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De Mariquita a Barranquilla en bicicleta y en 36 horas seguidas: el nuevo reto del Sherpa

El Gregario de Letras se mide a su desafío más extremo: mil kilómetros sin dormir. Más que una prueba física, es un ejercicio de resistencia interior, en el que la fuerza se escribe con fe y pedal.

21 de octubre de 2025 - 08:00 p. m.
Juan Camilo Sierra, en su anterior reto en el Alto de Letras. / Foto cortesía de Juan Camilo Sierra y @fotografoaltodeletras.
Foto: Cortesía de Juan Camilo Sierra y @fotografoaltodeletras
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Hay cuerpos que parecen hechos para resistir. No porque no duelan, sino porque saben conversar con el dolor hasta hacerlo parte del camino. En el ciclismo actual, el mundo se rinde ante el “atleta total”, esa criatura forjada por la ciencia del alto rendimiento, por la nutrición milimétrica, por los datos que desnudan cada pedalada y el ícono de esa especie es Tadej Pogačar: dominador en adoquín y alta montaña, alegre en el sufrimiento, feroz en la constancia.

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Pero existe otra geografía del superatleta: la que no nace en laboratorios, sino en la vida real; la que se esculpe en las montañas de Colombia, entre cafetales y neblina, en los puertos, donde el aire es escaso y el corazón aprieta más que las piernas. Esa es la realidad de Juan Camilo Sierra, más conocido como: Sherpa, el Gregario de Letras.

Este sábado 25 de octubre, el Sherpa saldrá desde su natal San Sebastián de Mariquita (Tolima) rumbo a Barranquilla. No habrá paradas para dormir, solo para ir al baño rápidamente: será una sola línea de esfuerzo, cerca de mil kilómetros en unas 35 horas de pedaleo continuo. Un país entero atravesado en bicicleta, del corazón andino al borde del Caribe; del dulzor de la tierra del mangostino al aliento salado de la brisa costeña. No es el reto de la montaña vertical, sino el del tiempo horizontal: resistir cuando el reloj ya no perdona.

El Sherpa conoce el límite. En junio de 2023 subió tres veces, en menos de 24 horas, el Alto de Letras —la catedral de los puertos colombianos— para inscribir un récord mundial con 486,4 kilómetros y casi 15.000 metros de desnivel.

Un año después empujó más: cuatro ascensos en 36 horas, una locura de resistencia que imitó al Everest dos veces sobre dos ruedas. En la montaña, Sierra se hizo un nombre y un oficio: empujar a otros cuando las piernas temblaban, conversar con el que se quedaba, ser “gregario” del que aún soñaba con coronar. De ahí el apodo: Gregario de Letras. De ahí también su manera de entender el deporte: exigir el cuerpo hasta el borde, pero sin perder la humanidad.

Ahora cambia el teatro de operaciones. No habrá neblina que esconda el pico ni páramo que entumezca las manos. Habrá, en cambio, calor, humedad, terrenos traicioneros y caminos sin fin. Y, sobre todo, habrá que engañar al sueño: cuando pasen las 24 horas y la mente intente apagarse, el ciclista tendrá que encender otra luz por dentro. En el ciclismo de laboratorio, a eso lo llaman durability: la capacidad de repetir esfuerzos altos cuando todos los depósitos se vacían. En el diccionario del Sherpa se llama, simplemente, cabeza, corazón y ganas.

¿Cómo nació este nuevo reto?

He venido preparando este reto desde hace varios meses. Unos amigos de Barranquilla me habían invitado y me dijeron: “Sherpa, usted ya ha hecho varios retos como el del Alto de Letras y se ha atrevido con hazañas épicas. ¿Por qué no venir desde Mariquita en una actividad continua?”.

Esa idea me quedó rondando la cabeza y dije: “Pues, hagámoslo realidad”. Además, aprovechando que el Giro de Rigo es la semana siguiente al reto que hago, decidí hacer el reto y quedarme para participar en la carrera.

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¿Cómo ha sido la preparación?

Ha sido muy fuerte. He tenido entrenamientos de cinco, seis y hasta ocho horas, enfocados en el fondo y la resistencia. La parte nutricional ha sido clave, porque es fundamental para un rendimiento óptimo y estar en las mejores condiciones.

Antes de un reto como este, aumento un poco las cargas de carbohidratos y proteínas. Empiezo a comer más de lo normal, con el fin de tener el glucógeno suficiente en el cuerpo y toda la energía necesaria para pedalear más de 24 horas seguidas. Como de todo lo que da la tierra: carbohidratos, frutas, verduras; y en cuanto a proteína, pollo, pescado y carne, en una cantidad un poco mayor a la habitual. Todo con el fin de mantener el cuerpo fuerte y con buena reserva de energía.

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También es muy importante la recuperación: tomar buenos minerales como magnesio, potasio, vitamina C y complejo B; esas suplementaciones ayudan a que el cuerpo no se descompense.

¿Y cómo evitar el sueño durante tantas horas seguidas?

Hay que controlar mucho la mente, porque cuando uno pasa de las 24 horas, la cabeza a veces deja de enfocarse. Es como si la mente se apagara. La clave es saber manejarla: estar tranquilo, mantener el enfoque y la actitud. Es ir con todo, con ganas, con moral, con buena energía.

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Hay que controlar mucho la mente, porque cuando uno pasa de las 24 horas, la cabeza a veces deja de enfocarse. Es como si la mente se apagara.

Juan Camilo Sierra

Cuando lleva más de 30 horas pedaleando sin bajar de la bicicleta, ¿qué pasa por la cabeza?

Este tipo de retos son de altísima exigencia, muy desafiantes. El solo hecho de no dormir 35 horas seguidas lleva al cuerpo y la mente al límite. Es un esfuerzo de alto calibre, algo que muy pocas personas logran.

Confío en la preparación y en todo lo que hemos hecho. Sé las condiciones que tengo, tengo experiencia y eso me da tranquilidad. Ya sé qué comer, qué no hacer, cómo manejar los tiempos y qué ritmo llevar. Todo eso hace que uno llegue más preparado y que el reto salga de la mejor manera.

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Juan Camilo Sierra: el gregario del Alto de Letras / Foto cortesía de Juan Camilo Sierra y @fotografoaltodeletras.
Foto: Cortesía de Juan Camilo Sierra y @fotografoaltodeletras

¿Qué es lo que más le preocupa?

El calor, porque casi todos mis retos anteriores han sido en zonas frías: el Alto de Letras y el Alto de La Línea. Entonces, la temperatura será un cambio fuerte. Vamos a llevar hielo, mucha hidratación y estar muy pendientes de eso cada 10 o 15 minutos, para evitar golpes de calor o deshidratación, que son peligrosos. También me preocupa un poco la seguridad durante la noche, pero confiamos en que la Policía de Tránsito y Transporte nos acompañe durante todo el recorrido

En comparación con los retos anteriores, ¿ha cambiado algo?

Sí, un poco. Este reto es diferente, entonces empecé a entrenar en terrenos más variados, aunque sin dejar las subidas, porque eso me da confianza y fortaleza. He estado subiendo Letras, El Sifón… siempre activo con la montaña, porque eso me prepara bien para cualquier tipo de terreno.

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Mentalmente, también me siento tranquilo, motivado, con la energía al cien por ciento. Creo que este reto va a ser algo muy bueno y vamos a llegar de la mejor manera.

¿Cuenta con apoyo médico o un equipo detrás?

La verdad, lo hago solo. Ya tengo experiencia, he estudiado mucho el tema y he probado distintas cosas. Eso me ha enseñado y me da la confianza para saber qué hacer en cada momento.

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En esos momentos de cansancio, ¿qué da fuerza para seguir?

Mis padres, siempre. Ellos están ahí apoyándome como mi hermana y mi hermano, igual que las personas que me siguen y me envían mensajes de ánimo. Esa energía que recibo me impulsa mucho, y también trato de transmitirla. Esa motivación es la clave: la energía de la gente, el cariño, la fe. Siempre han estado pendientes de mis retos, y por eso voy con moral, positivo y para adelante con este nuevo desafío.

¿Qué le motiva más: demostrar que puede o inspirar a otros?

Creo que soy un claro ejemplo de superación. Más que demostrarme algo, busco inspirar a otras personas. Que vean que todo es posible cuando uno se lo propone, que nada es imposible. Eso es muy bonito, que lo tomen como ejemplo para la vida y que les sirva de motivación para alcanzar lo que sueñan.

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Pogacar disfruta el dolor. ¿Usted cómo lo vive?

Llega un momento en que uno quiere bajarse y no seguir, pero ahí es cuando hay que tener la mente clara y enfocada. Desde siempre, en cada reto, he sentido ganas de llorar, fatiga, cansancio…, pero tengo la mente muy fuerte y concentrada para no rendirme. La cabeza es lo más importante.

Cada reto deja una huella y marca un camino. Siempre me ha gustado hacer cosas diferentes, locas como dicen muchos, pero que marcan la historia. Me gusta llevar el cuerpo y la mente al límite.

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Este recorrido une tu tierra con el mar. ¿Cómo te imaginas el paisaje y qué emociones esperas vivir?

Va a ser algo nuevo para mí. Siempre he hecho retos en altura, en montaña, y este será totalmente plano. Voy a pedalear desde el corazón de Colombia hasta el mar Caribe. Va a ser algo muy bacano. Espero que el clima nos acompañe y podamos adaptarnos bien.

Cada reto deja una huella y marca un camino. Siempre me ha gustado hacer cosas diferentes, locas como dicen muchos, pero que marcan la historia. Me gusta llevar el cuerpo y la mente al límite.

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¿A quién le dedica este reto?

Primero que todo, a Dios, por darme la oportunidad de hacer este tipo de retos, por la vida, la salud y todas las cosas positivas que me ayudan a crecer y ser mejor persona. También se lo dedico a mis padres y a mi novia, que siempre han estado ahí apoyándome.

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Por Kevin Stiven Ramírez Quintero

Formado en la Pontificia Universidad Javeriana. Interesado en temas musicales, deportivos, culturales, turísticos, gastronómicos y tecnológicos. Le gusta realizar crónicas, trabajar temas en tendencias SEO y la cobertura de eventos en vivo de alcance internacional. Ganador del Premio Simón Bolívar en 2021. kevins_ramirez kramirez@elespectador.com
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