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‘Cheché’ y el regreso soñado

El estratega volvió de su retiro para dirigir a Júnior y logró su segundo título como entrenador y el séptimo de la escuadra barranquillera.

21 de diciembre de 2011 - 05:50 p. m.
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Fue en una rueda de prensa, tal vez su primera como técnico del Júnior, cuando lo dijo: “Vine para ser campeón”.

José Eugenio Hernández venía para reemplazar a Jorge Luis Pinto, quien se había ido del cuadro tiburón para dirigir a la selección de Costa Rica. Tras un retiro de dos años, el bogotano sentía que era el momento de volver, y de hacerlo en grande.

Odia el frío, la ruana, la cobija, incluso el gentilicio bogotano. Más de 20 años antes se había trasladado a vivir a Cali, y en la educación del calor había aprendido a preferir ciertas maneras, cierta informalidad, el desparpajo de las ciudades que están cerca del mar, del sol y la arena.

Por esa razón Barranquilla le pareció perfecta. Y cuando llegó, en el primer entrenamiento, lo entendió: hizo clic de inmediato con los jugadores, que se sorprendieron al ver que Cheché era distinto, acaso demasiado, de Pinto, el hombre que lo había recomendado.

De a poco, sin ser traumático, implantó un 4-2-3-1 que se fue haciendo reconocible. Sin embargo, tal vez logró algo más fundamental: establecer una mentalidad ganadora de visitante. Algunos triunfos (frente a América, Pereira, Once Caldas, entre otros) fueron fundamentales para clasificar y, a la postre, lograr el título. “Siempre era como eso, Júnior va a cualquier parte, va a sacar balones como sea. Y dije, no, hay buenos jugadores, podemos jugar, vamos a atacar, a ser protagonistas afuera”, afirmó alguna vez.

De algún modo, el gran influjo de Hernández ha sido ese: motivación. Durante su retiro pudo mejorar su relación con Dios, afirmar su confianza. Y, al parecer, supo cómo transmitir ese sentimiento de firmeza a los jugadores, quienes han logrado estampar un sello: las remontadas. Esos partidos complejos, en los que Júnior supo voltear un marcador adverso, fueron también vitales para el campeonato. En la memoria quedarán dos de esos encuentros (el 2-2 ante Chicó y el 3-0 ante Millonarios) y que el estratega, con su mentalidad, estuvo detrás de todo eso.

A medida que fue relacionándose con los jugadores, supo potenciar algunos valores individuales. Ya estaba Carlos Bacca, de alguna manera consagrado, a quien llevó a ser el goleador del torneo. Sin embargo, su gran descubrimiento fue Vladimir Hernández, el pequeño araucano a quien él animó para que desplegara su atrevimiento y su gambeta, y quien a la postre fue fundamental para conseguir la séptima estrella.

En el estadio Palogrande, exhausto, Cheché debía pensar todo eso, pero la alegría era más fuerte. Y entonces elogió a Once Caldas, como el caballero que es, y dijo: “Dios nos bendice”. Agradeció a la reina del Carnaval, Andrea Jaramillo Char, y sentenció: “¡En Barranquilla me quedo!”.

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