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Santa Fe, entre recuerdos y golpes de realidad

El equipo sigue sostenido por la nostalgia de la décima y los destellos individuales, pero su derrota 2-1 frente a Tolima mostró otra vez un fútbol que brilla por su ausencia.

26 de noviembre de 2025 - 07:00 a. m.
El equipo sigue sostenido por la nostalgia de la décima y los destellos individuales, pero su derrota 2-1 frente a Tolima mostró otra vez un fútbol que brilla por su ausencia.
Foto: Óscar Pérez
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Santa Fe sigue viviendo del recuerdo inolvidable de la décima estrella y de las individualidades que lo han sostenido en un año irregular. En la cancha, el fútbol aparece por momentos pero no ha sido regular. El último ejemplo fue la derrota 2-1 frente a Deportes Tolima en la tercera fecha de los cuadrangulares. El equipo de Lucas González se llevó una victoria clave en El Campín y tomó el liderato provisional del Grupo B, mientras que el conjunto cardenal quedó con tres puntos y en la cuerda floja. El partido expuso otra vez los mismos problemas: poca claridad, demasiados altibajos y dependencia absoluta de jugadas e individualidades aisladas.

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El cuadro capitalino consiguió aquella estrella memorable que seguirá viva en la memoria del fútbol colombiano por todos los ingredientes que tuvo. El equipo llegó a ese título después de un primer semestre irregular en el todos contra todos, con un cuadrangular complicado y lleno de emociones. Aun así, apareció un momento heroico que cambió la historia: el triunfo agónico en Medellín frente a Nacional, en el último minuto, con un gol desde el medio campo, y una definición soñada con triunfo frente a Millonarios en el clásico bogotano que despidió a Radamel Falcao García del fútbol colombiano.

En la final, el rival fue un Medellín que había arrasado en su cuadrangular y llegaba con el cartel de favorito. Santa Fe sobrevivió como pudo. En Bogotá salvó un empate sin goles que dejó todo abierto, y en el Atanasio Girardot ocurrió la jugada que recorrió el mundo: Hugo Rodallega, cojeando y casi sin poder apoyar bien, marcó el gol que entregó la décima estrella al cuadro cardenal. Ese instante se convirtió en símbolo de lucha y orgullo. Después del pitazo final, la celebración opacó cualquier análisis táctico. Lo que se aplaudió fue la resiliencia, el carácter y el corazón de un equipo que nunca dejó de insistir, incluso cuando el fútbol no alcanzaba.

El segundo semestre ha seguido una línea similar. Santa Fe volvió a mostrar irregularidad en el inicio del torneo, cambió de técnico a mitad de camino y sufrió más de la cuenta para entrar al grupo de los ocho. La campaña parecía escaparse entre las manos, pero el equipo respondió en las últimas fechas con nueve puntos obligatorios. Fueron tres triunfos consecutivos, todos por la mínima diferencia, y todos impulsados por la aparición decisiva de Harold Santiago Mosquera, autor de los goles que sostuvieron al club cuando la presión era más fuerte.

El sorteo de los cuadrangulares sorprendió incluso a los hinchas más optimistas. En un grupo quedaron Atlético Nacional, Junior, América y Medellín, cuatro instituciones históricas que cargan presión y tradición. Santa Fe terminó en el grupo B, junto a Tolima, Bucaramanga y Fortaleza. Aunque esos equipos habían tenido campañas sólidas, ninguno tiene el peso simbólico de los grandes del otro cuadrangular. Aun así, en el fútbol nadie avanza por nombre. Cada partido se debe disputar y ganar en la cancha.

La primera prueba fue en Bucaramanga y el resultado fue pobre. Santa Fe perdió 1-0 a pesar de jugar con un hombre de más durante más de 60 minutos. El equipo careció de ideas en ataque. Tuvo la obligación de buscar el empate y contó con la ventaja numérica, pero nunca encontró claridad ni ocasiones reales de gol. El cuadrangular comenzó con dudas y sin puntos.

El segundo juego, en El Campín, fue contra Fortaleza. El primer tiempo lo dominó el rival, que movió la pelota con criterio y generó las mejores opciones. No anotó por falta de eficacia, pero expuso la falencias de Santa Fe. Para completar, al inicio del segundo tiempo, Elvis Perlaza salió expulsado y complicó aún más el panorama. Cuando el partido parecía inclinarse hacia los Amix, Rodallega apareció con tres jugadas puntuales. Marcó dos goles de penal y uno de gran calidad. El resultado maquilló las carencias colectivas, pero permitió respirar.

El tercer partido, frente a Tolima, confirmó los baches del equipo rojo, especialmente en el sector defensivo. El equipo Pijao dominó el primer tiempo con total claridad y se fue al descanso con un 2-0 que pudo ser aún mayor. El visitante manejó los ritmos, ganó los duelos y encontró espacios sin demasiada oposición. Después vino la jugada que cambió el guion. Cristian Arrieta golpeó de manera irresponsable a un jugador de Santa Fe y vio la tarjeta roja. Tolima quedó con diez y Santa Fe ganó una vida extra. Aun así, el equipo no logró aprovechar del todo la ventaja y terminó cayendo.

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El año de Santa Fe ha sido así. Muy poco fútbol, pero individualidades que sostienen al equipo. Hugo Rodallega y Harold Santiago Mosquera han respondido en momentos cruciales. Andrés Mosquera Marmolejo ha evitado derrotas con atajadas determinantes. Los chispazos colectivos aparecen a ratos, más por esfuerzo y orden que por asociaciones claras.

Ahora, con dos derrotas en los cuadrangulares, el camino a la final se complica. Puede recuperar terreno en Ibagué y volver a meterse en la conversación, pero la sensación es la misma: Santa Fe sigue exprimiendo el recuerdo de la décima sin mostrar el fútbol necesario para escribir otra historia grande.

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Por Juan Carlos Becerra

Periodista de la Universidad de Palermo de Argentina. Escribo sobre Tecnología y deportes, especialmente Futbol, Baloncesto y Fútbol Americano. Apasionado por la Música. JuanBecerra24 jbecerra@elespectador.com
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