El arranque internacional del fútbol colombiano volvió a dejar una sensación incómoda. No es nueva, pero sí cada vez más evidente. Los equipos del país compiten, sí, pero no logran imponerse. Esta semana, el saldo fue elocuente: seis partidos, cero victorias. Cinco empates y una derrota que terminó por encender las alarmas.
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El golpe más fuerte lo recibió Millonarios, que cayó 2-0 contra O’Higgins en la Copa Sudamericana. No fue solo la derrota, sino la forma. El equipo de Fabián Bustos, que insinuaba una leve recuperación, volvió a verse frágil, sin respuestas, en caída libre justo antes del clásico contra Independiente Santa Fe.
El león, precisamente, dejó otra lectura del momento colombiano. Empató 1-1 con Peñarol en El Campín por la Libertadores. Mostró una mejor cara, compitió por largos tramos, pero no supo sostener la ventaja. El resultado, aunque digno, lo obliga a recuperar puntos fuera de casa, una tarea históricamente compleja para los clubes del país.
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El único empate que dejó un sabor realmente positivo fue el de América de Cali. El 1-1 contra Macará en Ambato, a más de 2.600 metros de altura, tiene valor. Remontar en esas condiciones siempre suma, aunque la irregularidad del equipo escarlata sigue generando dudas entre sus hinchas.
Junior, en cambio, dejó escapar una oportunidad mayor. Contra Palmeiras en Cartagena, el equipo barranquillero fue superior durante varios tramos y estuvo cerca de ganar. Incluso se ilusionó con el penalti de Teófilo Gutiérrez, pero un error defensivo grosero le costó caro. El 1-1 supo a derrota por contexto.
Algo similar vivió Independiente Medellín. El empate 1-1 frente a Estudiantes de La Plata en el Atanasio Girardot tuvo otro matiz: empezó perdiendo y tuvo que remar desde atrás. La reacción suma, pero el equipo sigue sin consolidar una idea que le permita competir con autoridad en la Libertadores.
El caso de Deportes Tolima fue distinto, pero igual de diciente. El 0-0 contra Universitario dejó una sensación de oportunidad desperdiciada. Era, en el papel, uno de los rivales más accesibles, y el equipo pijao no logró marcar diferencias en casa.
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El balance global reabre un debate recurrente: la competitividad del fútbol colombiano. Cada vez que los equipos cruzan fronteras, el nivel parece quedarse corto. No es solo una cuestión de resultados, sino de sensaciones: falta ritmo, intensidad, jerarquía. Falta, en palabras más crudas, “ropa para la fiesta”.
El problema, además, se agrava al mirar el contexto local. Solo Junior y Tolima muestran cierta estabilidad en la liga. El resto llega golpeado: Millonarios y Santa Fe van colgados, América es irregular, Medellín va sin rumbo claro y caso eliminado. Esa fragilidad interna se traslada inevitablemente al plano internacional.
Lo que viene no da tregua. Junior visitará a Cerro Porteño, Tolima irá a Montevideo para enfrentar a Nacional, Santa Fe viajará a Brasil para medirse con Corinthians y Medellín tendrá una prueba mayor contra Flamengo. La próxima semana puede marcar el rumbo… o profundizar una crisis que ya dejó de ser coyuntural.
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