recibió una llamada de su esposa, avisándole que se le había detectado una enfermedad mortal a su hija.

No ad for you

Con un puñado de sentimientos que se veían a través de su mirada cristalina, así Fernando contó este momento:

“De inmediato regresé a Colombia y tomé la decisión de dejar todo botado y de compartir con ella hasta el día que partiera. Me gasté los pocos ahorros que tenía, pero por fortuna estuvimos rodeados de buenos amigos y la plata nos llegó a la casa, recuerdo que tuvimos una Navidad abundante. A los seis meses se fue mi niña. Pero sigue siendo mi hija, mi ángel, mi magia y estoy muy contento de haber tenido la oportunidad de compartir con ella tres años y medio. Siento su presencia, la percibo en la montaña y la sentí especialmente en mi último ascenso al Annapurna. En la cima lancé una mariposa de papel como ofrenda a mi hija.

No ad for you

Fue un golpe duro, el más duro de mi vida, pero no puedo quejarme de por vida ni puedo darle dimensión a los golpes que he sufrido, porque también he recibido tanto que no puedo ser desagradecido. La felicidad no se mide por la cantidad de plata que uno tenga, sino con la intensidad con la que vivas la vida”.

Todo un ejemplo

Fernando no se detiene. De los golpes se ha inyectado la energía suficiente para vivir la vida a su ritmo, por el amor a su familia y a la montaña. Ama escalar, es la esencia de su diario vivir. No se imagina haciendo otra cosa ni mucho menos sentado en una oficina cumpliendo un horario. “Escalar es un desafío en el que te juegas la vida. Pero lo interesante es que es una práctica en la que combinas fuerza, inteligencia y estrategias para atacar la cima. Pero también se convierte como en una meditación, un estado de tranquilidad, entonces para mí escalar es fundamental”.

No ad for you

Y aunque el montañismo no es una profesión en la que abunde el dinero y las ganancias, Fernando ha sabido estratégicamente ‘vender’ su proyecto y es así como además de conseguir patrocinadores para sus múltiples expediciones (ver recuadro) también se ha dedicado a dictar conferencias en las que como un ejemplo de vida invita a la gente a luchar por sus sueños. Y así se gana sus pesos.

En su camino nuevamente hacia el cielo, Fernando se alista este 13 de marzo para ascender al monte Dhaulagari, dentro de su meta de conquistar los 14 picos más altos del mundo. Ya lleva seis y la idea es lograr cuatro más este año y dejar los otros cuatro para las próximas dos temporadas, después de las cuales se retirará oficialmente del montañismo profesional. Y seguramente la fuerza de su padre, su amigo y su hija lo fortalecerán para cristalizar este sueño que vuela como una mariposa.

No ad for you

Las travesías de Fernando

Fernando González-Rubio nació hace 39 años en Barranquilla. A los 16 su familia se trasladó para Bogotá y allí terminó sus estudios. A la hora de buscar qué carrera seguir no encontró ninguna que le gustara e hizo varios primeros semestres. Tras asistir a un paseo de olla a las rocas de Suesca para conocer un deporte que se llamaba montañismo, Fernando se quedó ahí. A los dos años ya dictaba clases, se fue a vivir a Suesca y empezó el proceso de aprender en Colombia todas las técnicas en roca y hielo. Luego llegaron sus primeras escaladas internacionales en Venezuela, Ecuador, Perú, Argentina y Estados Unidos. En el 98 dio el salto al Himalaya (Manaslu) y así prosiguió su camino: 99: Cho Oyu; 2001: Monte Everest; 2002: Broad Peak; 2004: K2; 2005: Manaslu y Nanga Parbat; 2006: Kanchenjunga; 2007: Annapurma, Broad Peak e intento del Shishapangma.

Ver todas las noticias