No hay piedra que más apriete que la del mismo palo. Camilo Vargas comenzó su carrera con Independiente Santa Fe. Allí estuvo seis años y tocó el cielo con las manos en 2012, temporada en la que aportó para que el cuadro cardenal dejara en el olvido 37 años sin quedar campeón de la liga, lo propio hizo en 2014, con el título del segundo semestre. Su salida no se dio en los mejores terminos, aún hay un sabor amargo de la manera en como se dio todo el proceso. Después de tantos ires y venires por Atlético Nacional, Argentinos Junior y Deportivo Cali. Este sábado, defendiendo al verdiblanco, enfrentó a su exequipo y se convirtió en su verdugo.
Fue el actor principal de la victoria del Cali 2-0 en la decimosegunda jornada de la Liga Águila. Tuvo cinco atajadas notables: Carmelo Valencia lo sufrió en dos ocasiones en el primer tiempo, de igual manera le sucedió a Víctor Giraldo, Facundo Guichón y Arley Rodríguez. Todos vieron como las estiradas, los achiques o los reflejos del guardameta desviaban balones que parecían tener destino de gol. Se encargó de ahogar el grito anhelado de los hinchas en el estadio El Campín. Su actuación fue vital para que los azucareros lograran su quinta victoria en la liga y se ubique parcialmente sexto en la clasificación.
En un segundo plano quedaron los goles con los que ganó el Cali. El primero, al minuto seis. Todo nació de un error en la salida de Santa Fe, un pase apresurado de Héctor Urrego, que terminó con una falta a favor del Cali. Zapatazo de Jhon Edison Mosquera, que el portero Miguel Solis apenas rechazó. De atrás llegó Kevin Balanta para cazar el rebote, madrugarle a una defensa que apenas pudo reaccionar y marcar el primero en un partido que recién comenzaba.
El segundo, un golazo de Jhon Edison Mosquera. Fue al minuto 73. Nuvamente apareció la pelota quieta. Jugada preparada, zurdazo del mediocampista al ángulo superior derecho de Solis, quien nada pudo hacer, solo volar para quedar en la foto. El balón salió disparado a encontrarse con la red. Ese fue el golpe que hundió a Santa Fe, que además veía como Camilo Vargas se convertía en un muro infranqueable en cada remate que le hacían directo a la portería.
Camilo Vargas tapa un tiro libre de Facundo Gichón. Foto: Gustavo Torrijos.
Santa Fe, con más ganas que ideas, intentó continuamente llegar al empate. Después del primer tanto tomó las riendas del encuentro y le llegó constantemente con claridad a los azucareros. Carmelo Valencia fue el que primero lo intentó. Una autohabilitación para quedar solo frente a Vargas, tuvo tiempo de levantar la cabeza, pensar a donde rematar, pero cuando tomó la decisión sobre sus pies estaba la humanidad del arquero del equipo vallecaucano para atajar su disparo.
Posteriormente, apareció Giraldo también solo frente Vargas. Nuevamente el cuerpo del guardameta evitaba el tanto del empate. Mientas que finalizando el primer tiempo, Valencia cabeceó un centro de Facundo Guichón pero su remate se vio desviado por los dedos del arquero, quien gracias a sus reflejos logró desviar un balón difícil que se le iba colando por el palo superior.
En la segunda parte, fue Guichón el que lo probó. Un cobro de tiro libre al ángulo de la mano izquierda y hasta allá llegó Vargas para desviar el esférico. Las caras de incredulidad se tomaron el estadio El Campín. Muchos veían sin creer. Lo que estaba haciendo el portero era notable y lo selló con un pequeño vuelo ante un remate cruzado de Rodríguez.
Camilo Vargas volvió a su ciudad para brillar y ser figura en un partido en el que el Cali necesitaba ganar para afianzarse dentro de los ocho. Cuando el cuadro verde lo necesita, su destreza aparece. Hace una semana fue la figura en la clasificación del cuadro vallecaucano a los cuartos de final de la Copa Sudamericana, con una soberbia actuación frente a Liga Deportiva Universitaria de Quito.