Esta noche se decidirá un nuevo campeonato del fútbol colombiano. Millonarios y Nacional, los dos equipos más grandes, ganadores y populares del país, se enfrentan en El Campín en una final inédita que pasará a la historia del deporte y de sus hinchadas.
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Más allá de los estereotipos relacionados a la violencia, las barras han sido las encargadas de hacer vibrar los estadios y alentar a sus equipos en las tribunas populares sin desfallecer hasta el final.
No importa si es en Inglaterra con los ‘hooligans’, en Italia con los ‘tifosi’, en España con los ‘ultras’, en Brasil con las ‘torcidas’ o en Argentina y Colombia con las ‘barras bravas’, siempre estarán aquellos hinchas que “dan la vida por los colores”.
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Todo arranca al inicio de los noventa, cuando Colombia y Bogotá vivían una época bastante convulsionada. El país apenas estaba pasando de página tras la década de los ochenta, que había sido desastrosa para las capitales por la violencia generada por el narcotráfico.
Sin embargo, tras la Constitución de 1991, se empezaron a orquestar cambios sociales interesantes que calaron en la juventud de la época.
“A mí personalmente me tocó en mi adolescencia. Yo estaba escuchando buena música que venía de otros países como el rock en español de Argentina y había mucha influencia del fútbol argentino que se transmitía los viernes en la noche en el Canal 11 de Inravisión″, recordó Jaime ‘Moron’ García, uno de los fundadores de los Comandos Azules de Millonarios en un documental hecho por la barra.
Esas imágenes de las hinchadas del sur del continente, se hicieron populares porque eran unos compactos de partidos de finales de los ochenta de la Liga Argentina del canal T&C Sports. Allí se resumían los partidos más relevantes de las fechas y se apreciaban los espectáculos de los seguidores que alentaban a sus equipos, sin importar si los clubes eran grandes o ‘chicos’.
Esas barras bravas argentinas fueron la inspiración para muchos seguidores de Millonarios, quienes ya se empezaban a destacar por su particular forma de alentar al equipo dentro de las barras tradicionales del club como ‘La Barra del Búfalo’. Alberto Manrique, otro de los fundadores de los Comandos Azules, comentó que lo sacaron de esta barra ‘típica’ por su emotividad hacia el equipo. En ese momento fue que cambió de sector en la tribuna y conoció a otros ‘locos’ por Millonarios.
Comandos Azules: los pioneros del barrismo en Colombia
Si bien en los noventa nacieron una multitud de barras en el país, ninguna pasó de ser una ‘barra saltarina’ de la tribuna oriental. “Se hablaba mucho de tener una gran y fuerte barra que chocara, que hiciera respetar la plaza, la ciudad, el escudo y el equipo”, agregó ‘Moron’.
Fue finalmente en julio de 1992 que un puñado de amigos de Millonarios decidieron cambiar la forma de alentar al Embajador y, teniendo como inspiración a Argentina, empezaron a colgar trapos y a apoyar al equipo en los 90 minutos en la tribuna oriental.
También arrancaron con espectáculos en la salida de la plantilla a la cancha y a poner ‘rigor’ a otras hinchadas y clubes que visitaban al Coloso de la 57.
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Se basaron en la parafernalia del fútbol argentino y en sus influencias del rock, el punk y el ska de la época. De allí es donde nacen los cantos de la barra en los que adaptan temas populares de bandas y artistas como Auténticos Decadentes, Fabulosos Cadillacs, Los Caligaris, Todos Tus Muertos, Ataque 77, Fito Páez, Inspector y Andrés Calamaro, entre otros.
A pesar de esa inspiración, sabían que querían hacer algo a la colombiana y lo hicieron con el nombre. Moron y Manrique cuentan que como veían que otras barras tenían “azul” en el nombre (Rincón Azul, Juventud Azul, Gol Azul, entre otras), también se lo querían poner… pero en otro idioma.
“En ese momento era popular una película que se llama Black Rain (lluvia negra), que se trataba de la mafia yacuza. Junto a Marlon Calderón, otro de los referentes, quisimos tomar de allí ese nombre y ahí decidimos ponerle ‘Blue Rain’ (lluvia azul) a la barra. Además, tenía un concepto detrás y es que, como la lluvia, íbamos a estar encima y les íbamos a caer a todos”, comentó Manrique.
Pese a que la barra, en sus inicios, tuvo integrantes que eran ‘skinheads’, a los amantes del fútbol no les importaba ni la extrema derecha ni la extrema izquierda; “solo era Millonarios y ya”, mencionó Moron.
El paso a la tribuna norte
En 1994, con la barra creciendo cada vez más, empiezan a tener problemas con los hinchas rivales que se hacían en la tribuna oriental e incluso con las barras tradicionales del Embajador. Estas últimas no veían de buena manera esa nueva forma de vivir el fútbol y se incomodaban porque tenían que pararse de sus asientos para ver el partido. Las tiras de tela, además, no les dejaban ver plenamente los partidos.
Por esos motivos, y tras el cambio de nombre por ‘Comandos Azules #13′, en 1996, bajo el liderazgo de ‘Beto’, decidieron tomarse en totalidad la curva norte del estadio El Campín.
Allí colgaron sus trapos y se hicieron su lugar en la cancha con bombos, cantos, salidas con papel picado, serpentinas, rollos de papel, humo con sal de nitro y las reconocidas avalanchas después de un gol de Millonarios.
El crecimiento de la barra fue ligero, pero llegó una etapa que era exponencial. “En un principio éramos 16 personas y tres meses después éramos 90, seis meses luego éramos 600 y tras un año ya copábamos las 2.600 o casi tres mil personas en la tribuna”, aseguró Manrique.
“Es ahí cuando se dice que ‘Los Comandos Azules #13″ fueron la primera barra brava de Colombia, porque fue la pionera en ganarse un espacio a fuerza y coparlo con su famoso aguante y folclor”, aseguró la barra a través de su canal de YouTube.
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Más allá de los problemas
A finales de los noventa, inician los enfrentamientos con las barras bravas nacientes de Santa Fe, América y Nacional que siguieron, similarmente, el modelo de los Comandos Azules.
Además, empiezan los problemas internos y la barra se divide entre las laterales norte y sur. Cada una con sus ideologías y líderes, entre los que destaca Juan Manuel Triana, Cortinas, quien hasta el día de hoy se le recuerda tras fallecer en un accidente automovilístico.
Si bien es cierto que el barrismo ha dejado estragos y muertes en el país, también ha protagonizado labores sociales para las comunidades menos favorecidas de las grandes ciudades.
Comandos Azules ha realizado proyectos como la ‘Escuela Deportiva Comandos Azules’ en la que le enseña a los niños de la localidad de Kennedy a jugar fútbol; ‘Baby Comando’, fiestas para los niños de las diferentes localidades de las barras en las que se les brindan regalos, recreación y comida; ollas comunitarias en momentos críticos como la pandemia, como también entrega de útiles escolares o regalos de navidad a los niños en los sectores menos favorecidos de Bogotá, entre otras.
Uno de sus mayores logros ha sido ser la primera barra en el mundo en cubrir un estadio de fútbol con una bandera que fue hecha por los hinchas y para los hinchas, bajo el liderazgo de Jorge Lizcano, conocido como Moneda, quien fue uno de los referentes de los Comandos Azules.
Rivalidad con Nacional
Pese a que la competencia entre el club azul y el verde nació a finales de los ochenta, y se agudizó con el polémico partido de los cuartos de final de la Copa Libertadores de 1989, la rivalidad entre las hinchadas empezó en la segunda mitad de los noventa.
Si bien algunos seguidores del conjunto verdologa empezaron a tener grupos como el Escándalo Verde, que también querían alentar a su equipo de una manera distinta en el estadio Atanasio Girardot de Medellín. Fue hasta noviembre de 1997 que surgió un grupo mucho más grande y con mayor fuerza en el que sus integrantes pertenecían a la Villa del Aburrá, donde iniciaron Los Del Sur.
Esta barra también fue creciendo como una de las más populares en Colombia y gracias a las buenas campañas de su equipo después del 2004, fue acogiendo más hinchas que se apasionaron por el verde de la montaña.
Si bien han protagonizado choques violentos entre barras, también han promovido acciones sociales en el país. La barra posee una sede social donde se encuentra una galería permanente de fútbol y arte, auditorio para charlas, talleres y proyección de videos, como también un Museo del hincha.
Si bien la historia del barrismo sigue escribiéndose en el país, el partido de este sábado será sin duda un episodio importante en los registros de ambos clubes que se enfrentarán en El Campín desde las 7:00 p. m. y podrá ser visto a través de Win Sports + o en las pantallas gigantes que se pondrán en puntos de interés como el parque Simón Bolívar de Bogotá.
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