Era un 13 de diciembre cuando sonó el teléfono. Jorge Serna, el director de Desarrollo de la Federación Colombiana de Fútbol, lo citó a una reunión en Bogotá con el presidente Ramón Jesurún. Ese día le ofreció un cargo que ya había rechazado Hubert Bodhert. Contó su proyecto y Jesurún quedó de consultarlo con el Comité, al momento en que Arturo Reyes (49 años) se bajaba del avión que lo llevó de vuelta a Barranquilla.
Ese mismo día su celular estaba lleno de mensajes, todos de felicitación. Arturo no se confío y ahí mismo, en la silla del avión, encontró un escueto comunicado que publicó la página de la Federación. Y confirmó que sí, que sí era verdad, que él era el nuevo técnico de la selección de Colombia sub 20, reemplazando a Carlos El Piscis Restrepo en un puesto que duró ocho meses sin dueño, pero que Reyes siempre anhelo.
De niño soñaba con ser futbolista. Jugó en las divisiones menores en el Unión Magdalena, en su natal Santa Marta, pero en su casa lo obligaron a estudiar. Reyes fue inteligente y para que el deseo de ser jugador profesional no fuera más que un sueño muerto, encontró cabida en el equipo de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. La excusa fue que iba a estudiar comunicación social. Siempre había jugado como puntero izquierdo, pero en el equipo necesitaban a un central.
Se destacó tanto, que a los oídos de Humberto Tucho Ortiz, quien dirigía por ese entonces el Atlético Bucaramanga, llegó un rumor de que había un costeño que era un buen defensa y, además, zurdo. Él fue quien lo llevó a entrenar un día con el plantel profesional. No volvió más al equipo de la universidad y terminó dejando la carrera de comunicador.
Su primer compañero de zaga fue Pablo Zuleta. Por los malos resultados Tucho se fue y en su reemplazo llegó Norberto Peluffo. Además de Zuleta, Arturo compartió camerino con hombres como Kiko Barrios, Jorge Ramoa y Jairo el Tigre Castillo. Esa nómina terminó perdiendo la categoría.
Si estar en la B es un infierno, Reyes no lo recuerda así. “No nos hicieron un solo gol en condición de local”, asegura un hombre que conformó la zaga que le ayudó a Rodolfo Guarnieri para que no recibiera goles durante 1.122 minutos.
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Desde diciembre del año pasado Reyes es el responsable de la selección sub 20, en la que trata de implementar el mismo trabajo que José Pékerman en el equipo mayor.
El promotor de este exjugador de Júnior, Santa Fe, Huila, Unión Magdalena, Patriotas y Academia fue Jorge el Chamo Serna, a quien conoció cuando trabajaba en el desaparecido equipo bogotano de Academia.
Antes de llegar a Bogotá, Arturo comenzó su carrera de entrenador en las divisiones menores del Bucaramanga, hasta llegar al plantel profesional. Reemplazó a Víctor Luna y tras dirigir cuatro partidos no pudo salvar al equipo de un nuevo descenso, su primero como entrenador.
En la capital del país, Reyes duró cuatro años encargado de la sub 20 de Academia. Por sus manos pasaron Carlos Carbonero, Éder Álvarez Balanta, entre otros. Luego se fue para el Barranquilla FC, club en el que estuvo cuatro años, de 2013 a 2017. Julio Comesaña vio su trabajo y comenzó a invitarlo a los entrenamientos del Júnior, club que lo vinculó el año pasado.
El equipo rojiblanco disputó la semifinal de la Copa Suramericana, pero perdió ante Flamengo. Comesaña se fue. Y aunque tenía contrato hasta mediados de 2018, Reyes no lo cumplió, porque en diciembre pasado aceptó hacerse cargo de la selección sub 20, con la que participa en los XI Juegos Suramericanos en Cochabamba (Bolivia). En su estreno, el equipo nacional le ganó 1-0 a Uruguay, el miércoles pasado superó 2-1 a Paraguay y el viernes venció 1-0 a Ecuador, siendo el mejor de su grupo, mostrando un fútbol organizado y efectivo.
Arturo está contento por trabajar con jóvenes y admite que esta categoría es más de gestionar a los jugadores, intentar que les den más minutos en sus clubes y saber que el equipo que entrena no es el mismo que lleva a las competencias. Cuando comenzó su carrera tenía dos metas, el Júnior y la selección. En el primero estuvo como jugador y asistente, a la otra llegó para quedarse, en una muestra de que los sueños, de una u otra forma, se cumplen.