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La recuperación de Fernando Gaviria

Este domingo se corre la edición 116 de la París-Roubaix, una carrera que era el objetivo del ciclista colombiano, en 2018. Ahora, se recupera en Medellín de una lesión en el metacarpo de la mano izquierda.

06 de abril de 2018 - 09:00 p. m.
Fernando Gaviria ha ganado cuatro etapas esta temporada. / Vuelta a San Juan
Foto: TDW - Tim De Waele
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A la hora de embalar, Fernando Gaviria se vuelve inalcanzable. Son unos cuantos, contados con los dedos de una mano, los que le hacen frente, y en muchas ocasiones tienen que rendirse ante la potencia del pedalista colombiano. Es incontenible en los metros finales, cuando el ciclismo se convierte en una danza llena de estrategias. En pasos finamente calculados que se quiebran con el cambio de ritmo del más audaz. En esos últimos metros acelera con ambición en busca de la victoria para terminar abriendo los brazos como un emperador. (Lea también: Fernando Gaviria, un clasicómano en formación)

A Gaviria, tan joven, tan dotado, se le extrañará en la París-Roubaix. Era uno de los objetivos de su temporada. Sin embargo, una caída en la sexta etapa de la Tirreno-Adriático lo obligó a aplazar ese propósito. Sufrió una fractura del metacarpo de la mano izquierda. Después del accidente tuvo que someterse a una intervención quirúrgica en el hospital AZ Herentals en Bélgica para reparar la lesión. Estuvo una semana quieto. No podía hacer rodillos, ni gimnasio. “Descansó unos días en la casa. Estuvo en control médico en Medellín y en ocasiones salía a comer con los primos. Fue un tiempo de reposo total”, le dijo a El Espectador Hernando Gaviria, papá de Fernando.

Una vez le quitaron el yeso, una semana después de la caída, continuó usando una férula de protección. Comenzó con una movilización activa asistida y realizó ejercicios de extensión y flexión. Fue la parte más difícil de las terapias: el dolor aún estaba ahí tan vivo y tan intenso como si recién hubiera sufrido el golpe. No podía apoyar la mano ni sostener ningún objeto con ella. Sin embargo, nunca desistió. Trabajó intensamente en la rehabilitación de su mano izquierda. Con el pasar de los días la molestia quedó de lado, continuó con los ejercicios de movilidad activa asistida y activa suave y pasó al fortalecimiento con plastilina. (Le puede interesar: Fernando Gaviria, a la sombra de la locura)

En esos días su trabajo en la bicicleta se limitó a los rodillos. No podía hacer nada más y tampoco se podía extender en ese entrenamiento. Apenas el sábado 31 de marzo pudo volver a rodar. No lo hizo por más de dos horas, pero fue tan intensa su emoción que la compartió por redes. Esta semana regresó a prácticas. Lo hizo por el Oriente antioqueño. La Ceja, Santa Helena y Piedras Blancas son los lugares que más recorrió. La mayoría de las veces montó solo. “Lo hace así porque no le gusta madrugar. Sale después de las 8:00 a.m. y pedalea por dos o tres horas. Siempre ha sido así”, afirmó Hernando.

Gaviria está enfocado en volver al 100 %. No le gusta nada a medias. En su mente únicamente cabe una palabra, la del triunfo. “Que venga lo que venga, me siento un ganador”, es lo que se repite una y otra vez. Así como dice una canción de Nicky Jam, El ganador, la que siempre escucha, la que lo acelera, la que lo describe. Trabaja insistentemente por regresar en pleno. A mediados de abril viajará nuevamente a Europa para ponerse a órdenes del equipo Quick Step. La esperanza está puesta en la Lieja-Bastoña-Lieja, que se disputará el 22 de abril, pero eso sólo se definirá cuando regrese al Viejo Continente. Sin embargo, se espera que esté en el Tour de California, que se correrá del 13 al 19 de mayo.

Por ahora será un televidente de lujo de la París-Roubaix. Esa clásica en la que añora extender sus brazos y que este año contará con 29 sectores empedrados. La carrera de un día a la que los propios organizadores designan la “reina de las clásicas”, la “dura de las duras”. En la que el holandés Niki Terpstra, compañero suyo en el Quick Step, aparece como uno de los favoritos para quedarse con el triunfo, tal y como lo hizo hace una semana en el Tour de Flandes, decimosexto título en un monumento del ciclismo en la historia del equipo belga. Este domingo, mientras entrena, aunque su cuerpo esté rodando por el Oriente antioqueño, sus pensamientos y sus sentidos estarán puestos en ese trayecto de 260 kilómetros que espera algún día conquistar.

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