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El golf es Tiger, Tiger es el golf

Nadie como Woods representa con tanta fuerza y dependencia un deporte del que él es el rey.

13 de diciembre de 2009 - 02:52 p. m.
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La semana pasada, durante el Cuatro Tours de Castellón, Sergio García habló en nombre de los golfistas españoles: “Todos estamos con Tiger. Es el mejor deportista de la historia y ha hecho muchísimo por el golf. Nuestro apoyo es total”. Aunque pareciera un discurso hecho, no lo era. Los golfistas españoles, los británicos, los estadounidenses, el golf en general, vive de Tiger Woods con una dependencia única en el mundo del deporte. Ninguna disciplina depende tanto de su número uno como el golf de Woods. Cómo sobrevivió la NBA sin Michael Jordan o la F-1 sin Michael Schumacher puede ser un juego de niños con lo que supone para el golf la orfandad sin Woods, mucho más que un número uno.

Todo en el golf gira en torno a El Tigre, principio y fin. Sus rivales saben que es imprescindible por la cantidad de dinero que mueve en el circuito, los patrocinadores invierten en el green porque lo pisa Tiger y las televisiones siempre enfocan a la gran estrella y uno de los emblemas mundiales del deporte. “Lo necesitamos más que a nadie”, admite el excéntrico John Daly.

Woods ingresa unos 77 millones de euros al año entre su participación en los torneos, el diseño de campos y sus contratos publicitarios. Pero el dinero que mueve a su alrededor se multiplica por 10. Un ejemplo cercano: el pasado noviembre, el estado australiano de Victoria pagó dos millones de euros a Woods (la mitad salió de la caja pública) para que jugara durante cuatro días el Masters de Melbourne. ¿Una locura? ¿Un despilfarro? Todo lo contrario. Un torneo modesto, con una bolsa de premios de 750.000 euros, se convirtió en un show que congregó a 150.000 espectadores con una multitud agolpándose en cada hoyo. El retorno publicitario fue seis veces mayor que el dispendio. Negocio redondo.

Así funciona siempre con El Tigre. Es un valor seguro. Por eso los organizadores prefieren dar a Woods lo que pida y dejar las migajas para el resto que contar con los mejores golfistas mundiales a excepción de Woods. El californiano vende más que Phil Mickelson, Padraig Harrington, Lee Westwood, García y los demás golfistas del planeta juntos. Así que, antes de dar el primer drive, Woods ha ganado ya más dinero (aunque sea bajo el disfraz de contratos publicitarios, pues los fijos están prohibidos) que el ganador del torneo cuatro días después.

Así está el negocio y así comen el golf y los jugadores de la mano de Tiger. Durante su baja de ocho meses por una lesión de rodilla, entre 2008 y 2009, las cadenas estadounidenses NBC y CBS calcularon una pérdida de audiencia de entre 10 y 20% y Golf Channel de 30%. El desempate del Open de Estados Unidos, que, antes de operarse, Woods ganó cojo a Rocco Mediate en junio de 2008 (el último de sus 14 grandes, y ahí está el único gran reto que le queda: superar los 18 de Jack Nicklaus) fue seguido por 16 millones de espectadores, el mejor registro de la NBC en 30 años.

La renuncia momentánea de Woods al golf profesional encendió la luz roja. Si el golf cotizara en bolsa, se habría desplomado. “Hemos retransmitido torneos sin Tiger antes, pero todo el mundo sabe lo que supone que esté jugando él. Nos ajustaremos. Todo dependerá de lo indefinida que sea su ausencia. El golf es un deporte lo suficientemente fuerte, aunque con Woods es un deporte mucho más grande”, explicó Sean McManus, presidente de CBS, la cadena que retransmitirá los torneos.

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