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La travesía de Christian Huérfano para volver al fútbol profesional

El extremo capitalino, hoy integrante del Bogotá FC, habló sobre el rumbo de su carrera tras su salida de Millonarios, su paso por el balompié aficionado y su motivación para regresar a las canchas a pesar de las dificultades.

30 de marzo de 2025 - 01:32 p. m.
El extremo Christian Huérfano, integrante del Bogotá Fútbol Club.
Foto: Bogotá FC
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Christian Huérfano todavía no llega a los 30 años, pero en su carrera de futbolista ha pasado de todo. Tras ser rechazado por varios equipos pudo debutar en un club grande como Millonarios y ser campeón, pero también una serie de decisiones y lesiones lo dejaron al borde de no volver a jugar y buscar otros medios para salir adelante. Aún así no se dio por vencido y este año regresó a la escena profesional para encarar el Torneo BetPlay con el Bogotá FC.

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Para ser el futbolista que es hoy, su familia ha sido fundamental. Su mamá, su hermano y sus abuelos siempre creyeron, incluso en los momentos en los que él pensó en bajar los brazos. También han jugado papeles claves su pareja, a quien conoce desde el colegio, y su hija Ana Lucía, la principal motivación de su regreso a las canchas.

Su historia en el fútbol comenzó en el sur de Bogotá. Jugó en un club del barrio La Estancia, en Bosa, y luego pasó un par de años por un equipo que tenía Santa Fe en Soacha. A los 15 años se unió a una escuela que quedaba en El Tunal, con la que viajó a unos torneos amistosos en Argentina.

Se probó en clubes como Rafaela y Aldosivi, pero ya fuera por la edad o por los cupos de extranjeros no quedó en ninguno. Jugó en liga de Mar del Plata —fútbol aficionado— unos meses y regresó a Colombia sin saber si debía insistir en su sueño o estudiar. Un entrenador amigo suyo le consiguió pruebas en las sub-20 de Llaneros y Alianza, pero también lo rechazaron.

Estuvo cerca de tirar la toalla, cuando llegó la opción de probarse para entrar al equipo sub-21 de Millonarios. Dudó en aceptarla, pero su mamá le dijo que no tenía nada que perder. Fue lo mejor que le pudo pasar. Impresionó a Cerveleon Cuesta y a Jorge «El Chamo» Serna, de modo que entró a las divisiones menores.

La irrupción con Millonarios

En ese momento el plantel juvenil de los embajadores estaba muy fuerte y varios ascendieron al primer equipo en 2017, entre ellos Huérfano. “Andrés Román, Ómar Bertel y yo fuimos los primeros. Después vinieron Juan Camilo Salazar, Nicolás Murcia y Orles Aragón. Luego se les dio continuidad a Andrés Llinás y Juan Camilo García. Éramos bastantes de las inferiores que logramos subir”.

Miguel Ángel Russo fue quien le dio la oportunidad de debutar como profesional y poco a poco tuvo más y más minutos. Su primer partido fue el 13 de mayo de 2017, cuando Millonarios se impuso 2-1 a Tigres en condición de visitante. El partido tuvo lugar en el Metropolitano de Techo. En el segundo semestre de ese año tuvo más rodaje y anotó su primer gol, que fue contra el Deportivo Cali en El Campín.

“Siempre estaré agradecido con el profe Russo y con su cuerpo técnico. Con Hugo Gottardi y Guillermo Cinquetti, sus asistentes, tenía muy buena relación conmigo. Los tres me hablaban muy bien, me tenían mucho cariño. Apostaron por mí y me dieron la confianza en partidos muy importantes, muy decisivos”.

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En la fase final del clausura 2017 jugó cada una de las series que el cuadro embajador disputó. Fue clave en las semifinales contra América con una asistencia y el 17 de diciembre levantó su primer título luego de que Henry Rojas le marcara a Santa Fe el gol que significó la estrella número 15 del equipo albiazul.

El primer semestre de 2018 ganó la Superliga contra Nacional y se consolidó entre los titulares. No obstante, en el segundo no tuvo continuidad, pues no jugó más ese año por culpa de un esguince del ligamento colateral de la rodilla derecha. En 2019, Jorge Luis Pinto asumió las riendas del equipo y Huérfano tuvo menos rodaje con él. Al final de la temporada rescindió su contrato.

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Entre los futbolistas con los que compartió vestuario en el cuadro embajador, David Mackalister Silva fue con quien mejor se la llevó. “Siento que fue quien me acogió. De pronto también por el tema de que ambos somos bogotanos y que veníamos del sur de la ciudad. Éramos compañeros de cuarto en ese momento que fuimos campeones y compartimos mucho tiempo juntos”.

Christian Huérfano, en acción con Millonarios (2019).
Foto: Cristian Garavito

De su etapa con Millonarios le quedó un arrepentimiento grande, que fue haberle dado mucha responsabilidad a su entonces representante sobre ciertas decisiones que afectaron su carrera. “Las dejé en manos de una persona externa y siento que debí ser más riguroso, pero también yo era un pelado y no entendía cómo se manejaban ese tipo de cosas”.

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Las vueltas que da el fútbol

La carrera de Huérfano continuó en Tunja. Estuvo en Patriotas entre 2020 y 2021, pero no tuvo mucha actividad por culpa de las lesiones. En 2022 tuvo un paso por el San Martín de Panamá, donde la experiencia fue agridulce. “En lo futbolístico me fue muy bien, con doce partidos en los que hice ocho goles, cuatro asistencias y era como un líder en el equipo. Pero mi estadía allá siento que fue difícil. Fui solo y fue complicado adaptarme a muchas cosas allá”.

A mediados de ese mismo año cambió de rumbo y se dirigió a Ecuador, donde tenía la intención de firmar con el 9 de Octubre, pero como tenían lleno el cupo de extranjeros no fue posible. Juventud Italiana, del ascenso ecuatoriano, le dio la oportunidad y volvió a sumar minutos, pero no pudo disputar las etapas finales del campeonato por unos documentos que le hacían falta.

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En 2023 volvió a Colombia y jugó a nivel aficionado la Copa Trinche con el Kadima Fútbol Club. Su estadía ese equipo le gustó por la forma en la que se entrenaba y disfrutó, pero volvió a afectarlo la misma lesión que lo alejó durante meses de Millonarios en 2018. Como no podía jugar, tuvo que buscar alternativas para tener ingresos.

Se compró un carro y se puso a trabajar en plataformas digitales de transporte. “Al principio es duro porque vienes de tener un reconocimiento por dedicarte a jugar al fútbol y no sé si era pena o miedo, no sé cómo describirlo, pero fue difícil. Después lo asimilé. Hubo alguno que otro hincha de Millonarios que lo reconoció y era común que le agradecieran por hacer parte de la estrella 16 de los embajadores.

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Se recuperó de la lesión y cuando tenía pico y placa se concentraba en ponerse a punto. Volvió a jugar en la Copa Trinche y a mediados del año pasado le salió una opción de jugar un torneo en Estados Unidos. Cuando regresó, Kadima le propuso jugar el Tabora, al tiempo que Embajadores Centenario le propuso competir en el Torneo del Olaya.

“Hubo una motivación que fue mi hija. Soy papá hace cuatro meses. En el momento en el que me enteré de que mi mujer estaba embarazada, pues cambian muchas cosas. Siempre insistí en volver al fútbol, pero se venía una responsabilidad muy grande encima. Entonces ya tenía uno que aterrizar un poquito y mirar si valía la pena seguir intentándolo o ya dedicarme a otra cosa para darle estabilidad a mi familia”.

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Del Olaya al Bogotá FC

Jugar en el Olaya era más rentable y, con una hija en camino, pensó que esa era la mejor opción. Su equipo se destacó y clasificó a la final en el principal escenario del fútbol aficionado, que estaba lleno. “Había muchachos que nunca habían jugado con tantas personas en el estadio y me preguntaban que si estaba nervioso, pero yo ya había tenido la oportunidad de jugar con varios estadios de 40.000 personas completamente llenos”.

Pero recordó que hubo un momento en que con Millonarios sí sintió presión, con plazas hostiles en las que llovían insultos y en la que cada error derivaba en un mar de chiflidos. Partido a partido esas sensaciones se fueron y el bogotano incluso reconoció que hay momentos en los que la inmersión en el juego es tal que el ruido del público deja de escucharse.

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“La intención era de ganar y teníamos equipo para hacerlo. El Olaya lo jugué de otra manera, muy tranquilo, relajado, igual con la misma responsabilidad. Me quité la presión y por eso fue que se dieron las cosas”. Disfrutar es muy importante para destacarse y eso fue lo que le permitió a Christian ser figura en el tradicional certamen capitalino.

A los dos días de salir campeón le llegó una llamada de un amigo en la que le decían que si quería volver al fútbol profesional para jugar en la segunda división. “Le dije que mi intención era volver a jugar, no importaba si era en la B o en la A”. Poco después lo llamó el presidente del Bogotá Fútbol Club y firmó para la temporada 2025.

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La camiseta amarilla del equipo capitalino tiene una franja roja en el centro, donde están escritos los nombres de las localidades por las que Huérfano manejó mientras tuvo que conducir durante su etapa en las aplicaciones de transporte. Ahora juega de local en el Metropolitano de Techo, el primer escenario que pisó como profesional.

Christian Huérfano, con la camiseta del Bogotá F.C., en la que están escritos los nombres de las localidades de la capital.
Foto: Bogotá FC

“Estoy muy contento. Trato de disfrutarlo, de volver a sentir el amor que me da Bogotá. Sentir esos nervios, esa chispita en el estómago de volver a salir al campo”, destacó sobre su llegada al equipo. “Estoy retomando el nivel, porque la exigencia es más alta que en el fútbol aficionado, se corre más, es mucho más complicado, pero bien”.

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A pesar de estar un par de años por fuera del profesionalismo, el bogotano es uno de los jugadores con más rodaje en el alto rendimiento que tiene el plantel bogotano, que le apuesta a los jóvenes talentos. Con 29 años, es de los mayores de la nómina y el único que sabe lo que es salir campeón en primera división.

“Ha sido curioso. Pasé de ser uno de los más jóvenes en un plantel y ahora hay mucha responsabilidad que recae sobre mí. Cuando jugaba en los torneos amateur, por más de que yo hubiese jugado en la A, siempre pensaba que todos éramos iguales y que cada uno tenía que responder, pero aquí he tenido que adquirir más liderazgo y responsabilidad con el grupo”.

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Ahora trata de ayudar a los más jóvenes y devolver un poco de lo que los más grandes hicieron con él cuando subió al primer equipo en Millonarios. Ha sido un aprendizaje para el extremo, al que Néstor Rodríguez —técnico de Bogotá— le pide un rol muy diferente al que le pidió Russo en su momento.

“En Millonarios yo era un pelado, seguía instrucciones. Ahorita, en cambio, me piden mucho más que a los demás por haber jugado en un equipo grande, tener la cantidad de partidos que tengo, los títulos y el reconocimiento que he conseguido”. Huérfano se siente a gusto con su nuevo rol, con la consciencia de que el trabajo no traiciona.

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Por Daniel Bello

Periodista de la Pontificia Universidad Javeriana. Fue practicante de Pacifista entre 2020 y 2021. Desde el 2019 escribe sobre fútbol, política e historia en El Espectador. Tiene experiencia cubriendo paz, mundo y medio ambiente. daniel_eudosio dbello@elespectador.com
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