Bogotá cerró el primer semestre de 2026 con dos historias completamente opuestas. Mientras Santa Fe encontró en medio de la irregularidad razones para ilusionarse —un título, una semifinal de Liga y una campaña internacional competitiva—, Millonarios volvió a tropezar en los momentos decisivos y profundizó una crisis deportiva que ya empieza a generar dudas sobre el rumbo del proyecto.
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Los cardenales estuvieron a un penal de la final del fútbol colombiano y rozaron los octavos de final de la Copa Libertadores. Los embajadores, en cambio, quedaron eliminados por segundo torneo consecutivo antes de cuadrangulares y también se despidieron en fase de grupos de la Sudamericana. Balance de un semestre que dejó sensaciones muy distintas en los dos gigantes de la capital.
El semestre de Santa Fe
El primer semestre de 2026 encontró a Santa Fe en un momento de transición. La salida de Jorge Bava y el interinato de Francisco ‘Pacho’ López dejaron paso al proyecto formal de Pablo Repetto, quien asumió con la presión de sostener el nivel de un equipo campeón. Lo que vino después fue, en la mejor descripción posible, una montaña rusa de emociones.
Enero llegó con una tarea inmediata: la Superliga Colombiana contra Junior, el clásico duelo entre el campeón del primer semestre y el del segundo. Santa Fe viajó a Barranquilla y regresó con un empate 1-1 que dejaba la serie abierta. En El Campín, los cardenales fueron contundentes: golearon 3-0 a Junior y se consagraron campeones de la Superliga, consolidándose como el equipo con más títulos en esa competencia en la historia del fútbol colombiano. El inicio no podía ser más prometedor para el proceso de Repetto.
Sin embargo, la Liga trajo una historia diferente. Santa Fe arrancó el torneo local con tres empates consecutivos, resultado que, si bien no generaba alarmas inmediatas gracias al colchón anímico de la Superliga, comenzaba a encender algunas luces amarillas. Luego llegó un triunfo, después otro empate, y posteriormente dos derrotas seguidas con América y Jaguares que expusieron con claridad las debilidades de un equipo corto en plantilla y con problemas de regularidad.
La clasificación comenzó a tambalear. Sin embargo, cuando más se necesitaba reaccionar, Santa Fe respondió de la manera más dramática posible: en las últimas cinco fechas, con dos empates consecutivos que casi sepultaban sus esperanzas, el equipo se vio obligado a ganar los últimos tres partidos —nueve puntos de nueve— para seguir con vida, siempre y cuando los rivales directos cedieran puntos. Millonarios, precisamente, fue uno de los que flaqueó en ese cierre, y los cardenales, con carácter, cumplieron su parte. Santa Fe entró séptimo a los cuadrangulares.
En los cuadrangulares, Santa Fe encontró su mejor versión. Con América, el conjunto cardenal fue quirúrgico: empate 1-1 en Cali y goleada 4-0 en Bogotá. Una eficacia impresionante que liquidó la serie sin mayores discusiones.
La historia ante Junior fue distinta y más dolorosa. En Bogotá, Junior complicó el trámite y se fue con un empate 1-1. En Cartagena, en un partido parejo en el que ninguno impuso superioridad clara, el marcador no se movió: 0-0 al final del tiempo reglamentario. Los penales decidirían el finalista. Y allí, en una de esas injusticias que el fútbol se permite de vez en cuando, Junior ganó la tanda 5-4. El único que falló desde los doce pasos por Santa Fe fue Hugo Rodallega, el máximo ídolo del semestre, el hombre que lo había dado todo: goles en Liga, en Libertadores, en los partidos decisivos. Su remate pegó en el travesaño, y con él se fue el sueño de la final.
La Copa Libertadores de Santa Fe
En el plano internacional, Santa Fe afrontó la fase de grupos de la Copa Libertadores con ilusión y terminó con lecciones. Con Peñarol, los cardenales merecieron más: se adelantaron con un gol de Emmanuel Olivera de cabeza, pero el mismo jugador cometió el error defensivo que permitió el empate. 1-1 y una sensación de que se dejaron escapar tres puntos valiosos. En Brasil, contra Corinthians, la derrota 2-0 era el resultado menos sorpresivo del grupo. Sin embargo, la caída en Argentina complicó más las cosas de lo esperado.
El partido en casa con Corinthians parecía enrumbar a Santa Fe hacia los octavos, pero un gol en tiempo adicional del conjunto paulista volvió a aplazar los sueños. Finalmente, contra Platense en Bogotá, una victoria 2-1 dejó todo para la última fecha: Santa Fe debía ganar y esperar que Corinthians le ganara a Platense para soñar con el segundo puesto. Los cardenales ganaron 1-0 y aguantaron el resultado con oficio. Pero Corinthians perdió 2-0 con Platense, que se quedó con el segundo lugar. Santa Fe cierra tercero en el grupo y tendrá Copa Sudamericana en el segundo semestre.
El saldo es, en conjunto, más positivo que negativo. Campeones de la Superliga, semifinalistas de la Liga y clasificados a competencia internacional. Todo esto con una plantilla corta, marcada por lesiones y el evidente agotamiento de un grupo que disputó demasiados frentes con demasiado poco.
El reto para el segundo semestre es reforzar, ampliar el plantel y llegar más descansado a una agenda que incluirá Copa, Liga y el repechaje de la Sudamericana.
El semestre de Millonarios
Si el semestre de Santa Fe fue irregular pero con un final esperanzador, el de Millonarios fue la historia de un gigante que no encontró el camino en ninguno de los frentes que disputó. El segundo campeonato consecutivo sin clasificarse a los cuadrangulares de la Liga es el número que resume todo.
En la Liga, la historia de Millonarios fue igualmente decepcionante, aunque con capítulos aún más complejos. El equipo arrancó el semestre con Hernán Torres en el banquillo —una decisión cuestionada desde el principio, dado el fracaso del segundo semestre de 2025— y encadenó tres derrotas consecutivas desde la fecha inicial, terminando en el último lugar de la tabla. Torres salió, y llegó Fabián Bustos.
Con el argentino, el equipo mejoró. El cambio de entrenador tuvo el efecto que suele tener la llegada de una escoba nueva. Pero las mejoras no fueron suficientes para sostener una clasificación que estuvo permanentemente amenazada por inconsistencias graves.
El punto más crítico fue el rendimiento ante los equipos que terminaron eliminados: Millonarios perdió 12 puntos ante rivales como Bucaramanga, Boyacá Chicó, Jaguares y Alianza Valledupar, y cedió empates ante Medellín, Cali y Fortaleza, equipos que tampoco llegaron a los cuadrangulares. De 21 puntos posibles ante esos rivales, el embajador apenas capturó tres.
Las lesiones castigaron al equipo de manera implacable. Radamel Falcao García solo pudo disputar 7 de los 19 partidos disponibles. Las bajas de Sergio Mosquera y Carlos Darwin Quintero también golpearon los planes de Bustos en los momentos menos oportunos.
A eso se sumaron los castigos disciplinarios: Diego Novoa fue suspendido seis fechas por una acusación del Boyacá Chicó —situación que el club no supo manejar ni defender con la contundencia necesaria—, y Rodrigo Contreras, máximo goleador del semestre con 8 tantos, se perdió partidos importantes por una reacción desmedida en el clásico ante Santa Fe.
El remate fue desolador. En las últimas seis jornadas, Millonarios sumó apenas cinco de 18 puntos posibles: empates ante Fortaleza, Santa Fe y Alianza, derrotas ante Jaguares y América, y una única victoria ante la suplencia del Tolima. La matemática fue implacable, y el 2-2 en Valledupar ante Alianza FC, en la fecha 19, selló la eliminación. El equipo no dependía de sí mismo y no pudo aprovechar la pequeña ventana que se mantuvo abierta durante algunos minutos de esa jornada.
La Copa Sudamericana de Millonarios
Millonarios arrancó la Sudamericana con un resultado que levantó el ánimo de toda la hinchada azul: la primera ronda de clasificación enfrentaba al embajador con Atlético Nacional en Medellín, en partido único. Ganarle 3-1 de visitante al máximo rival histórico no es cualquier cosa, y esa victoria le abrió las puertas de la fase de grupos con una dosis extra de confianza.
Pero esa confianza, con el tiempo, se revelaría como uno de los problemas. En Chile, con O’Higgins, Millonarios cayó 2-0 en una derrota que fue un golpe de realidad. Luego, en Bogotá, contra Boston River —un equipo que llegó al Campín sin mayor interés en el torneo, según declaró su propio cuerpo técnico, y con un equipo alternativo—, los azules sufrieron lo impensable: necesitaron hasta el minuto 83 y una jugada individual de Carlos Darwin Quintero para romper el cero y ganar apenas 1-0. Una señal que nadie debió ignorar.
El empate sin goles con Sao Paulo en casa dejó la sensación de puntos regalados. La victoria 4-2 sobre Boston River en Uruguay fue un resultado abultado ante un rival que miraba el torneo de reojo. Y en Brasil, con el mismo Sao Paulo, Millonarios estuvo cerca del triunfo: Diego Novoa cometió un error imperdonable al dejar pasar un remate controlable, pero el equipo reaccionó, empató, y sobre el final tuvo un penal para llevarse la victoria. Rodrigo Contreras mandó el balón por encima del travesaño. Otro punto que escapó entre los dedos.
La última fecha llegó con opciones reales: ganando, Millonarios aseguraba al menos el repechaje y posiblemente el primer puesto. En casa, con O’Higgins, que solo clasificaba ganando. El guion parecía favorable. Pero al minuto 30, los azules ya perdían 2-0 en su propio estadio. El descuento llegó, pero no fue suficiente. Eliminados.
Dos semestres consecutivos sin llegar a la fase final de la Liga. Eliminados en grupos de la Sudamericana. Un proceso que arrancó con cambio de técnico a mitad de camino y que no encontró regularidad en ningún frente. Las miradas apuntarán, inevitablemente, a la dirigencia —Gustavo Serpa, Enrique Camacho— por las decisiones en el mercado de fichajes y la planificación de un proyecto que, con los recursos y la historia del club, debería rendir más.
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