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Colombia sale a cuadrar caja ante Venezuela

La selección tiene que ganarle a Venezuela si quiere seguir soñando con ir al Mundial de Suráfrica.

30 de marzo de 2009 - 01:36 p. m.
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Desde el momento en que Eduardo Lara anunció que Colombia cambiaría el módulo táctico para enfrentar este martes en la noche a Venezuela, se abrió la polémica entre aficionados, técnicos y periodistas.

Para muchos, Lara se equivocaría al modificar la estructura y el posicionamiento de la nómina y la fórmula utilizada durante el primer tiempo contra Bolivia, un 4-1-2-1-2 con Abel Aguilar como volante central; Fabián Vargas y Vladimir Marín, volantes abiertos; Macnelly Torres como armador y dos delanteros, fue lo suficientemente bueno, atractivo en lo estético y punzante en lo futbolístico, como para que se repita en el partido contra los patriotas.

Otros opinan que cada juego es diferente y que el planteo del 4-4-1-1, igual a como se jugó en Río de Janeiro, es el más conveniente, pues fortifica la esperanza defensiva y abre camino para explotar necesidades del rival partiendo de una solidez posterior y la búsqueda de un contraataque.

El rival

Cualquier análisis que se haga debe partir de las posibilidades del adversario. Y la Venezuela que se va a enfrentar el martes está golpeada en lo anímico, lo técnico y lo físico por la goleada 4-0 que le aplicó Argentina. El pobre rendimiento, especialmente las debilidades en la parte táctica, que evidenció un equipo sin recursos, sin nociones colectivas, ponen al técnico César Farías contra las cuerdas.

Farías, un joven con virus de soberbia en sus declaraciones pre y pospartido ante Argentina, al decir que la presencia de Maradona lo tenía sin cuidado y que no conocía quien era Diego como técnico, anunció que el partido contra Colombia era el juego que realmente le interesaba.

Para él y para los jugadores venezolanos el partido frente a Colombia, por el momento histórico y por la tradición entre los dos países, es el juego que tienen que ganar para domar los hambrientos leones que ya despiertan sus voraces garras entre aficionados y periodistas. Mezclar varios de los jugadores juveniles que irán al Mundial Sub-20 con los veteranos fue una de las determinaciones de Farías que molestó en Venezuela. Ha acabado con el espíritu que Richard Páez había conseguido entre los aficionados y periodistas, al hacerles creer a los venezolanos que habían progresado y estaban en un vagón diferente en el continente.

El equipo luce desarticulado tácticamente, ya no trabaja con la presteza defensiva, abre muchos espacios por las bandas, depende demasiado de Juan Arango, en el armado, y de Giancarlo Maldonado, en ataque. Del equipo de Páez ya no queda nada.

Repetir nómina

Las ausencias de Fabián Vargas, el veterano y rendidor volante por la derecha; y Pablo Armero, una buena salida por la banda izquierda, le cambian la mirada a Lara y lo obligan a replantear la idea de repetir la formación que le ganó a Bolivia.

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Cristian Marrugo sería el reemplazante natural de Vargas. Y el técnico plantea la posibilidad de retroceder a Vladimir Marín al puesto de Armero y darle ingreso a otro de sus hijos predilectos, Juan C. Toja. Pero, donde realmente se abre el dilema es en el tema de llevar a Gerardo Bedoya a la titular. Con él se armaría el 4-4 en la zona central al lado de Aguilar, de magnífico rendimiento. Reforzar ese sector le daría a Colombia la solidez defensiva y la protección contra el talentoso Arango.

El ingreso de Bedoya obliga a plantear la exclusión de un jugador del trío ofensivo. Entre Macnelly, Falcao y Darwin, uno de los tres tendría que salir. El sacrificio de atacantes para reforzar defensa sería válido, afirman los detractores de la idea de Lara, si Colombia fuese a jugar en un campo particularmente difícil como el Centenario, Defensores del Chaco o el Monumental, donde la selección tendrá que jugar después. En Puerto Ordaz, dadas las circunstancias de la eliminatoria, no es válido pensar en empates, sólo sirve ganar para cuadrar una caja que viene colgada en tres puntos.

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Partiendo del principio de los 26 puntos para clasificar a repechaje, dados los resultados favorables de Uruguay y Chile, a Colombia le queda el recurso de hacer los nueve puntos que le restan en casa (Perú-Ecuador y Chile) y los tres de Venezuela para llegar a esos teóricos 26 y tratar de arañar un punto ante Argentina, Uruguay y Paraguay.

Sacrificar a Macnelly es dejar sin armado la selección y apostar al contragolpe sin jugadores que lleven la pelota. Toja no es Marín atacando y Marrugo tampoco es Vargas, los delanteros de punta quedarían sin quien los aprovisione. Dejar al barranquillero como volante de armado y sacrificar a Darwin es un absurdo. Y no meter a Falcao o a Rodallega, en su defecto, es apostarle todo a un contraataque sin definición. Por todo lo anterior, el ingreso de Bedoya es un tema complicado que genera polémica y obliga a Lara a decisiones impopulares y no necesariamente válidas.

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Además, ¿son los delanteros aptos para jugar al contraataque o requieren de elaboración en las maniobras para poder concluir con éxito? La experiencia indica que ninguno de los mencionados es un experto en el contraataque, a ellos les gusta la llegada colectiva.

Otra alineación que puede abrirse camino es la de Iván Vélez en el lugar de Armero, aceptando que jugaría con el perfil cambiado, para dejar a Marín más adelante, Bedoya como volante central y correr a Aguilar a jugar por derecha.

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Colombia requiere salir a ganar y un empate no es un buen botín. El combo estaba marcado desde el principio con un solo resultado válido: seis puntos, pues en los números, la selección todavía está colgada de la brocha.

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