Cuando se habla del carácter épico del fútbol se habla de casos como el de Juan Fernando Caicedo y el del Deportes Tolima. Un equipo que ya se hizo grande en Colombia. Los tres goles del delantero de 31 años significaron el tercer título del cuadro pijao en su historia y reafirmaron la identidad del club, de su palmarés y de su presente bajo la dirección de Hernán Torres.
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Siempre las manos arriba, señalando el cielo para darle gracias a Dios. Luego el abrazo con sus compañeros, los gritos de la gloria y la reunión del grupo para afianzar la unidad y la solidaridad como valores primordiales. El puño a la altura de la cara y la mirada de orgullo por el gol que acaba de anotar. Juan Fernando Caicedo actúa con la misma coherencia con que habla cuando le preguntan por los méritos del título y por su aporte al Tolima.
“Es de los partidos más especiales que he podido jugar. Le doy gracias a Dios y a mis compañeros, sin ellos no hubiera sido posible marcar dos goles en la final. Siempre he tratado de trabajar al máximo, de jugar con el corazón, de entregar todo en el equipo o institución que esté defendiendo, a veces no se da, pero siempre tengo seriedad y compromiso”, dijo Caicedo en Win Sports.
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Son 103 goles en casi 370 partidos como profesional. Pasó por Cortuluá, Quindío, Independiente de Avellaneda, Independiente Santa Fe, Atlético Huila, Independiente Medellín, New England Revolution, de Estados Unidos, volvió a Medellín y los dos últimos años en el Tolima, equipo en el que llegó para suplir la ausencia de otro goleador que le dio la segunda estrella al cuadro pijao en 2018 contra Atlético Nacional: Marco Pérez.
De Carepa, de otro de los tantos lugares que este país decidió olvidar. De un municipio que tiene las puertas de Antioquia y también las del Caribe, que entre sus extensas tierras bananeras y pasadizos custodiados por los árboles, se han escuchado los gritos de la violencia y se han visto a varios escapar para salvaguardar sus vidas. Allá pertenece Caicedo, y quizá por eso su sacrificio y su corazón. Resiliente, como le ha tocado a muchos en Colombia, y creyendo siempre en que de los malos momentos surgen pequeños aluviones de esperanza.
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De la tierra que no olvida, pero también de su hijo, que lleva su mismo nombre, Juan Fernando Caicedo saca inspiración y fuerza para hacer su trabajo, para aspirar a ser el mejor y no propiamente como un acto egocéntrico, sino para ser el mejor y así ayudar a que su equipo triunfe. Y con ese ideal tocó el cielo que tanto señala cuando celebra un gol. Siempre pensando en el grupo, también en el equipo.
Con los goles de ayer, alcanzó su segundo título. El primero fue en 2016, con Independiente Medellín, quizá uno de los clubes que más apostó por él. Ahora alcanzó una estrella que resguarda también la mística del Tolima, que reafirma que el equipo no conoce de rótulos y de camisetas, que sus tres trofeos, en cuanto a la forma de obtenerlos, pueden ser envidiados por otros clubes, pues ganar un campeonato de visitante contra instituciones como Cali, Nacional o Millonarios no es un mérito menor, es un registro escrito más con el oro que con el vino tinto de la camiseta, pero que más allá del color de la letras de la historia, tiene la estampa de un equipo que consigue la gloria sin desconocer la épica.