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El VAR y una reflexión sobre la justicia

Esta herramienta se pensó para hacer del fútbol un deporte más transparente. Sin embargo, cada vez hay más detractores sobre su uso en el juego.

30 de noviembre de 2020 - 05:43 p. m.
El VAR se implementó en 2017 a nivel mundial, pero en Colombia empezó a usarse con mayor frecuencia en 2020.
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Dice en La República de Platón: “cada gobierno establece las leyes según su conveniencia: la democracia, leyes democráticas; la tiranía, tiránicas, y del mismo modo los demás. Al establecerlas, muestran los que mandan que es justo para los gobernados lo que a ellos conviene, y al que se sale de esto lo castigan como violador de las leyes y de la justicia”.

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El origen del VAR, como de toda herramienta que propende a la transparencia y la justicia, es noble. Con él se evitan justamente los errores arbitrales, los errores que son inherentes al ser humano. Goles mal anulados, tarjetas que debieron mostrarse. Incidentes de ese tipo que impidieron triunfos importantes esperaban quedarse en el olvido. Sin embargo, el VAR también ha sido protagonista de malas decisiones. Y seguramente seguirá generando rechazo mientras siga dependiendo de nuestra especie. Su inclusión en el fútbol revive un debate fructífero y de nunca acabar sobre lo que entendemos por justicia, pues detrás de las molestias, de su rechazo, de su mal uso, se esconde un interés profundo de todos por esta virtud que es tratada desde la Antigua Grecia.

Las ideas muchas veces son perfectas en su esencia, pero en su ejecución siempre se verán supeditadas a los intereses y la misma condición humana que está hecha de falencias involuntarias y de otras que provienen de la corrupción que también parece ser connatural a nuestro comportamiento. Así, la implementación del VAR como idea es buena en tanto que reduce los perjuicios y los errores en el fútbol, pero que este se vea afectado por la mala interpretación de los hechos y del reglamento, opaca su función y anula completamente su esencia. Así como las leyes, el VAR puede ser útil en sí mismo, pero en un mundo diverso, complejo e incierto, su uso y entendimiento puede prestarse para otros fines que desvían por completo su objetivo inicial.

El VAR, como toda invención, no se escapa a las polémicas y a la misma incomodidad que siente toda persona cuando vive una injusticia. Ya decía Sócrates que era más “feo provocar una injusticia que sufrirla”, y tal vez por lo mismo es que quienes se proclaman o son proclamados figuras de justicia deben tener la sabiduría suficiente para evitar al máximo las desigualdades y los daños sufridos por una mala decisión o una falta de criterio.

Para no irnos tan lejos y centrar una de las polémicas más recientes del VAR podríamos poner el ejemplo de Ewil Murillo, jugador de Nacional que fue expulsado en el partido de vuelta por los cuartos de final de la Liga BetPlay ante América. La decisión de Alexánder Ospina, juez del compromiso, apoyada por los árbitros del VAR, influenció de alguna u otra manera el desempeño del equipo verdolaga que tuvo que adaptarse a jugar con un hombre menos. De nuevo, el problema no es de la herramienta, que solo expone una jugada que debe entrar en consideración, sino en la interpretación del árbitro o los árbitros sobre el contexto y el instante en que se desarrolló la jugada. El pisotón del jugador de Nacional a Felipe Jaramillo es claro, pero la intención y lo que demandaba la jugada demostraba que el desenlace era involuntario y provenía del impulso del atacante.

“… Los que censuran la injusticia no la censuran por miedo a cometerla, sino a sufrirla. Así, Sócrates, la injusticia, si colma su medida, es algo más fuerte, más libre y más dominador que la justicia”, dice en La República. La injusticia no siempre corresponde a un brote del mal, y por ende se habla de que es mucho más libre, pues ella se realiza desde varios frentes, mientras que la justicia se realiza solamente con el fin de ser virtuosos y ofrecer igualdad y verdad en los involucrados.

“Todo es humano, demasiado humano”, decía Friedrich Nietzsche. Y en el fútbol esto se ve justamente en el rol de los árbitros. No es tildarlos de ignorantes o corruptos por hablar de la justicia como virtud, pues no se desconoce el trabajo y el proceso que hay detrás de cada juez, pero, si lo ponemos en términos de Aristóteles y decimos que: “la virtud de la justicia consiste en la moderación según lo dispuesto por la sabiduría”, entenderemos que quienes imparten justicia deben ser virtuosos en ello, teniendo otros valores ya señalados por Platón como la templanza o la prudencia, que justamente lleva a medir con el mismo rasero las circunstancias y contempla todos los elementos para emitir su veredicto. Más que un anhelo de perfección, lo que se esconde detrás de los cuestionamientos al VAR -por cierto necesarios para mejorar su implementación y así reducir el tiempo de análisis y también tomar la decisión correcta en jugadas decisivas- es el afán de todo ser humano por hallar algo de justicia en la tierra, y en este caso, de hallarla en ese escenario desbordado de pasión y de esperanza que puede ser el fútbol.

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