El silencio como arma para luchar. Cada persona vive una realidad que raras veces cruza el umbral hacia lo público, que solo se trata de paredes hacia adentro. Con una máscara se cubre una pelea inadvertida pero constante, que hace sudar frío y derramar lágrimas. Hace un par de meses, cuando Miguel Ángel Russo estaba luchando por el título con Millonarios nada más se veía, todo se centraba en su actuación en el banquillo. En la manera como dirigía al equipo. Su figura no cambió ante los ojos de toda Colombia, pero sí ante los de su familia y sus allegados. Todos conocían su deseo de ser campeón y la enfermedad que lo aquejaba: un cáncer de vejiga.
Sentía que era el momento, sabía que los jugadores pensaban igual, por lo que sin importar lo que sufría siempre se vio en la línea técnica gesticulando a su manera e intensificando con las manos. “Hay que ocuparse y no preocuparse”, fue su reflexión en una entrevista con Caracol Radio, esa fue la enseñanza que le quedó de esta experiencia. Esos sentimientos se hicieron realidad: Millonarios se coronó campeón y como si no tuviera ninguna enfermedad se abrazó, saltó y atendió a los medios por largas horas. Al siguiente día se puso en manos de su doctor. “Nadie está exento de todo esto. Los hombres tenemos muchos temores con un montón de cosas y situaciones. No hay que tenerlo, hay que ocuparse, averiguar, aprender. Eso me hizo bien”, afirmó a la cadena radial.
Esto le quedó después de una conversación con su amigo, Joan Manuel Serrat, quien ya conocía la experiencia. Cuando le dijeron que lo iban a operar, la mentalidad de Russo estaba puesta en el día después de la cirugía. “Serrat me ayudó mucho, me dio un montón de elementos de los cuales uno se basa, averigua y sale más confiado, pero creo que la búsqueda que tiene que ver con la vida misma de afrontar lo desconocido tiene que ver con todo esto. Mucha gente que creí que estaba bien, tuvo que afrontar esta enfermedad y sigue viviendo tranquilamente”.
Miguel Ángel Russo se reservó su enfermedad. Solo Gustavo Serpa, Enrique Camacho y su cuerpo técnico sabían lo que estaba padeciendo y aun así todos mantuvieron total discreción. “A veces el silencio genera mucho respeto, porque uno no siempre tiene siempre ganas de hablar de esto. El silencio lo valoro mucho”, afirmó. La enfermedad parece estar totalmente curada, pero le toca hacerse chequeos. Todo va por buen camino. “Mi estado es bueno, no tengo ningún problema. Me siento bien. Mi operación quedó en el pasado. Vamos saliendo de esto, por los estudios que me están haciendo, vamos entrando en normalidad y esperamos salir pronto porque en definitiva es lo que uno quiere”, agregó.
Sin embargo, aún no asegura que estará en el partido de vuelta de la Superliga Águila frente a Nacional. “Espero lo que me digan los médicos, porque es lo mejor”, afirmó. “Son cosas que no se pueden cortar, hay que abordarlo de entrada, son situaciones importantes en el ser humano, uno no puede andar un día bien y otro día más o menos, vamos a enfocarnos a estar bien y ojalá pueda estar en Medellín”, finalizó el técnico, quien también aseguró sentirse contento y agradecido en Bogotá.