Como el ave fénix de la leyenda mitólogica griega, que tras ser consumida por el fuego resurgía de sus cenizas cada cinco mil años para aparecer con dones extraños entre los que estaban el que sus lágrimas eran curativas, con una fuerza sobrenatural y gran resistencia física, Nairo Quintana, al que casi todo el mundo daba por “muerto” en el Tour de Francia, se levantó de sus cenizas para convertirse de nuevo en candidato a la victoria final. (Renace Nairo y aguanta Urán en el Tour)
El líder del equipo Movistar y el español Alberto Contador –dos corredores a los que los primeros de la general miraban ya por encima del hombro- fueron los grandes protagonistas de una jornada que no tuvo respiro, que se luchó con coraje en las cimas pirenáicas, que partió el gran lote en cien pedazos reviviendo jornadas memorables de Tours pasados en los que figuras que pasaron a la gran historia de la carrera, como Coppi, Gaul, Merckx o Luis Ocaña, se vaciaron en una lucha titánica en búsqueda de la gloria.
La fiesta nacional de Francia tuvo visos de gloria porque esta vez dos colosos que hasta ayer arrastraban la amargura de la derrota se rebelaron y no quisieron someterse a esos ataques de los últimos metros de las etapas en los que apenas se ganan y se pierden segundos para intentar lo imposible desde bien lejos y en la que así mismo el ganador del día fue uno de sus hijos, Warren Barguil, quien se aprovechó del brillante trabajo realizado por Nairo Quintana para batirlo en la línea de llegada. A 70 kilómetros de la meta, en los metros finales del ascenso del Mur de Peguere, Contador, aún maltrecho por tantas veces que ha rodado por el pavimento, recobró ese espíritu de guerrero que nunca le ha faltado y se marchó, con Mike Landa a su rueda y unos minutos más tarde, tras un corto descenso, al inicio de la escalada al Col de Anges el que le dijo adiós al lote de los favoritos fue Nairo Quintana, impulsado por su compañero Carlos Betancur.
La batalla fue intensa pues pronto Nairo comenzó a acercarse a los dos punteros, con Michal Kwiatkowski y Warren Barguil pegados como estampillas a su rueda. Ninguno de los dos quiso colaborarle un solo momento para poner el paso y por eso el boyacense tuvo todo el peso de la persecución, sin quejarse y sin pedir una ayuda mientras el gran lote, que llevaba a los primeros de la clasificación general iba perdiendo segundos. En el premio de montaña la ventaja de los dos españoles era de 30 segundos sobre sus tres perseguidores pero en el nuevo descenso Nairo arriesgó para acercarse hasta los 12 segundos. Atrás Aru y Froome encabezaban el lote a más de dos minutos.
En el Muro de Peguere, también de primera categoría, siguió el formidable tira y encoge entre los dos grupitos de cabeza y al final de la dura cuesta Nairo llegaba a la rueda de los dos punteros mientras que atrás se sucedían los ataques entre los cuatro primeros de la general sin que ninguno de ellos pudiera sacar ventaja. Rigoberto Urán se mostraba muy firme al responder con celeridad a todos los arranconazos y al intentar irse al frente en el descenso. (Vea el especial del Tour de Francia)
La descolgada final fue trepidante ya que Contador le daba con todo para ayudarle a su compatriota Landa, que se estaba acercando peligrosamente a los primeros puestos de la general, sin que en ningún momento se echara para atrás porque era de un equipo diferente y en la meta no tuvo ningún problema en manifestarlo abiertamente. Cosa bien diferente a lo que ha pasado entre corredores colombianos en el pasado que sacan como pretexto esta circunstancia para no colaborarse.
Los diarios europeos y en especial los españoles, con excepción de El País de Madrid en el que Carlos Arribas señala que “el peligro de Landa, que estaba a 2.55 del sardo, y de Nairo, más lejano pero con la posibilidad de volver a convertirse en un incordio después de haber sido dado por acabado”, resaltan la actuación del español que ahora está a 1.09 de Aru pero poco se fijan en que el que sacó el mejor provecho en la emotiva batalla del día fue el colombiano Nairo Quintana, quien se puso a 2.07 del puntero cuando por delante quedan tres etapas de media montaña, que tienen terreno para hacer nuevas diabluras y en especial dos días que pueden llegar a ser de verdadero terror en las cimas de Los Alpes que se elevan sobre los dos mil metros en los que este corajudo boyacense puede dar un nuevo golpe. Si el escalador colombiano encontró su ritmo y si como ocurrió en años pasados su rendimiento mejora en la última semana de carrera y continúa en el nivel que se le vio este viernes. en el que batalló solitario con alma, vida y sombrero sus rivales “van a tener que tenerse de atrás”, como se dice popularmente. Aún hay mucho Tour por delante y todo puede suceder porque el que se creía ayer como el gran derrotado puede pelear de tú a tú con quienes hoy están en las casillas de privilegio.