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Wilson Morelo y Marco Pérez, montados en el ring de pelea

Ambos estarán hoy en El Campín, donde Santa Fe recibe al Deportes Tolima en el juego de ida de los cuartos de final de la Liga Águila (8:00 p.m.)

13 de noviembre de 2018 - 10:01 p. m.
Santa Fe/ Getty
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Presentes alineados, orígenes dispares. Esta noche, ambos, cada uno con su equipaje y con su historia, coincidirán desde las 8: 00 p.m. en el estadio El Campín de Bogotá en la ida del partido que dará un boleto a las semifinales de la Liga Águila. En una esquina, con 1,72 metros de estatura y 68 kilogramos de peso, Wilson Morelo, el héroe de la agónica clasificación de Independiente Santa Fe luego del triplete ante Millonarios y goleador de la Copa Libertadores, con nueve goles. En la otra, Marco Pérez, un espigado atacante de 1,82 metros y 78 kilogramos, uno de los artilleros del torneo con 17 anotaciones en 19 partidos con el Deportes Tolima.

Lea: Wilson Morelo, del boxeo al fútbol

Meten miedo, ambos viven el mejor momento de sus carreras, tal vez de sus vidas, teniendo en cuenta que los días añejos dejaron recovecos y sufrimientos que los marcaron. Wilson y Marco empiezan a hacer juegos de pies. Se alistan para desenfundar. Son ellos dos, en el cuadrilátero del coloso de la 57.

El chocoano manda un gancho cargado de coraje, solo necesita recordar el recurrente bullying que sufrió en el pasado. Ese, el motor que lo mueve a seguir haciendo su trabajo.

Rememora, sobre todo, ese tropezón de hace nueve años en su presentación en el Real Zaragoza, de España. Pintaba como un buen prospecto luego de ese doblete que le había anotado a Argentina con Colombia en el Sudamericano Sub 20 de 2009. Pero mientras hacía fintas y juegos con el balón, Marco pisó la pelota y se fue al piso, papelón. Fue foco de burlas. Después disputó 16 partidos y apenas anotó un gol, un fracaso. Hasta lo catalogaron como el peor fichaje en la historia del club.

Golpe fuerte en las costillas para Wilson el que le mandó Marco. Igual, está acostumbrado desde chico. Porque la disyuntiva era quedarse con el boxeo o el fútbol. Optó por lo segundo, pero la determinación no fue sencilla. Lo más predecible era seguir los pasos de William, su hermano, un profesional que era conocido en el mundo del boxeo como El Martillo. Él, su ídolo y modelo a seguir. Sin embargo, el 27 de julio de 2009, la felicidad se diluyó en la casa de los Morelo. Unos sicarios confundieron a William con un integrante de bandas criminales y le dispararon. “Éramos uña y mugre. Hablábamos seguido y siempre recuerdo que era él quien me motivaba a darlo todo en la cancha”, asegura el goleador sobre el golpe más duro que le ha dado la vida.

Uno, dos, tres (…) nueve, contaba el juez. Pensó en rendirse, pero Wilson se levantó y sacó fuerzas de donde no las tenía. “Fue Dios”. Se propuso salir adelante en honor a su hermano. Su filosofía: el de arriba aprieta, pero no ahorca. Mientras vivió el duelo por la pérdida de su hermano, Marco recibió dardos y burlas de la prensa española. Ninguno de los dos era feliz.

El cordobés pone su mente de nuevo en el ring y manda un jab directo al mentón de Marco, quien sintió un dolor comparable al que vivió en su periplo en Argentina, cuando lo bautizaron “Asesino del Gol” por la cantidad de tantos que desperdiciaba.

Lea: Marco Pérez afinó la puntería.

Deambuló por Independiente, Belgrano. También en O’Higgins de Chile y luego regresó a su país en las filas de Independiente Medellín. En ningún lugar llenó las expectativas. En 2014 llegó al Deportes Tolima, club en el que duró varios años como un actor de reparto. Hoy, contra todo pronóstico, es un goleador por vocación. Los hace dentro del área, por fuera, y hasta a 45 metros del arco. En 2018 ha jugado 35 encuentros y tiene un promedio de anotar cada 144 minutos.

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Marco se repone, se hace a un lado y le dice al oído a Morelo que espera mucho más de él. Le recuerda sus pasos frustrados en tres equipos mexicanos y uno chileno. Wilson, con la prudencia que enseñan los años, no cae en su juego.

Se acaba el primer asalto. Los dos salieron fortalecidos de los puños que les ha dado la vida. Cada uno a su manera, a su tiempo. Pero en el duelo de hoy y del sábado solo habrá un ganador.

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