—¿Farid Mondragón?
—Sí, con él.
—Le habla el profesor Jorge Luis Pinto. Llegue a las 3:30 de la tarde al club, que el bus sale para el aeropuerto: le toca jugar en Bogotá contra Santa Fe. Hasta luego…
El técnico del Cali, con sus ínfulas de militar, dejó de una sola pieza a Farid Camilo Mondragón Aly, quien por esa época (1990) cursaba el décimo grado en el Colegio Británico de Cali y entrenaba con el equipo de segunda división. Al día siguiente debutó como profesional en El Campín, con 19 años. Juró entonces que se retiraría en ese club, del que es hincha y socio.
Actuó en el exterior en equipos de Argentina, Paraguay, España, Alemania, Turquía, Estados Unidos, y hace unas semanas decidió volver al arco del Cali. Es que Mondragón, de 40 años, está convencido de que el ocaso de su carrera se acerca. En una conversación con El Espectador, el caleño admite, entre otras cosas, que después del retiro quiere ser comentarista y que no cree que vaya a ser el técnico de la selección.
Hace 17 años que no jugaba en el fútbol de Colombia. ¿Cómo se ha sentido?
Estoy muy contento de haber regresado al club de mis amores, del que soy hincha y socio. Es un sueño hecho realidad. Desde que anunciaron la contratación, las muestras de cariño han sido impresionantes.
¿Cómo encontró la institución?
Esta junta directiva ha puesto la cara. Si eso no hubiera ocurrido, ni yo ni El Caracho Domínguez estaríamos aquí. El club estaba sumergido en una profunda crisis y la actual junta le ha puesto orden a todo, como sugiere la historia del Deportivo Cali.
Se encontró con Comesaña, viejo amigo.
Es un técnico organizado, conoce la idiosincrasia del fútbol nuestro, es dedicado, planifica bien. Le cae como anillo al dedo al club. A él lo conozco desde que me dirigió en Santa Fe (1995). Nos entendemos muy bien.
¿Cómo ve el fútbol colombiano?
El Mundial Sub-20 dejó muy buenos escenarios, aunque hay algunos que necesitan y merecen reformas. Neiva, Cúcuta e Ibagué deben modernizarse en ese tema. Y creo que la crisis económica obliga a que los jugadores emigren rápidamente y que la masa importante de talentos esté en el extranjero.
¿De qué se arrepiente en su carrera?
De nada. Estuve en Preolímpicos, Olímpicos, Copa América, eliminatorias, mundiales. He jugado en ligas importantes. Todo eso me hace sentir muy afortunado y agradecido con Dios y la vida.
¿Ni siquiera de su paso por Zaragoza, donde algunas veces fue silbado?
Me puso muy triste, porque era la primera vez que iba a Europa y tenía toda la ilusión. Llegué muy inmaduro en todos los aspectos y lo afronté como no debía. Pero eso fue una lección, algo clave para que después triunfara en Europa.
¿Cuál fue el mejor club en el que jugó?
Independiente de Argentina y Galatasaray de Turquía. Obtuve los títulos allí. Además, esos son los países en donde se vive el fútbol con más euforia. Un poco más en Turquía. También me fue bien en Alemania con el Köln. Allá logré nueve partidos con la red invicta en condición de visitante y le batí el récord a Oliver Kahn.
Sus primeros guantes
¿Cuáles han sido sus ídolos?
En Colombia, Pedro Zape era mi ídolo por punta y punta. De afuera, El Pato Fillol, Nery Pumpido, Jean-Marie Pfaff. Crecí tratando de imitarlos.
¿Cuándo decidió ser arquero?
A los 11 años. Yo jugaba en muchas posiciones, hasta de delantero. Pero en la selección del colegio me pusieron una vez a tapar y ahí encontré mi pasión.
¿Cuáles fueron los primeros guantes?
Unos Adidas, referencia Amadeo Carrizo. No creía en nadie, porque no llegaban a Colombia. Mi papá les encargaba a sus amigos que me trajeran artículos y siempre me mantuve bien uniformado. Eso sí, me tocaba tapar bien, porque si no, me iban a decir que era un arquero pura-pinta.
¿Siempre tuvo fe en que iba a dedicarse al fútbol?
Me apasionaba y soñaba, pero lo veía muy duro. En esa época no era fácil debutar, como actualmente lo hacen algunos con 15 ó 16 años. Aunque a mí me tocó a los 19 y cuando estaba en décimo. Fue un lujo.
Ya contó lo que le dijo Pinto por teléfono, pero ¿cómo le fue en ese juego?
Yo no entrenaba con la profesional aún, sino con la segunda división. Empatamos 0-0 con Santa Fe en El Campín. Tenía muchos nervios, pero gente grande como Carlos Mario Hoyos, Bernardo Redín, El Huevito Gil, Barrabás Gómez, me calmaron.
¿Quién ha sido el mejor técnico que lo dirigió?
Carlos Portela (q.e.p.d.), preparador de arqueros y amigo. Y César Luis Menotti.
¿Tiene cábalas?
No. Las cábalas son para los mediocres, con todo el respeto. Uno debe intentar mejorar con el trabajo.
¿El delantero que más canas le sacó?
El argentino Javier Saviola y el rumano Adrian Bucurel Ilie. Siempre marcaban.
¿Es de esos que intimidan al cobrador en un penalti?
No, estudio los rivales y aguanto lo que más puedo hasta el último momento.
¿Se considera ataja-penales?
En una época tuve una racha muy buena. Pero no me han vuelto a pitar muchos. Uno muy bueno era René Higuita.
¿El más simbólico que paró?
El que le tapé al Checho Angulo en un Cali-América. Era un amistoso en el 90, pero venían de ser campeones.
Un hombre de selección
¿Qué recuerda de esa generación dorada?
Tuvimos un éxito y una brillantez… Pacho Maturana y Bolillo Gómez le dieron ese toque distinto, inspirados en la sabiduría de Gabriel Ochoa. Ellos modernizaron todo y nos pusieron en un escalón por encima de todo Suramérica.
¿Ve a Colombia en el próximo Mundial?
Tenemos jugadores, hinchada, un cuerpo técnico que tiene un historial, un bagaje. Tenemos todo para poder lograrlo.
¿Estamos bien de arqueros?
David Ospina tiene la mejor actualidad. Camilo Vargas, Neco Martínez, Bréiner Castillo, Nelson Ramos, Rufai Zapata, todos tienen capacidades también. Y Cristian Bonilla es el que más tiene proyección. Lo único que les falta es trayectoria internacional.
¿Sería el DT de la selección?
A pesar de que uno es hombre de selección y siempre quiere ayudar desde cualquier ángulo, no lo creo. Me gustaría trabajar como comentarista en televisión y ya lo he hecho anteriormente. Pero sigo siendo jugador activo y la vida me puede ir mostrando caminos.
¿Y cómo fue su relación con los medios durante la carrera?
El 80% de los periodistas son rivales de uno. Pero uno va madurando, empieza a aceptar las críticas. Eso hace parte de las reglas del juego. Eso sí, creo que el periodismo tiene un gran papel dentro de un proyecto y que debe compenetrarse más.
¿Cómo comentaría el gol que le hizo el ‘Piojo’ López en Barranquilla?
Diría que fue un accidente. Fue un error de tiempo, no de concepto sino de cálculo, y es algo humano. En el mismo partido El Chicho Serna erró un penal y otros desperdiciaron casi ocho opciones de gol claras. Las reglas dicen que el 95% de las equivocaciones de los arqueros terminan en gol, y me tocó a mí. Pero eso me sirvió para la vida, como enseñanza.