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Canta y no llores

En medio del desconsuelo, los jugadores de la selección Sub-20 expresaron su dolor tras perder en cuartos ante los mexicanos. “Hay que arropar a estos chicos”, expresó José María Pazo, entrenador de arqueros.

14 de agosto de 2011 - 04:00 p. m.
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No entendían por qué habían quedado eliminados de su Mundial, a su corta edad no es fácil asimilarlo. Unos no hallaban la razón de despedirse si sentían haber jugado mejor que sus rivales. Otros, enojados y en medio de lágrimas, encontraron las respuestas en un dudoso penalti que desequilibró el partido.

Un dolor familiar, reacciones diferentes. Tras el pitazo final del cuestionado turco Cuneyt Cakir, James Rodríguez fue el primero en demostrar su rabia y aflicción: se dirigió corriendo hacia el camerino y en el camino pateó una botella de agua. El 10 colombiano no quiso atender a la prensa y sólo se expresó minutos después a través de su cuenta en Twitter, @jamesdrodriguez: “Estoy muy dolido con lo que sucedió, siento que podíamos llegar más adelante. Sólo me queda agradecer a los que apoyaron hasta el final”.

En el campo, la tristeza era incontrolable. El lateral izquierdo Héctor Quiñónez, tirado en el piso, parecía ser el más triste y ni siquiera las palabras de agradecimiento y de ánimo de Eduardo Lara en el camerino —después de las que dijo en rueda de prensa— cambiaron su rostro. Las razones que expuso, mientras arrugaba su cara al hablar con los medios, fueron simples: “Los errores se pagan y por eso nos eliminaron. Duele mucho más que una vez empatamos nos hagan un gol de pelota parada, cuando habíamos trabajado tanto ese módulo. Es una tristeza…”, dijo con voz disminuida, clavando su mirada en el piso, mientras respondía las preguntas inoportunas de algunos periodistas.

Apenas normal, ninguno quería dar declaraciones. Dídier Moreno, Jeison Murillo y Cristian Bonilla siguieron de largo y subieron rápidamente al bus, el mismo que ya había llevado a Michael Ortega y James Rodríguez al hotel. Y también pasó de largo Eduardo Lara, que en todas las presentaciones de Colombia se negó a hablar después de rueda de prensa, mientras sí lo hicieron sus homólogos.

Pocos sacaron fuerzas y se esforzaron por hablar, después de haber llorado como niños chiquitos en las duchas. Uno de ellos, Juan David Cabezas. Pronunciaba palabras a cuentagotas, respiraba profundo, temblaba él y su voz, sobaba sus ojos. “Da mucha rabia, tristeza, dolor… Si cabe la posibilidad, le pido disculpas al público, porque no pudimos seguir avanzando. Ellos lo merecían porque se portaron excelente”.

Lo que normalmente es una verborrea con el locuaz Cabezas, era una escena desoladora, en la que pidió un consuelo nunca encontrado. Ni siquiera el haber salido aplaudido de la cancha por un centenar de aficionados que permanecieron sentados sirvió de aliciente: “México no fue mejor que nosotros y por eso duele más. Pero cometimos errores, uno en finales no se puede equivocar y pecamos”, puntualizó.

Uno de los más acongojados era Cristian Bonilla, quien ante los manitos tal vez no tuvo la suerte de su lado. Arañó el balón que cristalizó Erick Torres de penalti, alcanzó a manotear, sin éxito, el cabezazo de Edson Rivera, cuyo disparo posterior le hizo un extraño y lo hizo responsable del tercero. Se fue rápido de El Campín, con los ojos encharcados y entonces defenderlo fue obligación del entrenador de arqueros, José María Pazo, quien además se salió de casillas cuando pusieron en tela de juicio la actuación de su pupilo: “Si tú dices que estaba nervioso pues me toca aceptarlo, qué te puedo decir yo, después vas y editas lo que yo diga y, bueno, listo, tienes la razón. Yo digo que culpables somos todos. Señalar a alguien es incorrecto y hay que arropar a estos chicos”.

Por eso el mensaje del capitán Pedro Franco es aliviador: “El grupo está triste porque es una familia, nos queremos mucho y duele. Pero por eso mismo nos respaldamos y tenemos que ser fuertes porque hay que salir adelante”.

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Lo único cierto es que, en medio de los juicios a Lara, los más laureados deben ser los jugadores, por su entrega, profesionalismo y amor patrio. Sus lágrimas son prueba de ello y su talento ha hecho que el abanico de jugadores de quien sea el técnico de la selección de mayores sea mucho más grande.

jramirez@elespectador.com

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