Hace una década, pocos habrían imaginado a Villavicencio como una plaza donde se respirara fútbol de primera. Tras la desaparición de Centauros, la pelota parecía condenada a la nostalgia en la ciudad. Sin embargo, la llegada de Llaneros transformó el paisaje deportivo de la Media Colombia.
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Ese nuevo paradigma lo encarna el extremo Bryan Urueña, nacido en la capital del Meta y hoy referente del equipo. Es testigo de cómo el deporte volvió a encender las ilusiones en su tierra. En diálogo con El Espectador, habló sobre la transformación que ha vivido el club blanquinegro en los últimos años.
Llaneros —que en 2024 logró el ascenso— ha demostrado en el inicio de este semestre que no está en la A solo para luchar por la permanencia, sino también para competir de frente en busca de los cuadrangulares de la Liga BetPlay. En ese camino, Urueña, elegido como el mejor jugador del Torneo BetPlay en la más reciente edición de los Premios Acolfutpro, ha sido fundamental.
Ahora, convertido en símbolo, representa a un Llaneros que ya no se expresa solo en la cancha: también se ha ganado un lugar en el corazón de los hinchas de la región, quienes en los primeros años asistían tímidamente a las tribunas del estadio Bello Horizonte —entonces llamado Manuel Calle Lombana—, pero que ahora apoyan a su equipo con mayor fervor.
De Centauros a Llaneros
La carrera de Urueña comenzó en su ciudad natal, pero con otros colores: los de Centauros, el primer equipo profesional del Meta, que jugó en la primera división en 2003. En 2010, aquel proyecto dijo adiós cuando su mayor accionista, Hernando Ángel, decidió trasladar la ficha a Popayán.
Para el joven Bryan, que entonces daba sus primeros pasos como profesional, aquella mudanza no fue el fin del mundo. Entendía que el camino del futbolista estaba lleno de cambios y vio el traslado a la capital del Cauca como una etapa más en su crecimiento. “Cuando iba al estadio siendo niño, no recuerdo un arraigo fuerte de la gente con Centauros”, recuerda.
Tras defender los colores de Universitario de Popayán, Urueña dio el salto a la primera división con Deportes Quindío. Sin embargo, en 2013 regresó a “Villavo” para jugar con Llaneros, que apenas llevaba un año de existencia tras la compra de la ficha de Academia Compensar. “El equipo no tenía esa fuerza que hoy en día sí tiene. La gente iba como por hacer algo diferente”, dice sobre aquellos primeros tiempos de la institución.
Después tuvo años de recorrido entre la primera y segunda división: pasó por Huila, América y Cortuluá, antes de probar suerte en Brasil con Avaí, en el ascenso. En 2019 regresó al país para jugar con Chicó y, desde 2021, volvió a su tierra para ponerse la camiseta de Llaneros, esta vez para liderar un proyecto que apuntaba a la primera división.
La institución, presidida por Juan Carlos Trujillo, se consolidó con el paso de los años como uno de los equipos más competitivos del Torneo BetPlay. La A se hacía esperar, pero ni la hinchada ni Urueña dejaron de insistir. En diciembre de 2024, finalmente, el sueño se hizo realidad.
“Era golpe tras golpe, pero el equipo siempre, cada vez que tenía la posibilidad de volver a empezar, iba detrás de ese objetivo. Al final se nos da. Fue bien merecido porque ese año lo cabalgamos completamente: primer semestre campeones y en el segundo semestre no aflojamos”, recuerda el extremo metense.
El ídolo llanero
En medio de esa travesía, Bryan fue testigo de cómo el estadio Bello Horizonte empezó a poblarse. La Banda Indomable, la barra que se mantuvo firme desde el inicio, fue la primera en estar; luego llegaron las familias, los niños, los curiosos que pasaron a ser fieles. “Ha sido lindo ver cómo crece la hinchada, cómo se ilusiona la ciudad, a los más pequeños con la misma ilusión que yo tuve en algún momento. Ver que ahora sí hay un espejo en jugadores de aquí, que es posible soñar con jugar fútbol profesional en Villavicencio”.
El extremo no imaginó convertirse en el referente del club de su ciudad, pero la constancia lo llevó a ese lugar. “A veces uno no se da cuenta de lo que ha logrado, pero cuando salgo y veo el cariño de los niños y los padres, siento que algo estamos haciendo bien. Hoy el fútbol colombiano ya mira con otros ojos a los jugadores del Meta”, destaca. El proyecto incluso ha trascendido fronteras con casos como los de Jhildrey Lasso y Jonatan Mayorga, jugadores formados en el club que hoy hacen parte del AC Bellinzona de Suiza, con el que la institución metense firmó un convenio.
La identidad también se ha transformado. “Para nosotros es especial ver esa hinchada mezclada con un poco de todo. En la ciudad sabemos que hay mucha gente que es de los grandes de toda la vida y es algo normal, convivimos con eso. El equipo ha enamorado a gente que pueden ser hinchas de otros equipos y quieren que al de su tierra le vaya bien, así juegue contra el que siempre han amado”, reflexiona Urueña.
Los villavicenses, bajo la dirección de José Luis García, han sumado 14 puntos en el inicio de este semestre —cuatro victorias, dos empates y dos derrotas— y ocupan la quinta posición en la tabla. El buen presente, según Bryan, se debe a que “el Profe tiene un objetivo claro, de siempre competir, creer en lo que trabajamos en el día a día y el equipo se ha convencido de eso. Los resultados nos dan la confianza de seguir creyendo en lo que se está trabajando”.
El presente de Urueña y Llaneros es también el reflejo de una ciudad que aprendió a reconocerse en el fútbol. Si Villavicencio alguna vez temió no volver a tener un equipo propio, hoy encuentra en este club una bandera de identidad. Y Bryan, con el balón en los pies, se ha convertido en el narrador silencioso de ese renacer: el niño que un día miraba desde la tribuna del Manuel Calle Lombana, hoy conduce desde el césped del Bello Horizonte.
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