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¿Cómo reunir tantas estrellas?

El tras bambalinas del Deportista del Año.

04 de diciembre de 2010 - 03:54 p. m.
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Reunir 20 de los 34 ganadores que ha tenido el Deportista del Año de El Espectador para celebrar las Bodas de Oro, el pasado miércoles, fue una tarea ardua, simpática y llena de anécdotas.

La primera labor fue llamar a las diferentes federaciones para pedir los números telefónicos. La primera gran sorpresa fue la respuesta de la de natación, cuando al escuchar el nombre de Íngrid Berg, ganadora de 1961, respondieron: “Íngrid Berg, ni idea”. Y así fue, ni idea dónde está. La buscamos en el directorio, en la embajada alemana (sus padres son de ese país) y hasta un aviso social se emitió en el programa de Caracol Radio, La Luciérnaga y nada. Misión imposible.

Pero posible fue y hasta fácil resultó contactar a Martín Emilio Cochise Rodríguez, quien viajó desde Medellín, lo mismo que María Luisa Calle y Santiago Botero. Un par de llamadas más se tuvieron que hacer para conseguir a Álvaro Mejía, Helmut Bellingrodt, Pablo Restrepo, Cristóbal Pérez, Fernando Cammaert, Fidel Bassa y Bernardo Tobar, pero todos fueron finalmente contactados y agradecidos vinieron. Lo mismo ocurrió con María Isabel Urrutia, mientras que para encontrar a la también pesista Mábel Mosquera tuvimos que hacer un trabajo casi que de inteligencia para “rastrear” su teléfono y conseguirla finalmente en Bucaramanga.

Concretar a El Rocky Valdés fue un poco más difícil. Él no tiene celular y nunca está en casa. Después de 20 días de llamadas sin éxito, la invitación se le hizo a través de su esposa, Ana, quien en pocos minutos cuadró el viaje no sin antes recomendarnos a su marido. “Por favor, me lo cuidan, me lo recogen en el aeropuerto, apenas llegue a Bogotá me llaman, qué tal se pierda”.

Con el caso del campeón Antonio Cervantes Kid Pambelé, el mensaje fue transmitido a su hijo José Luis, quien dijo que su padre venía pero en compañía suya, porque sus condiciones de salud ya no le permiten viajar solo.

Del exterior aceptaron gustosos la invitación Alonso Zapata, quien viajó desde Puerto Rico; Ximena Restrepo, de Chile; Pedro Antonio Zape, de Ecuador, y Clara Juliana Guerrero, de Estados Unidos.

La búsqueda, fácil por cierto, para conseguir a la estrella del año, el beisbolista Édgar Rentería, se hizo a través de la periodista Paula Jaramillo, quien cuadró hasta el más ínfimo detalle del viaje del barranquillero desde Miami, claro está, en primera clase.

El sí de Carlos Valderrama se dio 12 horas antes del evento. No porque él no hubiera querido, sino porque hasta el día anterior había estado fuera del país. A las 8:00 p.m., el presidente de la Colfútbol, Luis Bedoya, se lo encontró en Barranquilla y le mandó nuestro mensaje. Carlos nos llamó y a las 11:30 p.m. le enviamos su tiquete, sin recibir respuesta. Así que pensábamos que ya no vendría, más cuando su hora de vuelo era a las 6:00 a.m. Pero El Pibe demostró una vez más su sencillez y a las 7:30 a.m. del día de la ceremonia ya estaba en Bogotá y gozó la celebración como un niño chiquito.

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