El comienzo de temporada, en lugar de ilusiones, trajo consigo demasiada incertidumbre para Elkin Antonio Murillo, quien estuvo tan acosado por las lesiones, que ganas no le faltaron de decirle adiós al fútbol, tras 14 años de practicarlo.
Sin embargo, la opción de volver a pisar la gramilla del Centenario de Armenia, estadio que lo vio debutar en 1996 vistiendo la 11 del Deportes Quindío, lo animó a seguir luchando.
Y hoy, así como en aquel equipo de Bernardo Redín, Carlos Rendón y Rubén Darío Hernández de los 90, ‘El Zancudo’ nuevamente es figura. Prueba de ello son los siete goles que completó el pasado domingo tras anotar el primero de la victoria 3-2 ante el Envigado, la cual terminó de inscribir al equipo ‘Milagroso’ en los cuadrangulares semifinales.
¿Cómo se explica que un equipo que parecía condenado al descenso hoy sea semifinalista?
Básicamente por la dedicación y el trabajo. Además de las ganas de todos estos jóvenes de darse a conocer y de salir campeones. Hay mucho compañerismo, creemos en nosotros y también en el ‘Pecoso’ (Castro).
¿Qué les dio de nuevo el técnico para cambiar tanto?
Es muy importante la motivación que ha inyectado en el grupo. Él es una persona que motiva a los jóvenes y que les da oportunidades, por eso es que todos están corriendo para ganarse un puesto. Y a nosotros los viejos nos deja desenvolvernos en la cancha como nos gusta.
Cuando dirigía al Cali se dijo que los jugadores fueron camisa de fuerza para sacar al ‘Pecoso’…
Fue un malentendido y la prensa hizo mucha bulla, así me lo hizo saber después el mismo ‘Pecoso’. En Colombia no hay sindicalismos hacia un DT, o si no que lo diga Léider Preciado, que estuvo en el Cali y que ahora es titular con el Quindío.
¿Qué le dicen los jóvenes a un referente como usted?
Me dicen: “¡Huy!, yo cuando estaba pequeño te miraba por televisión”, y eso los motiva a ellos y a mí más que todo. Cuando era joven a mí me pasó con Bernardo Redín, a quien seguía desde pequeño y con quien jugué acá.
¿A qué le apunta el Quindío?
Nosotros al principio del campeonato teníamos tres metas. La primera, salvarnos del descenso, y creo que ya no tenemos problemas con eso. La segunda, entrar a los ocho, y desde la primera fecha hemos estado adentro; y la tercera, apuntarle al título, porque el Quindío no gana título hace más de 50 años y ya es hora de que gane otra estrella.
Y pensar que hace un año usted hablaba de retirarse…
Yo pensé al comienzo del año en hacerlo, porque las lesiones me impedían correr todos los balones y jugar alegremente. Pero personas como Óscar Quintabani y Francisco Maturana, entre otros, me aconsejaron y me ayudaron a salir de esa crisis. Lo que hace ‘Chaca’ Palacios es un ejemplo, quien con 42 años sigue siendo un gran futbolista. Tengo un buen tanque de oxígeno a mis 33 y desde que pueda correr, estaré mucho tiempo jugando.
¿Qué sigue para Elkin Murillo?
Volver a vestir la camiseta de la selección de Colombia. Hay jugadores como Iván Ramiro Córdoba, Javier ‘Choronta’ Restrepo y Mario Alberto Yepes que son contemporáneos míos y eso me motiva, como también el hecho de que el profesor ‘Bolillo’, quien fue el que me hizo debutar con la amarilla, esté dirigiéndola. Sigo teniendo fútbol para ir a la selección.
¿Y a nivel de clubes le gustaría dar el salto a un equipo grande?
Sí, y que esté jugando torneo internacional. Por eso sería bueno ir al Júnior o al Tolima, que jugarán Libertadores el próximo año. Aunque realmente no me cierro a ninguna opción y por ejemplo, me gustaría ir a la capital y jugar con Millonarios, ya que me fue bien en la altura de Quito cuando jugué con Liga y porque mi esposa, quien es hincha de Millos, siempre ha soñado con verme jugar allí.
¿Cuál ha sido su mejor gol?
El primero que hice como profesional cuando debuté a los 18 años con el Quindío, que dirigía Nelson Gallego y en el que jugaban algunos referentes del fútbol nacional. Se lo hice al Medellín y en esa oportunidad le ganamos 4-0 en Armenia. Lo triste fue que le marqué a un equipo en el que milité después y en el que me trataron muy bien.
¿Y un título que lo haya marcado?
Todos son inolvidables, pero el primero como profesional es algo que marca un antes y un después. Fue con Liga Deportiva Universitaria de Quito de Ecuador. Y ya a nivel de selecciones pienso que lo más bonito fue la Copa América de 2001, porque todo el país respaldó a un grupo que comandó de principio a fin y recuerdo mucho esa final en Bogotá.
Ahora que echa la mirada atrás, ¿qué conserva de sus inicios?
La humildad. Redín me apoyó mucho recién llegué al Quindío. Él me dijo: “Murillito, hay que saber hacer las cosas. El día que vaya a salir a rumbear, acuérdese de que en su pecho lleva la imagen del equipo en el que usted está”. Por eso siempre soy una persona que me gusta estar con mi familia, no me gusta llamar la atención, y es por eso que nunca he tenido escándalos por el trago. Eso es lo que el ‘profe’ Pecoso y yo les decimos a los pelados del equipo: “hay tiempo para todo”.
¿También las discusiones con los árbitros quedaron en el pasado?
A mí se me saltaba la piedra rapidito. Era muy grosero con los jueces y les entraba a mis rivales y les metía un codazo o algo y me expulsaban. Pero en Ecuador lo corregí con (Jorge) Fossati y con (Edgardo) Bauza, quienes me tranquilizaron en ese sentido. Y ahora tengo una buena amistad con todos los árbitros de Colombia. Simplemente lo que piten y ya está.