La historia del ciclismo en Colombia no solo se escribe con vatios y podios en Europa, sino que se cimenta también sobre bicicletas que desafiaron la geografía andina cuando las carreteras eran apenas polvo. En el inicio, detrás de los ciclistas hubo un carro precario que los acompañó en las primeras pedaladas.
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Andrés “Chato” Garzón nació en 1944. Ha sido testigo excepcional de la evolución de su ciudad, Zipaquirá, muy cerca de Bogotá, y ha dedicado años a una carrera personal: rescatar a “La Julia”, la camioneta Ford F-150, modelo 1946, que sirvió de apoyo a Efraín “el Zipa” Forero en la primera Vuelta a Colombia, en 1951, en la que fue campeón.
La camioneta de color verde ahora está restaurada y se encuentra en el camino hacia las Minas de Sal. El “Chato” Garzón lideró su recuperación —mecánica y sentimental—, el retorno a la vida de “La Julia”, que en su placa está marcada: 1951, Vuelta a Colombia.
Antes, en las grandes competencias, se veía a los ciclistas con los tubulares cruzados en sus pechos, se bajaban y reparaban ellos mismos las averías a la orilla de los diferentes caminos. A inicios del siglo XX las caravanas de carros empezaron a acompañar a los corredores. “La Julia” carga esa historia, posee la magia de haber recorrido la accidentada geografía del país en las primeras 10 etapas de la vuelta a Colombia. La camioneta de apoyo no solo fue un auxilio mecánico, sino un símbolo de supervivencia que seguía a los escarabajos.
No solo llevaba las bicicletas de repuesto, había tubulares, agua, algo de comida y los sueños de un país que empezaba a descubrirse a sí mismo a través del esfuerzo de sus ciclistas. Su conductor era Gregorio Gómez, a quien apodaban “el Rayado”, y era el fiel guardián del “Zipa”.
“El Zipa”, el primer gran héroe de nuestro ciclismo
Una publicación de El Espectador recuerda que “el Zipa” Forero siempre corrió tan sobrado, que decían que se remolcaba. Antes de empezar la Vuelta a Colombia, el corredor Luis Galo Chiriboga lo había retado, le dijo que le iba a ganar la carrera. Sin embargo, al ver que el cundinamarqués le sacó tanta ventaja al resto en las primeras etapas, regó la bola en la prensa de que “el zipaquireño” se colgaba de los carros para subir más rápido.
Forero se ofendió al escuchar el chisme y le dijo a un periodista en Manizales, supuestamente el encargado de expandir el rumor, que se subiera a “La Julia” y lo acompañara en la carretera. Así vería con sus propios ojos que él no necesitaba de ningún remolque.
“El Zipa” nació un 4 de marzo de 1930. Empezó a los 10 años como mensajero, y así compró su primera bicicleta. Al convertirse en campeón de la primera Vuelta a Colombia, cuando ganó siete de las 10 etapas disputadas, Efraín Forero se convirtió en una celebridad nacional. “Su proeza fue reseñada por la radio y los periódicos. Le llovieron promesas de fortuna, casas y lotes, pero ninguna se concretó. Tuvo que volver a la fábrica de soda donde trabajaba, y allí sus compañeros lo recibieron con una colecta que habían hecho entre los empleados”, reseña el Banco de la República.
La etapa de “La Julia”
El “Chato” Garzón aprendió a montar bicicleta cuando tenía 12 años. Nació en 1944. Desde muy pequeño era amante del ciclismo y su mayor afecto lo tenía Rafael Antonio Niño, el ciclista más ganador de la Vuelta a Colombia con seis títulos.
Cuenta que un día, mientras caminaba en Bogotá, pasó por un almacén y allí empezaría la etapa más importante de su vida. Encontró una réplica que todavía tiene y que le gusta sostener en su mano, una camioneta de juguete igual a la que acompaño al “Zipa” Forero en 1951, de color verde. Es idéntica a la reliquia que ya había encontrado pudriéndose en un taller. “Tenía el recuerdo vivo de esa camioneta y decidí que debía restaurar la original”, dijo en entrevista con este diario.
En 1951 el municipio prestó el vehículo para acompañar la aventura de Forero. “Su función era cargar las bicicletas de repuesto, entre otras cosas”. El nombre del vehículo, sin embargo, sigue siendo un enigma que la memoria oral no ha podido descifrar. “Ni siquiera Hugo Forero, el hermano del ‘Zipa’, supo decirme quién le puso así, pero para todo el pueblo siempre fue ‘La Julia’”, afirma y sonríe.
“‘La Julia’, después de la Vuelta a Colombia, estuvo años trabajando en el acueducto municipal, cargando materiales hasta que la “chatarrizaron” y la botaron como basura, y terminó cubierta de maleza y podrida”. Le tomó tiempo presentar la idea a varios alcaldes, “hasta que finalmente llegó el apoyo con el que logramos desenterrarla y devolverle su gloria”.
Ahora “La Julia” es igual a aquella réplica que este zipaquireño había comprado en la capital. Sonríe y dice que fue como hacer un tour del recuerdo y la esperanza. Fue su propia carrera, de varias etapas, con pinchaduras y premios de montaña, pero al final logró llegar a la meta.
La camioneta se encuentra en el parque Villaveces, puerta de entrada a la Mina de Sal, acompañada por un mural de Egan Bernal, que reafirma cómo el país se descubre a sí mismo a través del esfuerzo de sus ciclistas. Zipaquirá tiene la magia de la sal y de “La Julia” como testigo de excepción. En el mismo sitio en el que nació “el Zipa” Forero, unos años después aparecería el primer latinoamericano en conquistar el Tour de Francia: Egan Bernal.
En la línea de meta
Finalizando noviembre del año pasado “La Julia” volvió a la competencia. Fue entregada en Zipaquirá, y estuvieron aficionados, familiares del “Zipa” y los nuevos campeones: Egan Bernal, Rigoberto Uran, Nairo Quintana, entre otros. Allí estaba también Santiago Forero, nieto del primer campeón de la Vuelta a Colombia.
“Llevar el nombre de mi abuelo es un honor”, le dijo a este diario. “Es un orgullo que refresca la identidad de todo un pueblo”.
La presencia del vehículo en un lugar tan emblemático no es un hecho menor. Para Forero, “La Julia” es un recordatorio de que Zipaquirá es cuna de gente grande y deportistas que han marcado la historia. “Es un puente entre la tradición de mi abuelo y la realidad de figuras contemporáneas como Egan Bernal. Comparto una cercanía personal de años con él. Lo acompañamos con mi abuelo al recibimiento tras su triunfo en el Tour de Francia, en 2019”.
Agrega que se siente muy feliz. “Realmente lo que mi abuelo hizo fue para ellos, abrir el camino para las generaciones actuales y todo ese talento que hay en Colombia. Su hazaña fue la base para lo que hoy son Nairo, Rigo, Egan y todos los que vienen detrás”.
Ahí, mientras miraba “la Julia”, Egan Bernal les comentó a los asistentes: “Estar nuevamente aquí es maravilloso, ‘el Zipa’ Forero es un gran orgullo para todos”. Y Nairo agregó: “Para nosotros los deportistas, los ciclistas, tienen mucho significado este tipo de monumentos, felicitar a todos los que hicieron este gran proyecto”.
“La Julia” es como la cabeza del pelotón para ingresar a la Catedral de Sal de Zipaquirá. Su gerente, Yenny Páez Sabogal, le dijo a El Espectador: “Así como la mina de sal ha roto récords de ingresos y visitas en los últimos cuatro años, la presencia de ‘La Julia’ permite que el destino siga haciendo historia”.
Y sostiene que al integrar este “monumento rodante” en el entorno de la mina, se ofrece a los turistas nacionales y extranjeros un punto de conexión emocional con las raíces del deporte colombiano, consolidando a Zipaquirá como un lugar mágico donde la fe y el patrimonio están en el recorrido de 180 metros bajo tierra en sal. La catedral, además, celebró 30 años en diciembre de 2025.
El “Chato” camina despacio, rodeando la camioneta como quien recorre una etapa del recuerdo. Su respiración es pausada y se mezcla con las gotas de lluvia que empiezan a caer. Hace frío y “La Julia” es un testigo silente, lista para seguir transportando las ilusiones de nuevos escarabajos.
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