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¡El Caldas fue la revelación!

En 1950, contra todo pronóstico, Deportes Caldas se consagró campeón del fútbol colombiano con una escuadra modesta que después llamó la atención de todo el país. Esto escribió El Espectador en ese tiempo.

17 de agosto de 2018 - 08:14 a. m.
Deportes Caldas, campeón 1950. / Archivo
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El campeonato de fútbol profesional llega a su fin el próximo domingo a las seis de la tarde, se habrá terminado una gran jornada. La más discutida de cuantas se han efectuado hasta la fecha en el país. Primero fueron diez los cuadros inscritos en la Dimayor. En año siguiente año llegaron 14 y este año comparecieron a la justa, 16.

A medida que van pasando los años más y más entusiasmo se nota entre los fanáticos y mayores son las sumas que recaudan en cada tarde deportiva. Ciudades que no tenían antes mayor nombre, se han vinculado al deporte y hoy son semilleros de grandes estrellas. Otras, que estaban ausentes de la jornada dominical, piden a la Dimayor su ingreso en la seguridad de que su progreso tendrá un grande apoyo en las justas que se cumplen semanalmente en el país.

Una vez, si nuestra memoria no nos falla, tuvimos la oportunidad de presenciar en Manizales el clásico entre Once Deportivo y Deportivo Pereira. Era final de un campeonato departamental que jugaba la Liga de Caldas y de la cual era presidente Antonio J. Muñoz. Esa fecha la recaudación llegó a 10.587 pesos, suma jamás soñada en la historia futbolera del departamento modelo y que apenas si era superada por aquellas efectuadas en Bogotá y Barranquilla en eventos internacionales. 

El público de Manizales demostró en esa oportunidad que gustaba de los buenos espectáculos y que podía sostener escuadras profesionales cuando el juego rentado llegara al país. Se había formado la conciencia deportiva, base para el buen entendimiento y desarrollo de las jornadas al aire libre. Y justamente, la noche después del encuentro, en rueda de café discutíamos con un grupo de amigos, la taquilla que se había recaudado en un duelo similar dos años antes. Pereira y Once Deportivo habían producido nada menos que 12 pesos con 50 centavos. Eran los tiempos heroícos de nuestro deporte. Caldas progresó y cuando la fiebre futbolera se precipitó por las importaciones de Millonarios, entonces se inició en la Perla del Ruiz una carrera desenfrenada para traer jugadores de valía. 

Once Deportivo reunió en sus líneas a los mejores elementos del patio. Aparicio Dios Cabal, un aficionado que nunca asistió a los encuentros, pero a quien picó el mosquito del fanatismo creó un conjunto con el nombre de Atlético Cabal. No trajo gente de afuera: se concretó a llamar elementos nacionales, que actuaban en otras escuadras del país. Así vimos desfilar al «Loco» Ruiz, a Carbonell, Ramírez, Fico Pantoja, y tantos otros muchachos llegados de la Costa Atlántica. Pero eso se hacía porque en el ambiente había surgido una poderosa empresa futbolera: Deportivo Caldas. 

Un grupo muy destacado por cierto de la sociedad de Manizales, una escuadra que llevara a todos los rincones del país el poderío de su raza. Los jugadores locales habían sido agrupados en el Once, escuadra donde sobresalían el «Mico» Zapata, Echeverry y Julio Gaviria. 

El Atlético Cabal contaba con productos nacionales, pero ajenos a Manizales. Entonces el Caldas, o mejor dicho sus dirigentes, volcaron sus ojos hacia tierras del sol y llegó el primer empujón. Fue una importación grande un tanto desesperada, pero que sería el comienzo de una serie de acietos que hoy se ponían en nuestro gran torneo profesional.

Un día, cuando menos se esperaba, el Caldas anunció que a Manizales había llegado Garrido y un centro delantero que traía mucho nombre. No conformaron las importaciones, primero porque el ambiente para ellos era hostíl, por la eterna rivalidad entre los cuadros ya conocidos, y segundo, porque a pesar de desempeñarse bien, el público esperaba cosas extraordinarias.

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Llegaron cambios y más gente nueva. Da Silva, uruguayo, que se había inscrito por Universidad; Andrés Acosta, el internacional samario; Carlitos Arango y el pequeño Martino. Se produjo el primer campeonato nacional. Lógico era suponer que la escuadra provinciana no tuviera un mayor desempeño, pero los muchachos lucharon con entusiasmo, terminando en buena colocación.

El segundo campeonato los encontró con un buen entrenador, el viejo Alfredo Cuezzo. Se hicieron nuevos fichajes y llegaron al país José Severiano Hernández, Padín, Tesori, los hermanos Cativiela y Ledis. El conjunto se hizo respetar y ya no se le trataba como chico. En el panorama deportivo colombiano había surgido técnica, garra y poderío. Que estaba tratando de tú a tú a todos los consagrados. Venía de Manizales y sus presentaciones en los estadios eran de sensación.

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Mas siempre con ese complejo que se gasta en el firmamento nacional, se le consideraba como un conjunto bueno y nada más. 

1950 encontró un Caldas distinto, uno de categoría como los mejores del país. Pero no tenía en sus filas estrellas. Un grupo voluntario, reclutado por el viejo Cuezzo y gente dispuesta a trabajar por su club. El resultado salta a la vista. Cogiendo el campeonato ya, buscando la consagración definitiva, y nada menos en un torneo en el que han intervenido 16 equipos, 16 escuadras de renombre internacional.

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Conjuntos que han costado más de 300.000 pesos colombianos han tenido que sucumbir ante el empuje arrollador de los «sabios» de Manizales. Depurados en su juego, elegantes en sus acciones, efectivos para el remate, seguros en la defensa. Deportes Caldas es un cuadro revelación, un conjunto que, calladamente, sin hacer grandes ostentaciones ha llegado al firmamento deportivo del país, trabajando a pulso, controlando sus triunfos, midiendo sus pasos. Ningún galardón que el título de campeones profesionales de Colombia. Se lo merecen los muchachos, el público de Manizales, se lo merecen sus dirigentes. 

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