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Andrea Pirlo: el fútbol en esmoquin

El excampeón del mundo con la selección de Italia en 2006 debutó ayer como director técnico de la Juventus. Se viene una nueva era de un ídolo del Calcio.

21 de septiembre de 2020 - 05:43 p. m.
Andrea Pirlo en su debut como director técnico de la Juventus en la Serie A de Italia.
Foto: Agencia AFP
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Hay que mirar con detalle los vídeos de un pasado no muy lejano en el que Andrea Pirlo estaba dentro de la cancha. Si se mira con cuidado y detenimiento se podrá observar que nada ha cambiado. Era y sigue siendo un líder que maneja los hilos del juego. Era y sigue siendo un hombre de cabello largo, barba y esmoquin. Quizá su atuendo es lo que más se dificulta observar, pero, con ver sus movimientos y la precisión de sus pases, se observa claramente que el italiano jugaba con una elegancia sin igual.

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El pasado fin de semana debutó como entrenador de la Juventus en la Serie A. Un contundente 3-0 con goles de Dejan Kulusevski (13′), Leonardo Bonucci (78′) y Cristiano Ronaldo (88′) fue la primera muestra de un equipo pensado para atacar, para seguir escribiendo la vanguardia del fútbol italiano y romper el paradigma del juego defensivo que por años había custodiado la identidad itálica.

Muchas expectativas rodean la carrera de Andrea Pirlo como entrenador. Como pasa con todos aquellos que fueron futbolistas y se volvieron entrenadores, se espera que los equipos que dirija el italiano tengan algo de lo que él plasmó en las canchas. De la Juventus de Pirlo se espera un equipo propositivo, que vaya más allá de la monarquía que ya tiene establecida en la Serie A, que vaya también por la Champions, pero, sobre todo, que le apunte a la historia y construya un equipo que quede en la memoria de los hinchas como queda guardado un poema, con el asombro y la admiración por la belleza.

“El fútbol que quisiera”. Así tituló el director técnico de 41 años su tesis para obtener la licencia de entrenador “Uefa Pro”, la más alta en el balompié de Europa. Alineaciones de 2-3-5 o 3-2-5 son las que sueña el italiano para su esquema táctico. Utópico y osado, pero así también fue dentro del campo de juego. Atacar con siete jugadores y cambiar por completo la identidad del portero y los defensas es lo que busca Pirlo. En su tesis defiende que no haya posiciones fijas. El dinamismo que promovió desde su lugar en la cancha y que también es el reflejo de los equipos que ha admirado a lo largo de su vida es uno de los fundamentos base en su tesis. El legado que dejó Johan Cruyff en el fútbol holandés y español; el Ajax de Luois Van Gaal; el Barcelona de Guardiola o el Milán de Ancelotti, -en este último Pirlo fue uno de los protagonistas- son algunos de los equipos y esquemas que quedaron para la historia del fútbol y que son referentes del fútbol que quisiera ver y dejar el italiano como director técnico.

En esa obsesión por el fútbol rápido se premian y señalan las virtudes atléticas de los futbolistas, pero, si justamente nos basamos en los equipos que tiene como referentes Pirlo, y si vemos de la misma manera la forma en la que jugaba como volante de primera línea, nos damos cuenta que en las transiciones y en la efectividad prima lo que muchos no ven, y es la rapidez mental y la inteligencia suficiente para no hacer un movimiento extra, para ser lo suficientemente sutil y eficaz para poner el balón en el lugar indicado. Así era Pirlo, un jugador con ojo de águila.

Un ojo de águila como el que tenía Roberto Baggio, su mayor ídolo del fútbol italiano. Un ojo de águila que le dio la virtud del 10, aunque no vistiera necesariamente ese número en las camisetas del Inter de Milán, del Milán y de la Juventus. Virtudes de números 10 como Zola, Mancini o Platini, otros italianos que admiró. Por jugadores así prefirió siempre el fútbol ofensivo. De los pies de Pirlo, que empezaron a tener una relación directa con el balón en la infancia empezó a volcarse la identidad de los itálicos. Controles dirigidos y la mirada siempre al frente, no forzando el avance y el ataque, sino mostrando siempre firmeza y convicción para liderar el equipo, fueron gestos tácticos y técnicos que caracterizaron a un volante que hizo historia con jugadores como Genaro Gattuso en el Milán o como Francesco Totti en Italia.

Un título de la Serie B con el Brescia; nueve títulos con el Milán (cuatro locales y cinco internacionales); siete títulos locales con la Juventus y tres internacionales con la selección de Italia, entre ellos el Mundial de Alemania 2006, fueron los trofeos que Andrea Pirlo dejó como jugador en sus más de 20 años de carrera.

Patear el balón como quien toca un violín. Hacer un pase como quien pinta sobre lienzo. Jugar y reinventar el fútbol con un esmoquin. Andrea Pirlo así se vestía y así se veía. Un artista del mediocampo que llevó el 21 en la Juventus porque ese es el número que recuerda aquel 21 de mayo de 1995, el día de su debut en la Serie A con el Brescia, cuando apenas tenía 16 años, y porque un 21 también es el día en el que cumple su padre.

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