En el fútbol, las relaciones entre técnicos y jugadores suelen ser tensas, pasajeras o meramente profesionales. Pero en Manizales ocurre algo distinto: Once Caldas vive su momento internacional más importante en años bajo una complicidad que va más allá del campo. Hernán Darío “el Arriero” Herrera y Dayro Moreno han construido un vínculo de confianza, afecto y respaldo mutuo que hoy es fundamental en el sueño continental del club.
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Este miércoles, en Quito, el “blanco blanco” visitará a Independiente del Valle por la ida de los cuartos de final de la Copa Sudamericana (7:30 p.m., ESPN y Disney+). Y mientras la altitud y el rival imponen respeto, el gran motor de la ilusión manizaleña es esa dupla particular: un técnico veterano que encontró en Dayro la pieza que necesitaba para su proyecto, y un goleador que, a los 40 años recién cumplidos, demuestra que la edad puede ser solo un número.
Lo que une a Herrera y Moreno no es solo la camiseta blanca. Es una empatía real, visible en los partidos, ruedas de prensa y hasta en las celebraciones de gol. El entrenador lo ha explicado con sencillez: “Dayro es una persona alegre, habla con vos, va en el bus y se baja para tomarse fotos con los hinchas. Tiene carisma y me siento orgulloso de estar a su lado”.
Ese orgullo no es gratuito. Moreno es el máximo artillero de la actual Sudamericana con ocho tantos, el líder futbolístico del Once y, sobre todo, un jugador que responde en la cancha. El Arriero, con años de camerino encima, sabe que el talento necesita también un entorno de confianza. “A los delanteros hay que saberlos llevar. Yo tuve a Jefferson Duque en Nacional y ahora tengo a Dayro. Él nunca falta a un entrenamiento. ¿A quién no le gusta una fiesta? Lo importante es que siempre cumple. Eso no se le puede quitar a nadie”.
Una de las imágenes que ha tenido más recorrido en redes sociales del fútbol colombiano en este año se produjo en el Palogrande, frente al Atlético Bucaramanga. Dayro marcó un gol y, después de su clásico baile, corrió directo a la zona técnica. Allí, con la complicidad del ‘Arriero’, improvisaron un brindis: una botella de agua vacía y un vaso bastaron para sellar en público lo que ya se intuía en privado. Chocaron, rieron y se abrazaron. Fue la postal perfecta de un goleador y un entrenador que caminan en sintonía.
Ese gesto no solo mostró la cercanía, también reafirmó que el equipo se siente cómodo con esa dupla. Moreno respondió con goles; el Arriero, con respaldo absoluto, como cuando no dudó en alzar la voz. Herrera pidió públicamente que Dayro volviera a la selección de Colombia, en varias ocasiones, convencido de que su momento goleador lo merecía.
“A la selección siempre van los mejores. En este momento Dayro es el mejor, anda bien, corre, regresa, juega como nueve o como diez. Cuántos años tiene Cristiano Ronaldo y sigue siendo el goleador de Portugal”, afirmó con contundencia en su momento.
Finalmente, la convocatoria llegó. Moreno volvió a vestirse de amarillo. “Lo vimos feliz, divirtiéndose como si fuese su primera convocatoria”, relató Herrera. A su regreso a Manizales, Dayro sorprendió al técnico con un gesto inesperado: en pleno entrenamiento, le entregó su camiseta amarilla número 17. “No la esperaba, me dijo que me la merecía y me la dio. Fue un detalle bonito”, confesó el entrenador.
El reto en Quito
Pero más allá de los gestos, lo que está en juego es mayúsculo. Once Caldas es el único representante colombiano con vida en torneos Conmebol y carga con la ilusión de un país que ve cómo su presencia internacional se reduce. Enfrente está Independiente del Valle, un club que en los últimos años se convirtió en referente continental y que en Quito sabe hacer sentir la altura como un arma más.
El equipo de Herrera llega fortalecido: goleó a San Antonio Bulo Bulo en los dieciseisavos de final (7-0 global) y despachó a Huracán en octavos (4-1), mostrando eficacia y contundencia. El presente de Dayro, artillero de la copa y líder indiscutido, es la principal carta para dar el golpe.
El delantero celebró este martes sus 40 años. Lo hizo en plenitud, con una vigencia que sorprende incluso a quienes lo conocen de toda la vida. “Lo de Dayro nos tiene impresionados. Parece un joven de 25 o 30 en cómo corre y defiende. Estamos muy contentos con él, esperemos que siga triunfando”, dice Herrera.
Lo que hace especial este momento es también la historia detrás. Moreno levantó la Copa Libertadores en 2004 con Once Caldas, siendo un joven atrevido que asomaba al mundo. Veinte años después, en el ocaso de su carrera, tiene la posibilidad de cerrar el círculo con otro título internacional, esta vez en la Sudamericana.
La escena tiene un aire poético: lo que empezó con la gloria temprana de un chico podría terminar con la consagración madura de un veterano convertido en máximo goleador colombiano de la historia. Y en medio de todo, un técnico que lo acompaña, lo defiende y lo potencia.
En Quito, Once Caldas inicia el reto de escribir una nueva página dorada. La presión será alta, pero la dupla Dayro–Arriero ofrece la mezcla perfecta de experiencia y hambre de gloria.
Si lo logran, el brindis simbólico de hace unos meses será solo un preludio. Porque lo que empezó como complicidad personal podría transformarse en una de esas duplas inolvidables, de las que dejan huella en la memoria de los hinchas y en los libros de historia.
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