¿Se puede decir que usted integra el mejor equipo del mundo de la actualidad?
La pregunta inicial no sorprende al espigado delantero del Inter de Milán, más bien provoca una sonrisa de orgullo que se escucha nítida a través del teléfono. Luego de algunos segundos de reflexión, Julio Cruz ensaya una respuesta entre diplomática y sensata…:
"Las figuras que integran el plantel y los números nos hacen creer que somos el equipo más fuerte, pero para ser los mejores necesitamos ganar un par de títulos más".
Repasando las estadísticas que el bicampeón de Italia ostenta en la actual temporada, es inevitable incluirlo, al menos, en el podio del fútbol mundial. El Inter, que afronta tres competiciones oficiales, ha jugado hasta el momento 32 partidos de los cuales ha ganado 25 y perdido sólo uno.
En la liga italiana su andar es arrollador. Se mantiene invicto en 22 encuentros y con ocho puntos de ventaja sobre la Roma. El próximo martes enfrenta al Liverpool de Inglaterra por los octavos de final de la Champions League y además en abril espera por la Lazio en las semifinales de la Copa Italia. Un rendimiento casi perfecto para este equipo, que cuenta con el valioso aporte de Julio Cruz, un delantero cuya principal virtud siempre ha sido la paciencia…
"Durante los cinco años que llevo en el club me tocó estar muchos partidos en el banco, porque tuve que competir con grandes delanteros como Adriano -en su mejor momento-, Crespo y Vieri. Pero en lugar de quejarme con los entrenadores, aprendí a sacarle el jugo a cada oportunidad. Entraba 15 o 20 minutos y siempre convertía o participaba en jugadas determinantes".
Y así, a fuerza de goles (61 gritos en 142 partidos) este argentino consiguió, a los 33 años, no sólo el reconocimiento de propios y extraños sino también darse el lujo de conformar, junto con el sueco Zlatan Ibrahimovic, una de las duplas ofensivas más temibles de Europa.
"Nos entendemos a la perfección porque ya llevamos casi dos años jugando juntos. Él prefiere moverse más por la derecha y yo voy del centro del área a la izquierda, pero siempre intentamos generarnos espacios el uno al otro a través del desmarque. Esta temporada llevamos 34 goles entre los dos y eso es importante, aunque no tenemos que restarle mérito a los demás compañeros", explica.
Cara y ‘Cruz’
En Argentina todos lo conocen como El Jardinero, un oficio que cumplió cuando tenía 15 años y cortaba el césped del estadio de Banfield, el club en el que debutó profesionalmente. Su notable eficacia a la hora de anotar goles le abrió las puertas de River. Fueron 30 partidos y 18 goles que desembocaron en una inevitable mudanza al Viejo Continente para brillar primero en el Feyenoord de Holanda (44 goles en tres temporadas) y luego en Bolonia de Italia (27 goles).
Ahora, mientras disfruta de su gran momento con el puntero del calcio, no se olvida de sus orígenes. "Estoy en un excelente momento de forma, el dueño del club quiere que me quede a vivir en Italia, pero yo soy argentino y la tierra de uno siempre tira. Por ahora pienso en seguir gritando goles, ganando títulos y divirtiéndome dentro del campo".
¿Por qué existe tanta diferencia entre el Inter y el resto de los equipos del calcio?
Es un conjunto de factores que se inicia con el presidente Moratti, un apasionado que lleva este proyecto adelante. Formó un plantel de jugadores de altísimo nivel y acertó en respaldar a Roberto Mancini, que fue criticado en su momento por la prensa cuando asumió porque no tenía ningún logro como entrenador. Además, fue fundamental el proceso ‘Calciopoli’, por el cual salió a la luz toda la corrupción que rodeaba al fútbol italiano en los últimos años y que afectó los buenos resultados del Inter.
¿Usted como jugador notaba cosas raras o anormales dentro de la cancha?
Si bien siempre respeté las decisiones de los árbitros porque son seres humanos que se pueden equivocar, se percibían ciertas actitudes extrañas, fallos demasiado dudosos, pero nadie tenía las pruebas para demostrar nada. Cuando el público se cansó de esa situación, comenzaron las denuncias, las investigaciones y las sanciones a los clubes involucrados (Juventus, Milan, Lazio y Fiorentina, entre otros).
¿Se sienten presionados por mantener el invicto en la liga?
Al contrario, eso nos fortalece más, tenemos una convicción ganadora que mentalmente nos hace más fuertes. Así logramos el respeto de los rivales que nos permite imponer siempre nuestro juego en cualquier estadio y si uno no tiene un buen partido hay 10 compañeros que no te dejan morir.
¿Cómo es el ambiente del vestuario teniendo en cuenta la enorme cantidad de jugadores que luchan por la titularidad?
Es una competencia sana, positiva. En eso es fundamental el trabajo de Mancini, que sabe manejar las ambiciones de jugar que tenemos todos. Se sabe que si el grupo humano tiene problemas, es difícil conseguir objetivos. Aquí al que le toca estar deja todo en función del conjunto.
¿Le tocó enfrentarse en prácticas con Nelson Rivas?
Sí, claro, es un jugador que está demostrando todo lo que puede hacer. Al comienzo le costó adaptarse como a todo jugador que viene de Suramérica. Además sufrió un problema físico grave que por suerte ya superó. Es un defensor fuerte, muy veloz y que maneja muy bien los tiempos cada vez que tiene que marcar a un delantero. De a poco se está ganando la confianza de Mancini.
¿Qué opinión tiene de Iván Ramiro Córdoba?
Él es un símbolo del Inter, junto a Javier Zanetti, ya que lleva muchísimos años en el club, algo muy difícil de lograr en este país. Iván siempre responde con profesionalismo y actitud. Para mí es un orgullo tenerlo como compañero.
En estos momentos aspiran a tres títulos, ¿cuál es el objetivo prioritario de la temporada?
Luego de haber ganado dos ligas consecutivas, los hinchas, la familia interista y nosotros, los jugadores, apuntamos a la Champions League, una copa muy especial que el Inter hace 42 años que no puede levantar. La temporada anterior quedamos afuera sin perder ni un solo partido. Jugábamos contra el Valencia, éramos favoritos pero ese rótulo se nos fue ahí, en dos empates. Fue muy raro pero hubo que aceptarlo.
¿El duelo con Liverpool puede ser decisivo?
A partir de los octavos de final, todos los partidos de la Champions son decisivos. El Liverpool tiene una historia muy rica y en los últimos tres años llegó a dos finales pero también están el Real Madrid, el Manchester United y el Milan como rivales a vencer. Ojalá podamos seguir avanzando.
Profeta fuera de casa
Aunque Julio Cruz es un goleador nato, nunca ha podido consolidarse con su selección. Muy por el contrario, se hizo tristemente célebre durante las eliminatorias al Mundial de Francia, cuando lo acusaron de haberse herido con una cuchilla en el vestuario que manejaba por aquel entonces Daniel Pasarella.
Los hechos fueron confusos, pero lo cierto fue que la imagen de Cruz, sangrante, salió publicada en los principales periódicos argentinos, luego de una histórica derrota ante Bolivia en La Paz. A Cruz lo acusaron de haberse prestado para la componenda. No obstante, el episodio fue enterrado, pues nadie presentó pruebas que lo inculparan. Ocho años más tarde, integró el equipo de José Pekerman en la Copa del Mundo de Alemania. Jugó unos cuantos e intrascendentes minutos frente al cuadro local, prácticamente sin tocar el balón. Por estos días, gracias a sus goles con el Inter, ha vuelto a sonar para hacer parte del cuadro de Alfio Basile, aunque hasta el momento no ha habido nada oficial.
¿Espera una convocatoria a la selección de Argentina?
Claro que me gustaría pero quiero disfrutar este momento, porque la experiencia me dice que las etapas buenas de los futbolistas no duran nada y las malas, en cambio, parecen eternas.
Pero su balance con la selección no ha sido el mejor…
Estoy contento porque las cosas me están saliendo bien. Mi paso por la selección considero que no ha sido malo. Durante diez años estuve convocado. Me llamaron tres técnicos diferentes. Son pocos los jugadores que consiguen esto. Lo que pasó es que en esa época me tocó tener a Batistuta delante de mí.
Sin embargo, en este nuevo proceso con Alfio Basile, aún no ha sido tenido en cuenta…
Todavía lo espero porque es un orgullo vestir la celeste y blanca. Soy respetuoso y, por lo tanto, acepto las decisiones de los demás. Con Basile no hablé nunca y no sé lo que piensa.