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Efraín Juárez: el mexicano que puso a soñar a Nacional con un nuevo doblete

Tras ganarle el pulso a Millonarios, el cuadro verdolaga disputará la estrella de diciembre contra Deportes Tolima. Además, esta semana se prepara para jugar contra América de Cali la final de la Copa BetPlay.

10 de diciembre de 2024 - 07:50 a. m.
Efraín Juárez, DT de Atlético Nacional.
Foto: Atlético Nacional
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En agosto, cuando la temporada apenas empezaba y Atlético Nacional estaba entre los punteros del campeonato colombiano, pocos veían al equipo verdolaga como un conjunto capaz de llegar a la final de la Liga BetPlay. Los optimistas soñaban, tal vez apelando a la jerarquía de los gigantes, con una gesta de ese tamaño, pero incluso a ellos se les bajaba la moral al recordar que, a pocos días de iniciar septiembre, al verde paisa aterrizó desde México un entrenador poco conocido para la gran mayoría: Efraín Juárez.

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Aunque había dirigido en Bélgica, el norteamericano tenía poca trayectoria y resultados en la rama profesional que respaldaran su designación. No era suficiente su currículum para muchos, que desconocían, incluso, su paso como jugador por el fútbol profesional en la selección mexicana y en ligas de países como España, Escocia y Noruega. Varios hinchas de Nacional estaban dolidos con la llegada del estratega, sobre todo porque llegó a reemplazar, en la mitad de semestre, al uruguayo Pablo Repetto, que un día, cuando tenía al equipo afincado y peleando los primeros puestos, fue despedido por la junta directiva verdolaga sin mayores explicaciones.

El DT oriental generaba más respeto que Juárez. Había sido subcampeón de Libertadores con Independiente del Valle en 2016, justo el mismo año en el que Nacional se llevó su segunda Copa, y consiguió ocho títulos en los 10 equipos que había dirigido antes de llegar a Colombia. Para la gran mayoría fue inexplicable la salida del uruguayo, que falló en lo que precisamente el DT mexicano, meses después, se haría más fuerte: el manejo y la unidad del grupo.

Nacional, desde que empezó el campeonato, tenía nómina para pelear el título. Más allá de la llegada de Repetto en el primer semestre, tras la salida de John Jairo Bodmer en la primera parte del año, las contrataciones para esta campaña, con jugadores como Edwin Cardona, Jorman Campuzano, William Tesillo, Alfredo Morelos y David Ospina (la joya de la corona), alentaron las ilusiones de la hinchada. Sin embargo, la salida del antiguo DT, más la llegada del “desconocido”, sembró dudas y pesimismo entre los aficionados, que veían la película repetida de los últimos años: el desbarajuste directivo de un conjunto que aparentaba no tener rumbo.

Juárez, insolente desde el día uno, dio la cara por el grupo y mostró convicción para sacar la situación adelante. Demostró su talante cuando le tocó, en mitad de su gestión en el semestre, manejar delicadas situaciones de indisciplina, con jugadores como Campuzano, Harlen “Chipi Chipi” Castillo y Dairon Asprilla, o cuando le tocó decidir en el complejo caso de Morelos, que arrolló con su vehículo a un motociclista, luego de manejar en aparente estado de embriaguez (aunque nunca fue comprobado), y casi lo mata. Los problemas nunca le desestabilizaron el grupo y, al contrario, al pasar las fechas, el equipo se hizo más sólido.

Efraín Juárez no solo logró este domingo la clasificación a la final de la Liga BetPlay, después de superar un grupo de cuadrangulares contra Millonarios y Santa Fe, sino que además peleará desde este jueves por el título de la Copa BetPlay enfrentando al América de Cali. Nacional está ante la posibilidad de un doblete que, cuando el mexicano llegó en agosto, pocos anticiparon.

Criticado como arrogante, por su forma de celebrar los goles y su comportamiento hacia otros entrenadores y rivales, el mexicano silenció varias bocas a punta de resultados. Es más, cuando fue sancionado por sus supuestas provocaciones, el entrenador supo construir un relato, al mejor estilo de José Mourinho, para unir al equipo alrededor de su figura y sacar adelante el sueño de clasificar a las dos finales. Cuando pocos confiaban, Juárez logró que confiaran en él los que tenían que confiar, sus jugadores, y con base en ese precepto logró consolidar su idea de juego.

Este Atlético Nacional no se asemeja al de antaño, ni al de los 80, ni al de la década de 2010. Falta mucho para eso. En juego, al menos, ha mostrado muy poco para ser comparado con alguno de esos procesos y, en resultados, todavía falta mucho por ver. Sin embargo, llama la atención que aunque se añoren tanto esas épocas, aunque durante años la hinchada verdolaga lleve años reclamando por esos tiempos, la crisis del cuadro paisa ha estado marcada por una interesante abundancia. Por Liga, en 2022 fue campeón y en 2023 fue subcampeón. Este año, otra vez, pelea un título. Por Copa, en 2021 y 2023 gritó campeón. Ahora, en la edición de 2024, otra vez está en la final. Y a esos números habría que sumar la Superliga de 2023. Es decir, cuatro títulos en cuatro años, que podrían ser seis. Y eso que son años de vacas flacas.

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Es un reto interesante para Efraín Juárez, el constructor de un Nacional que aspira a nuevos títulos para seguir afirmándose en la cima del olimpo del fútbol colombiano.

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