“Permítame que me documente”, responde Pacho Maturana (Quibdó, Colombia, 1949) al solicitarle la entrevista. Como si no le bastara haber entrenado durante 25 años en ocho países, a nueve equipos y a cinco selecciones.
¿A qué entrenador admira?
Me reflejaría en Guardiola. No porque gane sino porque tiene un mensaje con el balón y con la actitud, siempre tiene la palabra justa, sin ninguna prepotencia. También me gusta Wenger, que tiene suerte porque se lo aguantan todo: siempre quiere jugar y si pierde como es, listo y sigue. Aquí, Cappa tiene seguidores porque es coherente y está comprometido con la estética.
¿Rinus Míchels es el padre del estilo del Barça y la selección?
Yo creo que sería más bien Johan Cruyff. Michels representaba la asfixia y el sometimiento al contrario; España te encanta, te acaricia, te seduce.
¿Qué supuso la victoria de España en el Mundial?
Una invitación a que lo intentes. Los modales, la manera de ser de España, el respeto al juego y al rival, incluso perdiendo no hubo ni una declaración disonante. Humildad hasta perdiendo. Es un mensaje que trasciende el fútbol. Perdieron contra Suiza y no hubo drama: sabían que en el fútbol hay la posibilidad de perder.
¿Cómo está el fútbol colombiano?
En la selección, estamos en momentos de ilusión. Hubo una camada de jugadores que salieron sin terminar, invadieron los mercados internacionales y van alcanzando su madurez: los Falcao, Fabián Ramos, Abel Aguilar, Zapata, Yepes, de 24 o 25 años. Un caso especial es Giovanni Moreno, el día que encuentre el espacio…
Si se logra trabajar alrededor de una idea, se logrará una plaza para el próximo Mundial previo paso por la Copa América. Estos chicos recuerdan el legado del pasado y la capacidad individual y la colectiva. A nivel de clubes, veo a los clubes medio enredados, sin saber muy bien si apostar por las inferiores y el reenganche de los jugadores mayores o por grandes contrataciones. En la sub 20 llegan Muriel, Rodríguez, Cabezas, Arias… es agradable verlos jugar, ya no son tan espigados sino que intentan salir jugando, respetando el balón y el juego. Hay entusiasmo ante lo que viene.
¿Qué equipos le gusta de Suramérica?
Estudiantes, Vélez, Internacional y algunos aspectos de la Liga de Quito.
¿Qué tipo de jugador fue?
Un central que ganaba por posición y por intuición, muy comprometido con el balón. Mis entrenadores fueron Bilardo y Zubeldía, que venían de Estudiantes de la Plata, y años después yo entrené a su gran rival, el Gimnasia y Esgrima.
Sin embargo, usted siguió un ideario muy distinto.
Ellos me dieron la base del profesionalismo y el trabajo.
¿El jugador argentino tiene una idiosincrasia?
Sí, déme un argentino y recorreré el mundo. El argentino conoce el juego, va de frente, es leal y trabajador.
También entrenó a la selección peruana, a Costa Rica y a Ecuador.
El jugador peruano tiene una gran riqueza técnica, suena el balón cuando lo conduce, pero el entorno siempre es complicado. El costarricense no tiene esa sutileza técnica pero sí una condición humana fantástica. Y los ecuatorianos son prácticos, más directos y fuertes genéticamente que los colombianos, aunque con menos técnica.
¿El lugar más exótico donde entrenó?
En Arabia Saudí, allí los jugadores elegían si querían ir o no a entrenar.
¿Cómo recuerda su etapa en el Valladolid?
Del Bosque estuvo siguiéndonos y le dijo a Mendoza que nos fichara para el Real Madrid. Lillo estuvo ayudando, el mismo Valdano… Berlusconi envió a un técnico a vernos entrenar… Cuando llegué casi era un pecado jugar con dos pivotes en el centro del campo; entonces solo jugaba con uno.
¿Y en el Atlético?
Trabajé con honestidad y, cuando llegaron las lesiones, traté de buscar soluciones en la cantera a pesar de que Jesús Gil me ofrecía fichar a estrellas. Teníamos la base con Caminero, Simeone y Vizcaíno, pero llegaron las lesiones y no los resultados.
¿Qué diferencia encuentra de esa época en la Liga a la actual?
La diferencia del Barça y el Madrid respecto a los otros es más bien psicológica, los rivales están sometidos antes de jugar. Antes, era dificilísimo ganar a Osasuna. Había más competitividad.
La selección colombiana a la que dirigió tuvo una identidad que perdura.
Buscábamos resultados, pero no había prisas, el balón iba atrás, al costado, era una manera de comunicarse con el balón. No éramos tan contundentes como España o el Barcelona; defendíamos tratando bien el balón y atacábamos enamorando con nuestra capacidad individual.
Claro, ya no hay esos grandes talentos como el Pibe Valderrama.
No estoy de acuerdo, Colombia siempre tuvo grandes talentos individuales, pero no fueron a un Mundial y no se les conoció fuera. Mis jugadores de aquella época tuvieron trabajo y la posibilidad de estar juntos, de recorrer juntos el mundo. No fue una generación espontánea, sino el trabajo y la valentía de un presidente que nos permitió seguir con esa idea. Terminamos marcando un estilo.
¿Algún reproche a aquel equipo?
Ninguno, mucha gente cautivada encajó un golpe en el Mundial 94, porque llegamos como favoritos, pero lo hicimos fuera de forma. La forma la habíamos alcanzado en la clasificación y después, en el Mundial, el favoritismo se fue al garete. Le ocurrió lo mismo a la Argentina de Bielsa en Corea y Japón 2002.
Al frente de Nacional ganó la Libertadores en 1989.
Fue la base de la selección colombiana de los años posteriores. Un grupo humano cuya amistad perdura y un equipo que fuimos retocando campeonato a campeonato. La memoria es asesina y hay que recordar no solamente que se ganaba sino cómo se hacía, dejando un mensaje.
Ese equipo perdería después la Intercontinental en los penaltis ante el Milan de Sacchi. ¿Es comparable ese Milan al Barça de Guardiola?
Se parecen en que antes muchos querían jugar como el Milan y hoy muchos quieren jugar como el Barça. Hay equipos que ganan y nadie quiere jugar como ellos. El Barça es poesía y seducción, no te ganas machacándote: el Milan era un abuso de poder, una asfixia al contrario. Y nosotros llegamos de tres meses sin entrenar por culpa de la situación sociopolítica en nuestro país.