El ritmo de Wilberto Cosme
Manuel Dueñas Peluffo
Pronuncia las palabras con calma, casi como pidiendo permiso. La timidez del gesto, la mirada nerviosa y a veces esquiva, es elocuente. Habla de un hombre humilde, que no termina de creérsela bien. El ambiente, los periodistas que lo persiguen y le preguntan, lo abruma. Al parecer, no termina de acostumbrarse, de hacerse a la idea.
El miércoles pasado, Wilberto Cosme marcó los goles con que Equidad eliminó a Millonarios. Alexis García optó por él para reemplazar a Juan G. Núñez, y Cosme, que no había marcado en toda la liga, la devolvió completa. Lo hizo con un par de anotaciones fundamentales, que le valieron a su equipo el paso a la final. Desde luego, el ritmo: cada celebración significó un pequeño baile. Y, también, un hombre espontáneo, notablemente menos tímido que aquel que enfrenta las cámaras y los micrófonos.
“Dahwling Leudo origina la celebración y nosotros la hacemos”, afirma Cosme, ahora ya entre risas. Cuando le preguntan por las celebraciones, no puede evitar reconocer que el mediocampista chocoano es quien más ritmo tiene en el grupo. Él está en el medio, no muy lejos. Las raíces ancladas en Padilla (Cauca), el corregimiento donde nació, no le permitirían menos.
“Con los movimientos y la velocidad se puede desequilibrar”, reconoce el delantero, haciendo referencia a la defensa de Nacional, el rival que enfrentan en la final. Tal vez eso también tenga que ver con el ritmo, con la capacidad de desconcertar a partir de cada movimiento. “Corriendo, metiendo y haciendo gol”, sentencia.
Cosme da la impresión de hablar de un partido definitivo para él. El adjetivo es literal: para el caucano significa despegar, comenzar a consagrarse. “Con la edad que tengo, es hora de hacerlo”, señala. El camino ha sido difícil, a ratos frustrante: los inicios en una escuelita de fútbol de Padilla, el traspaso a Boca Júniors, en Cali, y después a Bogotá F.C., y los pasos intrascendentes por Real Cartagena, Huila y América. Y la llegada a Equidad, y la sensación de que ahora es el momento. “Ustedes lo han visto, me habían visto jugar en la B”, apunta. Y es cierto, puede que nada sea casual: en la segunda división, el delantero fue goleador durante varias temporadas.
“Cuando uno hace las cosas bien, la gente te reconoce”, dice. La afirmación viene como una certeza íntima, como una convicción natural. Hacer las cosas bien tiene que ver con el sacrificio, con asumir el rigor de la disciplina como propio. “Mi posición normal es delantero, pero el profesor Alexis García me dice que tengo que atacar y defender”, suelta Cosme. La obediencia como dogma parece rendirle frutos: la obligación de tapar a Juan Guillermo Domínguez, en la semifinal, no le impidió definirlo todo.
Y soñar. Y pensar que esta final, la primera de su carrera como profesional en el fútbol, puede ser otra gran celebración.
La que todos están esperando en Padilla.
La ‘seguridad’ de Gastón Pezzuti
Mary Luz Avendaño
Corresponsal en Medellín
“Soy un hombre normal, que tiene una profesión y quizá tiene un poco más de exposición pública, pero un padre de familia, un esposo, un tipo que intenta respetar a todos de igual manera”. Así se describe el argentino Gastón Pezzuti, el arquero del Nacional que ha sido pieza fundamental en la clasificación de su equipo a la final.
Nació el 9 de febrero 1976 en Buenos Aires. Empezó a jugar fútbol desde los 6 años y como profesional arrancó en 1995, después de haber estado en una selección juvenil, con la que se coronó campeón del Mundial de Qatar. Ha vestido la camiseta de Racing (campeón 2001), Lanús, Deportes Concepción de Chile, Instituto de Córdoba, Real Oviedo de España, Atlético Rafaela, Gimnasia y Esgrima de Jujuy y desde 2009 está con Nacional.
¿Cómo ha sido su experiencia en el país?
Hasta el momento una experiencia muy buena, diferente como todas las que he vivido en cada país. Muy satisfecho hasta ahora y esperando que sea diciembre, fecha en la que se termina mi contrato.
¿Y ha pensado qué hacer después?
De momento me limito a responder lo que viene el fin de semana y el otro, que es el sueño de poder salir campeón con este equipo, después hay que vivir el día a día y no soñar tanto a futuro porque a veces las condiciones contractuales no dependen tanto de uno, entonces no me gusta utilizar fuerzas en algo que está a seis meses y que puede pasar cualquier cosa.
¿Le genera presión el hecho de que digan que usted fue fundamental para estar en la final?
Depende como uno lo tome, si buscamos la parte positiva es una presión linda porque no están diciendo que uno hundió con su trabajo la labor del conjunto, así que simplemente lo escucho. Sé cuáles son mis limitaciones y cuál es mi función.
¿A quién se encomienda antes de un partido?
A Dios, pero me apoyo mucho en mi familia, en mis amigos, en quienes siempre estuvieron a mi lado en estos 16 años de carrera.
¿Algunos tips para enfrentar estos dos partidos de final?
Mantener la buena onda, que los momentos sigan siendo los mismos siempre.
¿Un mensaje para los hinchas?
Agradecerles por el apoyo y recordarles que cuando nos toque jugar el sábado de local necesitamos su respaldo, pero ante todo su buen comportamiento.
Tras su actuación en Ibagué lo compararon con René Higuita, ¿qué piensa de eso?
Que es una locura, el Loco es un grande, hizo una carrera espectacular. Las comparaciones son odiosas, pero hay otras que son estúpidas.
¿A parte de jugar fútbol, qué le gusta?
Estar con mis amigos y compartir con mis hijos (Lucas y Candela) y mi esposa (Julieta).