La fiesta isleña comenzó con el contundente triunfo de Usain Bolt, en los 100 metros, con récord del mundo incluido. Un día después sería el turno para las damas, quienes con un contundente 1, 2 y 3 dominaron los 100 metros, con Shelly Ann Fraser, Kerron Stewart y Sherone Simpson.
“Nuestro secreto es el reggae power, el ejemplo de Bolt. La noche del sábado no lo pude ver porque me pilló en el autobús, pero, cuando llegué a la Villa y me enteré, no pude evitar decirme: ‘Eso lo tengo que hacer yo también’”, comentó Fraser.
Ayer, de nuevo, el protagonismo fue para Bolt, quien enmudeció al mundo tras ganar también la presea dorada en los 200 metros, nada más ni nada menos que también con récord mundial.
Para redondear la “faena”, la también jamaiquina, Melaine Walker, se proclamó en la jornada de ayer campeona de los 400 metros vallas.
La caribeña, nacida el primero de enero de 1983, fue semifinalista en los Mundiales de Osaka y ayer dio un salto de calidad después de haber sido la más rápida esta temporada con los 53,48s que logró el 29 de julio en Mónaco.
Walker, quien dio otra demostración del poderío de la velocidad jamaiquina en estos Juegos, acabó con el récord olímpico que poseía la griega Fani Halkia, con 52,77s, en su triunfo en Atenas 2004.
El poder del atletismo jamaiquino se fundamenta, básicamente, en “la locura de los campeonatos escolares, una competición capaz de congregar a más de 20.000 espectadores que abarrotan un fin de semana el estadio Nacional de Kingston para ver correr a colegiales de 14 años. De allí salió el joven portento Bolt”, explica el enviado especial de El País, de España.
“Antes todos querían ser futbolistas”, cuenta Don Quarrie, el venerado campeón olímpico de los 200 metros en Montreal 1976; “ahora todos quieren ser ‘sprinters’. Esto sólo significa una cosa: vamos a ser mucho mejores aún en el futuro”.