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¿Por qué la victoria de Wout van Aert en la París-Roubaix fue tan especial y emotiva?

El ciclista belga venció a Tadej Pogacar en el velódromo de Roubaix y se quedó con el monumento que más quería ganar.

13 de abril de 2026 - 01:00 p. m.
Wout van Aert celebra su consagración en la París-Roubaix.
Foto: EFE - CHRISTOPHE PETIT TESSON
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Wout van Aert escribió este domingo una de las páginas más emotivas de su carrera al conquistar la París-Roubaix 2026, tras imponerse en los metros finales nada menos que a Tadej Pogacar. En el velódromo André-Pétrieux, el belga demostró por qué es uno de los grandes clasicómanos de su generación.

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En los últimos metros, Van Aert resistió el ritmo de Pogacar, esperó su momento y lanzó un esprint perfecto tras la última curva del velódromo. En el Infierno del Norte, donde tantas veces se le escapó el sueño, encontró su consagración. Ya había sido segundo y tercero, solo le faltaba un escalón del podio por completar,

“Ese fue el momento en el que decidí quedarme a su rueda en el pavé, para que no me atacaran más por detrás. En esa curva, por un instante entendí por qué Tadej es el hombre más fuerte de todo el pelotón”, dijo Van Aert tras la victoria. “Fue un buen ataque por su parte al que apenas pude responder”.

Con este triunfo, Van Aert alcanzó un registro impresionante en su palmarés: ya suma dos monumentos en su carrera, tras añadir la París-Roubaix 2026 a la Milán-San Remo que conquistó en 2020. Pasaron 73 meses entre uno y otro, una espera larga para un corredor de su calibre.

Van Aert es un ciclista difícil de definir, pues es uno muy completo, potente y técnico, capaz de rendir al máximo nivel en clásicas de un día, en contrarrelojes y también en grandes vueltas como gregario de lujo. Su tamaño y resistencia lo convierten en un arma táctica, tanto para ganar como para construir victorias ajenas.

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Pogacar, por su parte, sigue siendo un rival prácticamente insuperable cuando se trata de carreras de tres semanas, donde su relación peso-potencia y su capacidad en montaña lo hacen devastador. Pero recorridos como el de la París-Roubaix equilibraron las condiciones para un desenlace dramático.

El propio esloveno lo reconoció tras cruzar la meta. “Cuando Wout atacó, pude seguirle, pero no tenía suficiente energía en las piernas para descolgarle en el adoquín. Intenté contraatacar, pero corrió muy inteligentemente. Trabajamos bien juntos hasta la meta”, explicó el campeón del mundo tras la carrera.

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Pogacar también admitió que el desenlace estuvo marcado por la potencia del belga. “Sabía que era muy rápido, así que el sprint siempre iba a ser difícil para mí. Di lo mejor de mí, pero hoy fue más fuerte y mereció la victoria. Sigo estando orgulloso y contento con el resultado”, concluyó sin excusas.

Una dedicatoria especial

Van Aert explotó en emoción apenas cruzó la línea con un dedo señalando el cielo. “Desde 2018, desde la primera vez que corrí esta carrera, ha sido mi objetivo ganarla y poder apuntar mi dedo al cielo por Michael. Esta victoria es para él, y también para su familia”, dijo el belga, todavía conmovido. “He dejado de creer muchas veces, pero al día siguiente me levantaba y volvía a soñar de nuevo”.

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Michael Goolaerts fue un joven ciclista belga, compañero y amigo de Van Aert, que falleció en la París-Roubaix de 2018 tras desplomarse durante la carrera. Ambos nacieron en 1994 y eran de la misma región de Bélgica, por lo que convivieron durante mucho tiempo, aunque durante años como rivales antes de ser compañeros de equipo. El mismo año de la tragedia coincidieron en el equipo Vérandas Willems-Crelan.

Aquel día, Goolaerts colapsó en pleno recorrido, fue atendido de urgencia y trasladado en helicóptero, pero no sobrevivió. Tenía apenas 23 años cuando murió. Desde entonces, su nombre quedó ligado para siempre a Roubaix y Van Aert lo recordó este domingo como quien paga una deuda emocional.

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El triunfo también tuvo eco inmediato en su equipo. Merijn Zeeman, directivo de Visma | Lease a Bike, fue contundente tras la carrera: “Su carrera está ahora completa”. Juntos llevaban años persiguiendo este monumento, acumulando golpes, caídas y frustraciones en el mismo escenario.

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Además, su triunfo cortó una seguidilla histórica, la del neerlandés Mathieu van der Poel, quien había ganado las últimas tres ediciones de la París-Roubaix de manera consecutiva, y parecía dueño absoluto de ese trono hasta este domingo. El ciclista del Alpecin-Premier Tech se tuvo que conformar este año con el cuarto lugar.

¿El ciclista más completo de su generación?

Van Aert vive para estos momentos de protagonismo, para ese tipo de carreras. Su palmarés es el de un ciclista exitosa, con 52 victorias como profesional, pero también ha demostrado que sabe cuándo renunciar a la gloria personal.

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La prueba está en su papel dentro de las grandes vueltas. Van Aert fue pieza clave en los dos Tour de Francia ganados por Jonas Vingegaard, trabajando como un gregario que parecía un líder más. Y también ayudó a Adam Yates en el Giro del año pasado, sobre todo en la última jornada de alta montaña.

Su legado, además, va mucho más allá de la ruta. El belga es tricampeón mundial élite de ciclocrós (2016, 2017 y 2018), una disciplina que moldeó su agresividad y su técnica. Esa escuela, hecha de barro, curvas cerradas y cambios de ritmo, es la misma que hoy le permite dominar el pavé como si fuera terreno natural.

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Todavía no está claro qué grandes vueltas correrá esta temporada, pero hay una certeza en el pelotón y es que cuando Van Aert está en la línea de salida, siempre es candidato a ganar una etapa y a cambiar el guion de una carrera. Y cuando no gana, suele ser porque está trabajando para que su jefe de filas vista la camiseta más importante.

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Foto: El Espectador

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Por Daniel Bello

Periodista de la Pontificia Universidad Javeriana. Fue practicante de Pacifista entre 2020 y 2021. Desde el 2019 escribe sobre fútbol, política e historia en El Espectador. Tiene experiencia cubriendo paz, mundo y medio ambiente. daniel_eudosio dbello@elespectador.com
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