Tras el estrechón formal de manos, no dejó de sorprenderle escuchar del técnico rubio y de tez blanca aquel “bienvenido” en un perfecto español e incluso llegó a pensar que estaba en cualquier lugar menos en plenos Balcanes, cuando el propio entrenador le indagó nuevamente en castellano por el presente de Freddy Rincón.
Entonces los nervios normales de cualquier presentación ante tantos medios de comunicación desaparecieron en cuestión de segundos y antes de enfundarse la camiseta del Estrella Roja de Belgrado, Cristian Martínez Borja ya era todo sonrisa gracias a Robert Prosinecki, uno de los íconos recientes del otrora fútbol yugoslavo, que se estrena como DT.
El delantero chocoano, que seis meses atrás había recibido de Zico la rojinegra del Flamengo, lejos estaba de imaginarse que otra figura, casi de orden mundial, daría el visto bueno para cumplirle el sueño europeo y por si fuera poco, hablaba su mismo idioma.
“No me aguanté las ganas y le pregunté por qué tenía un español tan bueno, se rio y me dijo que si no lo había visto jugar alguna vez”, reconoció el colombiano, quien acudiría minutos después a la internet para comprobar que el croata se había dado el lujo de actuar en el Real Madrid y el Barcelona, además de lucir también en el Oviedo y el Sevilla de la liga ibérica.
‘Prosi’ no alcanzó a compartir en el vestuario del Bernabéu con Rincón, porque cuando Freddy llegaba a la capital española, él la abandonaba para convertirse en blaugrana, pero el ahora entrenador le confesó a Borja, como se le conoce al atacante formado en el Sugamuxi de Sogamoso, ser “un admirador de esa selección colombiana de Italia 90” y que enfrentó en ese Mundial.
Cristian apenas tenía dos años de vida en ese entonces, pero igualmente tuvo tema para entrar en confianza ante un entorno desconocido… “Justo el día que llegué conocí la nieve, las calles de Belgrado estaban blancas, aunque no le entendía nada a la persona que me recogió en el aeropuerto, entonces al tener con quién hablar, pues ya la cosa fue distinta”.
Cambio extremo sin duda, el cual había vivido para el segundo semestre de 2010, cuando del modesto Caxias pasó al Flamengo, “el club en el que todo futbolista brasileño sueña jugar y el cual me dejó experiencia y un nombre”.
Admite eso sí que “no logré lo que quería y podía dar, pero igual fue un orgullo vestir esa camiseta, porque es de peso y que te exige bastante. Llegué en un momento difícil y a ocupar la plaza que había dejado Adriano, todo un honor al que traté de cumplir con empeño y fue así como algunas personas vieron mi trabajo”.
Una de ellas fue Dejan Petkovic, legendario mediocampista serbio y actual enganche del club de Rio, “con quien nos entendimos bastante bien en los entrenos y en varios partidos. Un día me preguntó que si me interesaría jugar en Europa, le dije que sí y ya él se encargó de hacerme la conexión para irme al Estrella Roja”, club del que conocía muy poco, pero en el que aún “recuerdan a ‘Mao’ Molina, que estuvo en 2007 y dejó huella”.
Aterrizó en enero con -10 grados de temperatura y aunque “iba preparado mentalmente a enfrentar semejante frío y lo que fuera”, para fortuna suya, “la primera parte de la pretemporada se ha cumplido en Montenegro, porque ahí no está nevando”.
Y en esa nación, que hasta hace cuatro años era una sola con Serbia, Borja se estrenó el miércoles en un amistoso frente al Grbalj, en el que no marcó pero sí fue inicialista y además participó en la primera jugada de gol que convirtió Mijailovic.
A Cristian por ahora le “cuesta hasta pronunciar los nombres de los compañeros, pero todo será cuestión de tiempo y paciencia”, lo mismo que tuvieron los balcánicos para superar tantos conflictos y divisiones. Hoy en ese mismo lugar el colombiano emprende su particular batalla.